Mi lista de blogs


martes, 24 de diciembre de 2013



"En cuanto a ti, Belén Efrata,
pequeña entre los clanes de Judá,
de ti saldrá un gran gobernante de Israel
que desciende de la casa de David.... Él traerá la paz."
Miqueas 5:2-12
La Navidad Judía
Mientras escribo estas líneas, sola en mi casa en la víspera de la Navidad, pienso en los orígenes de esta celebración, que se festeja en todo el mundo y que anuncia la buena nueva del nacimiento del Mesías, quien vino a redimir del pecado a los que creen en Él, de acuerdo a la tradición judeo-cristiana.
De acuerdo a las fuentes históricas, Jesús, fue llamado el Nazareno debido a que fue en Nazaret, una alejada aldea al sur de Galilea, en donde se establecieron sus padres, José y María un poco después de la muerte de Herodes, quien gobernó Judea del año 37 al 4 antes de la era común.
Durante ese periodo histórico, Judea era un territorio dominado por reyes impuestos por los romanos y, por lo tanto, sometido al dominio y a las leyes del imperio. Un poco antes, y durante muchos años, Judea había sido conquistada por los griegos, quienes ejercieron gran influencia en el pensamiento judío de la época y quienes, infructuosamente, intentaron imponer sus dioses y sus costumbres paganas a los judíos.
Sea como fuere, la Judea de Jesús era una en donde predominaba el caos y el desorden social, la desobediencia civil, la miseria, la ignorancia y la anarquía, todo esto como consecuencia de las leyes injustas del imperio romano que sangraban al pueblo con impuestos altísimos, además que le impedía vivir de acuerdo a los preceptos del judaísmo pues no podían sino trabajar arduamente para sobrevivir y, en consecuencia, no podían cultivarse ni estudiar la Torá, la fuente de su comportamiento ético.
Fue por esa época, alrededor del año 6 a.e.c. que, de acuerdo a los evangelios, nació en Belén, una aldea al sur de Jerusalén, Jesús (Yeshua, en hebreo y que significa "el que salva"). Según el Nuevo Testamento, Jesús nació de una joven llamada María, quien habrìa de ser la esposa de José, un carpintero mucho mayor que ella (tal vez fue su segunda mujer) y, según la leyenda, fue concebido "sin mancha", pues María era aún virgen cuando recibió la visita de un ángel que le anunció que daría a luz a un hijo varón y que éste sería llamado Yeshua, pues sería el salvador de su pueblo. José, al conocer la noticia del embarazo de su prometida, quiso rechazarla discretamente, para no exponerla a la verguenza pública, pero él también recibió a un ángel en un sueño y éste le dijo que el niño había sido concebido a través del espíritu santo y que debía casarse con María. José hizo tal y cual el ángel le había ordenado y la desposó más no tuvo contacto con ella hasta después el nacimiento del niño.
Cuando el rey Herodes, quien era cruel y despiadado se enteró, a través de los sabios y los escribas de su época, que nacería un "rey de los judíos", que traería paz y prosperidad y gobernaría a su pueblo con justicia, se sintió amenazado y ordenó a los sumos sacerdotes y a los escribas ir a el lugar en donde, de acuerdo a los sabios, nacería el Mesías (el salvador, en hebreo).  Ellos sabían bien que sería en Belén, pues, eso es lo que había escrito el profeta Miqueas, muchos años antes, cuando dijo: "En cuanto a ti, Belén Efrata, pequeña entre las tribus de Judá, de ti saldrá un gran rey de Israel, descendiente de la casa de David y que traerá la paz". (Miqueas 5:5) Herodes les pidió que fuesen y volvieran para decirle en dónde estaba el niño para ir a “adorarlo y a postrarse ante él”. Los sabios, algunos de los cuales venían de provincias remotas de oriente, y que dominaban la magia y de la alquimia, según la leyenda, decidieron volverse a sus lugares de origen sin contar nada a Herodes, pues sabían bien las intenciones de éste.

Cuando Herodes se enteró de lo sucedido, ordenó masacrar a todos los varones de dos años o menores que hubiesen nacido en los alrededores de Belén y así se cumplió la profecía de Jeremías (de nuevo, en el antiguo testamento, en la biblia hebrea) cuando dijo: “Una voz se oyó en Ramah… gritos y lamentaciones, Raquel llorando por sus hijos, rehusó ser consolada, pues ellos habían perecido.” (Jeremías 31:31).
De nuevo, un ángel vino a José en sueños y le advirtió que huyese con María y el niño. José los tomó y se dirigió a Nazaret, en el distrito de Galilea, en donde se asentó con su familia.

Todo lo que vendría después en la vida de Jesús, es un misterio. Reaparece ya entrado en los treinta años cuando hace que Juan lo bautice en el Jordán y comienza a predicar los evangelios, los cuales están fundados absolutamente en la Torá, en la Ley judía, aunque la tradición y la Historia (en especial la iglesia católica) se hayan encargado de despojar a Jesús de todo su judaísmo. Si leemos con atención en evangelio según san Mateo, en el capítulo 5, versículo 17, dice: “No crean que he venido a abolir la Ley de los profetas (la Torá), no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento… Pues en verdad os digo, que hasta que el cielo y la tierra hayan pasado, ni una sola letra de la Ley se abolirá hasta que se haya cumplido.”

Reflexionando en todo eso y escuchando el bellísimo Mesías de Handel, pienso en el verdadero mensaje de la Navidad y siento una profunda alegría de pensar en los millones de hogares cristianos en el mundo que ahora mismo estarán preparándose para celebrar la buena nueva del nacimiento de Jesús pero también una gran tristeza al pensar en cómo se ha tergiversado, cómo se ha distorsionado su mensaje y en lugar de ser una época de paz, amor, regocijo, hermandad y recogimiento, se ha vuelto ocasión de un consumismo idiota y exacerbado, de algarabía sin sentido, de glotonería y gula, de embriaguez y estupidez.

Si los cristianos del mundo conocieran a profundidad el verdadero mensaje de los evangelios y, sobre todo, la fuente judía de las enseñanzas de Jesús, la Navidad sería realmente una ocasión de celebrar el milagro de la vida, y el valor del amor y el sacrifico de Jesús recuperarían su verdadero sentido y su muerte no habría sido en vano.
Felices Fiestas.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
Navidad, 2013




jueves, 24 de octubre de 2013

El valor de las personas

La esencia dela vida es un intenso cuidado e interés
A.J. heschel

Hoy leí una noticia que me llenó de estupor, de vergüenza y de miedo. Un hombre murió a falta de atención médica afuera de un hospital en Sonora, en donde estuvo tirado durante cinco días, pues no lo atendieron por no tener algún tipo de seguridad social. Se llamaba José y era jornalero en una plantación de sandías en Guaymas. Había llegado hasta la ciudad desde el campo donde trabajaba pues había sufrido una lesión en la columna y sufría dolores insoportables. En su largo deambular por las calles, se vio en la necesidad de pedir comida y algo de dinero, por lo que la policía lo recogió al pensar que se trataba de un indigente borracho. Una vez afuera del hospital, fue completamente ignorado por el personal médico y por los pacientes que entraban y salían y aunque suplicó por ayuda, nadie se la prestó, ni siquiera volteaban a verlo y el hombre murió de inanición (eso reveló la autopsia, pero yo creo que murió de tristeza).
¿Cuánto vale la vida de una persona? ¿Qué virtudes o atributos debe poseer alguien para ser considerado digno de vivir o de morir? ¿Cuáles son los códigos que rigen nuestra escala de valores cuando se trata de la dignidad del ser humano? ¿Quién o quiénes dictan los parámetros con que medimos el valor de una persona? ¿De dónde surgen esos “valores”?  Creo que surgen de la bazofia televisiva y de los medios masivos, de la cultura del show bis en donde el dolor y la miseria humanos son vistas como espectáculo. Nuestra insensibilidad dente el dolor de los demás nos ha vuelto inmunes y somos incapaces de compadecernos de quien sufre y de hacer algo al respecto.
Al ver el video del hombre agonizando, no pude dejar de sentir un profundo dolor y también mucho coraje e impotencia, pues pensé en la cantidad de personas “invisibles” que deambulan ahora mismo por las calles sin rumbo fijo y sólo apelando a la compasión, a la misericordia, a la empatía de alguien para no morir llevándose una terrible impresión de sus semejantes.
Sin embargo, y esto muy a mi pesar, la muerte de José, al menos a mí, me sirvió de inspiración (por terrible que esto pueda sonar), y me hizo retomar mis enseñanzas y volver a las fuentes de la filosofía judía (y cristiana), de donde emanan los preceptos que nos hacen dejar a un lado nuestros “problemas”, nuestro egocentrismo y voltear a ver al otro, a mi semejante, a quien comparte este especio y este tiempo conmigo.  
Dice Abraham Joshua Heschel en uno de sus más hermosos libros Man Is Not Alone, que no es verdad que el impulso vital de los hombres sean sólo el deseo de dominio, el ansia de poder, el apetito sexual o el anhelo de sobresalir. Dice que en todos los hombres mora una inclinación al amor desinteresado. Dice también que no es cierto que en todas las épocas, todos los hombres hallan actuado sólo en términos de su propia satisfacción o prosperidad y que en muchas ocasiones el hombre resiste las recompensas tentadoras de la aprobación general, de la popularidad vulgar y, en cambio, permanece fiel a sus principios morales o religiosos.
Pero, dice Heschel, para que el hombre sea capaz de olvidarse de sí mismo y de involucrarse e interesarse por los demás, debe primero, preservar y cuidar su propio ser. Es decir, el amor propio, la auto preservación de la vida, es el principio básico por el que actuamos. Y si la vida es Sagrada, como lo creemos, entonces preservarla es lo que mantiene su sacralidad. El cuidado de nosotros mismos sólo se vuelve un vicio por asociación, es decir, cuando se le asocia con el total desinterés que mostremos hacia los demás. El precepto “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, lleva implícito el deber de preservar y amar nuestra propia vida. Pero este mandamiento concluye con las palabras “Yo soy Yahvé, tu Dios”. Y estas últimas palabras son las que contienen el fin último de este solemne precepto. Sólo de Dios pueden emanar tales preceptos, pues si emanaran de otras fuentes, no serían ciertos y, por lo tanto, no serían atemporales y universales. [1]

Todos los días asistimos a actos de crueldad, de violencia, de sometimiento de unas personas hacia otras. Todos los días somos espectadores impasibles del horror, del abandono, del desinterés. Permanecemos inmutables ante las necesidades de los demás y vamos por la vida haciendo alarde de lo que tenemos, de lo que somos. Las redes sociales son el escaparate donde mostramos al mundo nuestras “virtudes” y “atributos”. Fotografías con poses sugerentes; poemas, canciones o comentarios “inteligentes” respecto de cualquier cosa. Nos gusta mostrarles a los demás que somos diferentes, especiales, únicos. Hacemos énfasis en lo que nos distingue y nos aleja de los otros en vez de hallar afinidades y puntos en común con ellos. Vivimos en la sociedad egocéntrica. El culto a la personalidad es lo de hoy.
Esta tendencia va justamente en contra del precepto bíblico de amar al prójimo como a uno mismo, pues el tipo de amor al que hace referencia no es el que parece prevalecer entre la gente hoy en día, sino el que menciona Heschel, un amor que dignifica y sacraliza la vida en todas sus formas y que nace de la preservación y sacralización de la propia vida, pues ésta viene de Dios. Sólo en la medida en que el amor y el cuidado a uno mismo  se asocien a este precepto, podremos voltear a ver al otro, a su vida, y a interesarnos por preservar la suya también. Pero la razón por sí misma es incapaz de forzar a nuestra alma a amar desinteresadamente, sin otros fines que el amor en sí mismo. La gran lucha por la integridad debe librarse en el corazón mismo de cada persona, liberándola de su egocentrismo y alimentando el poder liberador del amor.
El de José es un claro ejemplo de la falta de amor propio que se manifiesta en el descuido por nuestros semejantes. José murió víctima de la falta de amor propio que impera en el mundo y que se traduce en la incapacidad de sentir afecto por los demás. José murió porque para nosotros, ahora, la vida ha perdido su dimensión sagrada.

Teresa Padrón Benavides
Otoño de 2013


[1] Abraham Joshua Heschel, Man Is Not Alone, Ferrar, Strauss y Giroux, Nueva York, 1951.

sábado, 5 de octubre de 2013

Dos ciudades: Acapulco y Estocolmo


¿Qué tienen en común Estocolmo y Acapulco? Ambas ciudades son consideradas paradisíacas, cada una a su manera. Sin embargo, geográficamente, están separadas por miles de kilómetros y sus características demográficas y geográficas son disímiles. Ambas ciudades invitan a ver el mundo desde dos miradas diferentes.
Estocolmo es la ciudad más limpia de Europa, en términos de calidad del aire, del suelo y del agua. Situada entre los fiordos escandinavos, en la península escandinava, posee muchos de los más bellos paisajes naturales del planeta. Famosa por su bella arquitectura, sus parques, jardines y edificios, Estocolmo es considerada como “la Venecia del Norte”. Ha sido sede de los encuentros mundiales sobre cambio climático y justo hace una semana, del 23 al 27 de septiembre, se realizó allí el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, cuyo informe respecto del calentamiento global, es desalentador.
Estocolmo es uno de los 290 municipios de Suecia, y pertenece a la provincia de Estocolmo. Los 18 distritos en que se divide al país, cada uno con sus respectivos municipios, son autónomos y ostentan la responsabilidad de los programas de asistencia social, cultural y educativa dentro de sus territorios.  Es decir, el gobierno central no existe como tal. Existen en Suecia 7 partidos políticos, cuatro representantes y tres de oposición, algunos de los cuales con de izquierda. Sin embargo, el partido moderado es quien cuenta con más escaños.
Es una de las ciudades con más actividad cultural de Europa. El teatro nacional de Suecia  es considerado por muchos uno de los principales foros teatrales del mundo. La compañía nacional de ópera, los museos históricos como el Skansen, el Vasa o el del palacio real, son sólo algunos de los muchos centros culturales con que cuenta la ciudad. Suecia combina  a la perfección modernidad e historia y el respeto y conservación de los barrios antiguos de Estocolmo y otras ciudades, no ha impedido su desarrollo urbanístico, científico y tecnológico. Estocolmo es el centro de la actividad industrial y económica de Suecia, con 40% de la actividad del país.
En cuanto a educación se refiere, Suecia cuenta con tres de las universidades públicas más prestigiosas de Europa: el Instituto Karolinska, fundado en 1810, es una de las mejores universidades médicas del mundo; la universidad de Estocolmo y el real Instituto de Tecnología, ambos fundados en 1827, cuentan con programas de intercambio para estudiantes de todo el mundo y reciben, cada una, un subsidio del 2% del PIB por parte del gobierno. Además, en Estocolmo s hallan la Real Academia de Ciencias de Suecia y la Academia Real, quienes deciden cada año los premios Nobel.
Los subsidios para la vivienda, el desempleo y la tercera edad, son los más altos de Europa. Los programas de asistencia social y las políticas migratorias humanas y de calidad, hacen de Suecia un destino atractivo para quienes buscan una mejor calidad de vida, en todos los aspectos.
Acapulco, por su parte, es también un “paraíso”, según, al menos, los desarrolladores inmobiliarios, los hoteleros, los especuladores y los dueños de Punta diamante. Situada en uno de los estados más pobres del país, es la única zona metropolitana del estado de Guerrero y concentra la mayor parte de su población. Acapulco ha sido, desde la década de los cincuenta, un sitio cuya derrama económica ha dejado ingresos considerables al estado, mismos que no se han visto reflejados en el desarrollo del resto de sus municipios.  Ha sido también sede de foros internacionales sobre cambio climático, entre oros importantes eventos mundiales. La han elegido por su belleza natural,  su clima y su exclusiva zona hotelera, que es de las mejores del país.
La joya más codiciada del estado, ha sido imán para muchos de los constructores y desarrolladores urbanos del país y extranjeros, quienes han hallado ahí todas las facilidades para llevar a cabo sus ambiciosos proyectos, auspiciados por gobernantes corruptos que se han visto beneficiados y a costa del empobrecimiento y la marginación de los más vulnerables. Pero no sólo han relegado y excluido a los más pobres, sino que se han aprovechado de su situación, para explotarlos en aras del desarrollo urbano de Acapulco y han abusado de su condición, para “facilitarles” viviendas “dignas” en los lugares más vulnerables de la ciudad, exponiéndolos a tragedias como la que acaba de ocurrir y en la cual muchos de ellos perdieron todo su patrimonio.
¿Por qué son tan diferentes estos “paraísos”? ¿Qué hay detrás de la estabilidad y el desarrollo social de uno y la desigualdad y la marginalidad de otro? ¿Cuáles son las condiciones que permiten que una de estas ciudades progrese sólo para unos cuantos y en otra el progreso sea uniforme? Son factores que no tienen que ver mucho con los fenómenos naturales y sí con la ilegalidad y con la corrupción.  Acapulco es el ejemplo perfecto de cómo se construye una ciudad al margen de la ley. Estocolmo, de cómo se planea el urbanismo y de cómo se distribuye la calidad de vida equitativamente. Estocolmo es una ciudad amigable con su entorno, Acapulco, un muladar y un ejemplo de ecocidio atroz por la cantidad de basura arrojada cada día al mar. Acapulco, el vivo ejemplo del “progreso” en aras de reproducir las condiciones de pobreza de miles; Estocolmo, el vivo ejemplo de una ciudad que crece respetando y conservando la naturaleza, viviendo armónicamente con ella y facilitando a sus habitantes las condiciones para una vida digna, en todos los aspectos.
Estocolmo es el claro ejemplo de que modernidad y desarrollo sustentable son no sólo posibles, sino indispensables. Acapulco representa, en cambio, “el lado oscuro de la modernidad”, como lo llama José Luis Lezama, en su artículo aparecido en Reforma. No se debe culpar a la Naturaleza de que las condiciones de miseria y vulnerabilidad se reproduzcan en lugares como Acapulco. Se deba más bien señalar a los responsables de diseñar un modelo “exitoso” de desarrollo, que representa jugosas ganancias para unos, mientras que reproduce las condiciones de pobreza extrema de miles. Pero no sólo señalarlos, sino exigir, a quienes otorgan los permisos y las concesiones para que este modelo impere, que asuman su responsabilidad por el alto costo social que este modelo ha ocasionado y que cambien radicalmente la forma en que se concibe y se planea una ciudad. La corrupción mata. No sólo gente, sino otras especies naturales y vegetales. La corrupción acaba con el tejido social de ciudades, estados, zonas geográficas y países enteros. Acapulco es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando en un país impera la impunidad, la corrupción y la falta de justicia social. Y como siempre sucede, los más vulnerables, son los que menos tienen.
Teresa de Jesús padrón Benavides
Octubre de 2013

 
¿Qué tienen en común Estocolmo y Acapulco? Ambas ciudades son consideradas paradisíacas, cada una a su manera. Sin embargo, geográficamente, están separadas por miles de kilómetros y sus características demográficas y geográficas son disímiles. Ambas ciudades invitan a ver el mundo desde dos miradas diferentes.
Estocolmo es la ciudad más limpia de Europa, en términos de calidad del aire, del suelo y del agua. Situada entre los fiordos escandinavos, en la península escandinava, posee muchos de los más bellos paisajes naturales del planeta. Famosa por su bella arquitectura, sus parques, jardines y edificios, Estocolmo es considerada como “la Venecia del Norte”. Ha sido sede de los encuentros mundiales sobre cambio climático y justo hace una semana, del 23 al 27 de septiembre, se realizó allí el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, cuyo informe respecto del calentamiento global, es desalentador.
Estocolmo es uno de los 290 municipios de Suecia, y pertenece a la provincia de Estocolmo. Los 18 distritos en que se divide al país, cada uno con sus respectivos municipios, son autónomos y ostentan la responsabilidad de los programas de asistencia social, cultural y educativa dentro de sus territorios.  Es decir, el gobierno central no existe como tal. Existen en Suecia 7 partidos políticos, cuatro representantes y tres de oposición, algunos de los cuales con de izquierda. Sin embargo, el partido moderado es quien cuenta con más escaños.
Es una de las ciudades con más actividad cultural de Europa. El teatro nacional de Suecia  es considerado por muchos uno de los principales foros teatrales del mundo. La compañía nacional de ópera, los museos históricos como el Skansen, el Vasa o el del palacio real, son sólo algunos de los muchos centros culturales con que cuenta la ciudad. Suecia combina  a la perfección modernidad e historia y el respeto y conservación de los barrios antiguos de Estocolmo y otras ciudades, no ha impedido su desarrollo urbanístico, científico y tecnológico. Estocolmo es el centro de la actividad industrial y económica de Suecia, con 40% de la actividad del país.
En cuanto a educación se refiere, Suecia cuenta con tres de las universidades públicas más prestigiosas de Europa: el Instituto Karolinska, fundado en 1810, es una de las mejores universidades médicas del mundo; la universidad de Estocolmo y el real Instituto de Tecnología, ambos fundados en 1827, cuentan con programas de intercambio para estudiantes de todo el mundo y reciben, cada una, un subsidio del 2% del PIB por parte del gobierno. Además, en Estocolmo s hallan la Real Academia de Ciencias de Suecia y la Academia Real, quienes deciden cada año los premios Nobel.
Los subsidios para la vivienda, el desempleo y la tercera edad, son los más altos de Europa. Los programas de asistencia social y las políticas migratorias humanas y de calidad, hacen de Suecia un destino atractivo para quienes buscan una mejor calidad de vida, en todos los aspectos.
Acapulco, por su parte, es también un “paraíso”, según, al menos, los desarrolladores inmobiliarios, los hoteleros, los especuladores y los dueños de Punta diamante. Situada en uno de los estados más pobres del país, es la única zona metropolitana del estado de Guerrero y concentra la mayor parte de su población. Acapulco ha sido, desde la década de los cincuenta, un sitio cuya derrama económica ha dejado ingresos considerables al estado, mismos que no se han visto reflejados en el desarrollo del resto de sus municipios.  Ha sido también sede de foros internacionales sobre cambio climático, entre oros importantes eventos mundiales. La han elegido por su belleza natural,  su clima y su exclusiva zona hotelera, que es de las mejores del país.
La joya más codiciada del estado, ha sido imán para muchos de los constructores y desarrolladores urbanos del país y extranjeros, quienes han hallado ahí todas las facilidades para llevar a cabo sus ambiciosos proyectos, auspiciados por gobernantes corruptos que se han visto beneficiados y a costa del empobrecimiento y la marginación de los más vulnerables. Pero no sólo han relegado y excluido a los más pobres, sino que se han aprovechado de su situación, para explotarlos en aras del desarrollo urbano de Acapulco y han abusado de su condición, para “facilitarles” viviendas “dignas” en los lugares más vulnerables de la ciudad, exponiéndolos a tragedias como la que acaba de ocurrir y en la cual muchos de ellos perdieron todo su patrimonio.
¿Por qué son tan diferentes estos “paraísos”? ¿Qué hay detrás de la estabilidad y el desarrollo social de uno y la desigualdad y la marginalidad de otro? ¿Cuáles son las condiciones que permiten que una de estas ciudades progrese sólo para unos cuantos y en otra el progreso sea uniforme? Son factores que no tienen que ver mucho con los fenómenos naturales y sí con la ilegalidad y con la corrupción.  Acapulco es el ejemplo perfecto de cómo se construye una ciudad al margen de la ley. Estocolmo, de cómo se planea el urbanismo y de cómo se distribuye la calidad de vida equitativamente. Estocolmo es una ciudad amigable con su entorno, Acapulco, un muladar y un ejemplo de ecocidio atroz por la cantidad de basura arrojada cada día al mar. Acapulco, el vivo ejemplo del “progreso” en aras de reproducir las condiciones de pobreza de miles; Estocolmo, el vivo ejemplo de una ciudad que crece respetando y conservando la naturaleza, viviendo armónicamente con ella y facilitando a sus habitantes las condiciones para una vida digna, en todos los aspectos.
Estocolmo es el claro ejemplo de que modernidad y desarrollo sustentable son no sólo posibles, sino indispensables. Acapulco representa, en cambio, “el lado oscuro de la modernidad”, como lo llama José Luis Lezama, en su artículo aparecido en Reforma. No se debe culpar a la Naturaleza de que las condiciones de miseria y vulnerabilidad se reproduzcan en lugares como Acapulco. Se deba más bien señalar a los responsables de diseñar un modelo “exitoso” de desarrollo, que representa jugosas ganancias para unos, mientras que reproduce las condiciones de pobreza extrema de miles. Pero no sólo señalarlos, sino exigir, a quienes otorgan los permisos y las concesiones para que este modelo impere, que asuman su responsabilidad por el alto costo social que este modelo ha ocasionado y que cambien radicalmente la forma en que se concibe y se planea una ciudad. La corrupción mata. No sólo gente, sino otras especies naturales y vegetales. La corrupción acaba con el tejido social de ciudades, estados, zonas geográficas y países enteros. Acapulco es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando en un país impera la impunidad, la corrupción y la falta de justicia social. Y como siempre sucede, los más vulnerables, son los que menos tienen.
Teresa de Jesús padrón Benavides
Octubre de 2013


sábado, 14 de septiembre de 2013

Toneladas de soledad



“Rasga la piel de cualquier persona y hallarás tristeza, frustración, infelicidad y soledad.”
Abraham Joshua Heschel
La película pudiera ser perfectamente olvidable, especialmente para quienes prefieren las escenas de acción, o de aventuras, o de pasión desbordada. Sin embargo, para quien disfruta de las historias simples y que descubre que son ésas, justamente, las que se irán al flujo de nuestra memoria para siempre, esta resultará una de las más entrañables[1].
La primera escena muestra una camioneta blanca estacionada en medio de un vasto paisaje desértico y de la cual bajan ocho hombres vestidos con uniformes militares azules y llevando consigo instrumentos musicales. Son los integrantes de la banda de la policía de Alejandría, Egipto. Han sido invitados a Israel para tocar en el concierto inaugural de un centro cultural árabe en aquel país. Por un malentendido han llegado al lugar equivocado, un pequeño pueblo olvidado en medio del desierto, en donde Dina, una hermosa mujer madura dueña de un pequeño restaurante, los acogerá y alimentará, rompiendo así un poco con la monotonía de su vida y del lugar.
Durante su breve estancia en el pueblo (pasarán ahí la noche y la mitad del día siguiente), convivirán con algunos de los lugareños, amigos cercanos de Dina, quienes acceden a hospedar a algunos de los músicos mientras que ella acoge en su casa al general y director de la orquesta y a otro de los músicos, un joven y apuesto trompetista con muchas ilusiones de viajar y conocer mundo.
Dina, deseosa de romper con el tedio de su vida, y también un poco atraída por el porte y la personalidad del general, lo invita a dar un paseo para “mostrarle los alrededores”, como ella dice. El general, renuente al principio, accede más por cortesía y agradecimiento que por entusiasmo. El joven trompetista, por su parte, irá en busca de un poco de acción con otro de los personajes, “papi”, un joven taciturno, medio idiota, al que conoció al mismo tiempo que a Dina al llegar al pueblo y con el chico malo del lugar, la novia de éste y una amiga suya, una joven también taciturna, triste, sombría y fea. Irán a la única discoteca del lugar, en donde el músico instruirá un poco a papi en el arte de la seducción, pues éste ha roto el corazón de la muchacha fea sin proponérselo, debido a su idiotez.
Mientras Dina y el general cenan y charlan en un café, ella lo acosa con preguntas respecto de su vida en Alejandría, una gran ciudad, llena de vida y de emoción y de lo que se siente estar frente a un público cantando y tocando música tradicional. A ella le parece que debe ser lo mejor del mundo. A la avidez de las preguntas de Dina, sin embargo, se oponen el hermetismo, la rigidez y la sobriedad de las respuestas del general, un hombre que raya en los sesenta años, viudo y con un pasado trágico.  Durante su charla, llegan al lugar un hombre con su esposa y su hijo. Es un ex amante de Dina, a quien ella saluda atrevidamente, como haciendo alarde de su nueva compañía.
En su camino de regreso a casa, hacen una parada en el único y diminuto parque del pueblo. Sentados en una banca, el general le cuenta del suicidio de su único hijo y de la profunda tristeza de su esposa, que él piensa que la llevó a la muerte. Él se siente culpable d ambas tragedias, pues cree haber sido muy duro con su hijo, quien era un ser “frágil y vulnerable”, como él lo describe. Dina, por su parte, le abre también un poco su alma al general y le confiesa algunos de sus errores pasados y de lo que lamenta no haber hecho. Una vez adentro, ella ofrece vino al general y al joven trompetista, quien ya está de vuelta en casa. El general se disculpa y se retira a descansar, a pesar de las evidentes insinuaciones de Dina, quien terminará por consolarse con el joven músico.
Mientras tanto, el resto de la banda pasará la noche en casa de otro amigo de Dina, “celebrando” el cumpleaños de su mujer, quien está a punto de abandonarlo a él y al bebé de ambos, pues le echa en cara no haber conseguido trabajo en más de un año, a pesar de saber de sobra que en aquel sitio no hay mucho qué hacer. Durante la cena, en la cual los miembros de la banda no dicen palabra alguna, pues no saben hebreo, es evidente la tensión entre el hombre y su mujer, por lo que ésta decide dar por terminada la reunión e irse para siempre.
El hombre se refugia en el cuarto de su hijito, quien duerme plácidamente en la cuna. Uno de los músicos, el clarinetista lo alcanza y toca un pedazo de lo que será, según él, un concierto. Al amigo de Dina le parece una pieza muy bella y así se lo dice al músico y también le pregunta cómo terminará, a lo que el músico responde que aún no lo sabe. Entonces el hombre le dice las palabras que resumen el tono de la película: “Tal vez así es como termina tu concierto… con un final ni triste ni feliz, en un cuarto pequeño de un bebé que duerme, en un pueblo en medio de la nada, rodeado de toneladas de soledad…” El hombre deja la habitación dejando solos al músico y al bebé, quien parece a punto de despertar. El músico enciende entonces la canción de cuna que pende de un móvil sobre su cabeza. Ese será la melodía con que cerrará su concierto.
Hay un personaje secundario, pero no menos importante, pues es una presencia constante en la película. Es otro “loco” del pueblo, quien espera pacientemente cada noche junto a la caseta de teléfono público la llamada de su novia. Noche tras noche, a la misma hora, el fiel amante aguarda el timbre del teléfono sin éxito. Casi al final, sin embargo, una de tantas noches, el teléfono timbra y detrás de éste se escucha la voz de su amada, a la cual él responde lleno de emoción y alegría. Ese sea tal vez el único hombre feliz de la historia, pues vive de la esperanza.
Al día siguiente, los músicos continúan su camino y llegan finalmente a Pet Hatikvá, su destino original. Dina sale a despedirlos, al igual que papi y el hombre abandonado, tal y como estaban cuando la banda llegó. Una vez en el lugar correcto, la banda comienza su actuación con una vieja canción tradicional árabe, que el general interpreta con el corazón. Atrás, las dulces notas del clarinete y la melodía del resto de los instrumentos, nos conmueven hasta el punto del llanto y nos recuerdan que las toneladas de soledad que cada uno cargamos sólo se aligeran por momentos, a través de encuentros fugaces con otros seres igual de solos que nosotros y que sólo se olvidan momentáneamente, a través de una melodía que fluya de lo más profundo del alma.

Teresa de Jesús Padrón Benavides




[1] La visita de la banda, de Eran Kolirin, Israel, 2007.




domingo, 14 de julio de 2013

Un descanso verdadero*


¿Dónde habremos de morir y cómo? Todos tenemos conciencia respecto de dónde nacimos y cuándo, más nadie sabe “el día ni la hora”, como dicen por ahí. Sin embargo, uno sí podría o sí debería poder elegir el lugar de su muerte, y de su última morada. Esa sería una única concesión que debería permitírsenos.
La historia comienza con unas imágenes que no prometen gran cosa pero que, si nos fijamos bien, son bastante sugestivas. Una fábrica de pan en el corazón de Jerusalén. Las hogazas de pan perfectamente simétricas desfilando por cada una de las líneas de producción en serie hasta la etapa final de su elaboración, nos hacen que casi olamos el pan recién horneado. El pan como alimento primigenio, el pan como símbolo del sustento por antonomasia. El pan como metáfora de la vida misma.
A primera vista, incluso después de los primeros minutos, no sabemos bien qué está pasando. El gerente de recursos humanos una panadería de prestigio en Jerusalén se ve en la imperiosa necesidad de indagar el caso de una de sus empleadas muertas recientemente. Al parecer de una inmigrante de Europa del Este (nunca sabemos a ciencia cierta de dónde), víctima de un atentado terrorista. La gerente general del negocio le pide al jefe de recursos humanos que lleve el cuerpo de la mujer de regreso a su lugar de origen para evitar el desprestigio de la empresa. A partir de ese momento, la vida de este hombre de mediana edad, casado, con una hija, y quien pareciera estar atrapado en la rutina y el tedio, dará un giro insospechado.
Tras una serie de vicisitudes por las que habrá de pasar para poder trasladar el cuerpo de la empleada difunta (a la que nunca conoció en persona) y de quien sabe sólo lo que le contó otro empleado de la panadería quien, al parecer, tuvo una relación afectiva con ella, el gerente de recursos humanos (jamás se nos dicen los nombres de los personajes), emprenderá la odisea de trasladar el cuerpo de la mujer desde Jerusalén hasta el corazón de las estepas ¿Rusas? ¿Ucranianas? Tampoco lo sabemos bien.
La fotografía de la película es espectacular. Las tomas a la ciudad vieja (Ir atica) de Jerusalén, con su distintivo Domo de la roca, desde las colinas; el barrio viejo, en donde viven la mayoría de los ortodoxos; el muro de los lamentos; el mercado viejo (shuk zaquén); la iglesia de la natividad, en fin, todos los elementos que hacen de Jerusalén lo que es, la ciudad santa de las tres grandes religiones monoteístas y cuna de la historia occidental. Todo este paisaje contrastará, más adelante, con la nieve, la neblina y los horizontes interminables de la Europa central.
Pero la fotografía será sólo el telón de fondo para narrar una historia que es, más que otra cosa, un viaje iniciático. Una peregrinación hacia dentro de sí mismo, del personaje principal. Este hombre como cualquiera de nosotros cuya vida aparentemente normal y trivial, hallará su sentido último en la satisfacción del deber cumplido, de la misión acabada.
Si bien es cierto que al principio él se niega a emprender tal misión (llevar un cuerpo desde Jerusalén hasta Europa central) para limpiar el honor de su empresa, indemnizando económicamente a la familia y dándoles sus condolencias, conforme transcurre la historia y él se va involucrando en las vidas de los deudos (el ex esposo de la mujer y el hijo adolescente de ambos), así como con las de otros personajes secundarios pero no menos importantes, centrará sus esfuerzos en cumplir con esa misión que se ha vuelto, para entonces, el centro de sus preocupaciones.
Por supuesto, no faltan las anécdotas al margen, salpicadas de comicidad y realizadas por personajes que contrastan con la seriedad del tema, pero todo eso es justamente lo que hace de la película una historia humana, cálida, cercana, entrañable. Como cuando, después de haber cargado el ataúd de la mujer a través de cientos de kilómetros de carretera nevada, en medio de la nada, deben pasar la noche en un búnquer construido en la Rusia de la guerra fría y después continuar su camino en un tanque de guerra en desuso, pues la furgoneta en que viajaban se averió.
Pero detalles al margen, lo que en realidad se narra en שליחותו של הממונה על משאבי אנוש
(El gerente de recursos humanos), es la transformación humana y espiritual de un hombre quien, a partir de esa encomienda, aparentemente burocrática y pragmática, descubre que el fin último de la vida de cada quién es el  “hacer lo correcto”. El concepto judío de la ética de la responsabilidad (Tikkun Olam), independientemente de si uno es laico o religioso, es lo que está detrás de esta historia.
Casi al término dela película, cuando finalmente el cuerpo de la mujer está siendo velado en su lugar de origen, la madre de ésta le dice al gerente de recursos humanos. “Gracias por lo que hizo. Pero mi hija odiaba este lugar y deseaba irse muy lejos de aquí. Ella debió ser enterrada en Jerusalén, la ciudad que ella escogió para vivir y para morir.” La última escena transcurre en el panteón donde se cava la fosa para la mujer, mientras se ve de nuevo el tanque ruso, llevando consigo de regreso el ataúd hacia su destino final, Jerusalén. Porque los muertos nada saben, pero los vivos sí sabemos acerca de ellos y es lo menos que podemos hacer para dignificar no su vida, pero sí su muerte.
*Tomo prestado el título de una novela de Amos Oz.

Teresa de Jesús Padrón Benavides

domingo, 7 de julio de 2013

Cloudy night

The quiet Sunday afternoon was perfect to walk the empty streets of the neighborhood alone. She felt the cool breeze caressing her face and glanced at the upper branches of the huge trees. She took a deep breath and smiled to herself, letting her mind get lost in careless thought which inevitably lead her to that only face, which she loved so much. It would have been a perfect chance to meet, she thought, but, on the other hand, she felt pleased to be all by herself. She hadn’t realized how much she enjoyed those moments of loneliness and reflection, lost in the middle of nowhere, mindless of the few people who passed her by. She thought about him once more, she tried her best to concentrate on his eyes, on his hands, on his voice, but something, somehow, was preventing her from doing it. Perhaps the peace and quiet solitude surrounding her was meant for her to enjoy alone. Perhaps the sound of her footsteps on the pavement reminded her how many times she had walked those same streets before, how many times she had passed under that same bridge, the bridge where they used to say goodbye before taking each other’s ways home. Darkness came soon. Throughout the sidewalk she could see the inside of some of the houses through the curtains. There were families gathered round tables, talking, having coffee… She wondered what they may be talking about…Was it something important? Were they just updating themselves on their latest affairs on work and leisure? She and he, they never had those kinds of conversations, no. They used to talk about sublime things, such as poetry, music and love… Love as the only redeemer of sins; love as the only way to live; love as the force that moves the world… Something form above made her turn and see the sky… In the middle of the dark clouds, an only tiny star revealed her beauty. She smiled broadly, just as she used to when they were together. A smile of joy, of bliss…  Then he came to her mind, clearly and in full detail… and they walked together the remaining blocks, holding, caressing, and kissing each other, like only lovers do.

domingo, 9 de junio de 2013

Pequeño Tzadik*





Para Emilio, mi pequeño Tzadik
Todos los días ocurren pequeños milagros que la mayoría de las veces nos pasan desapercibidos pues estamos siempre “ocupados” con nuestros propios asuntos y este egocentrismo nos impide ver más allá de nuestro mundo individual.  Estos milagros ocurren para que no olvidemos que no importa cuantas carencias tengamos, siempre hay algo que podemos hacer por los demás. Algo aparentemente insignificante, pero que a otras personas puede traerles un poco de alegría.
Ayer por la tarde, al salir del supermercado, me detuve ante una mujer que vendía dulces mexicanos (barritas de amaranto) y que tenía a su niño como de ocho años recostado en sus piernas, ambos sentados sobre el piso y junto al muro del supermercado. El sol inclemente a esa hora del día había hecho que el niño se adormeciera junto a su madre. No pude evitar preguntarles dónde vivían y de dónde eran. Me contestaron en su dialecto y con un poco de Español y no alcancé a comprender bien lo que me decían.  Les compré un par de barritas y les dije que volvería más tarde con algo de ropa para Carlos (así se llama el niño). Mi hijo creció durante el verano y mucha de su ropa quedó casi nueva, por lo que se me ocurrió (al ver los zapatos sin suelas del niño), regalárselas.
Antes e abordar el taxi, el niño corrió a alcanzarme y sólo alcancé a escuchar entre los ruidos del tráfico la palabra “bicicleta”. Camino a casa en el taxi, las lágrimas rodaron por mis mejillas sin saber por qué. No podía quitarme de la cabeza la carita del niño y su sonrisa al despedirse de mí. Tampoco los ojos de María (su madre), negros, pequeños, profundos, y buenos.  Me sentí miserable. Traía las bolsas con las cosas que había comprado y quería arrojarlas por la ventana. ¡Cuántas cosas que no necesitaba! Sentía una especie de vergüenza e impotencia.
Al llegar a casa, mi hijo y mi esposo notaron mi cara y me hicieron preguntas. Mientras les contaba, mi hijo, sin pensarlo demasiado, fue a coger su bicicleta, la limpió un poco y me dijo “tenemos que echarle aire”. Después fuimos a su cuarto y sacó del clóset mucha ropa y un par de tenis casi sin usar pero que ya no le quedan.  También sugirió que pusiéramos en las bolsas algunos juguetes, pero le dije que Carlos y María no podrían llevar tantas cosas a pie y decidimos dejarlo para otra ocasión. Bajamos a toda prisa las escaleras de nuestro edificio pues temíamos que se fueran antes de que llegáramos con las cosas, pues el calor estaba insoportable. Decidimos caminar y mi hijo, después de echar aire a la bicicleta dijo “me iré en ella por última vez”.  Yo lo seguí caminando y mientras lo veía de lejos, mis lágrimas se mezclaron con una sonrisa de satisfacción y orgullo. Todas las enseñanzas que su padre y yo hemos tratado de inculcarle, han rendido frutos y Emilio es ahora un jovencito con ideas propias, con iniciativa y que decide lo que es bueno y lo que no con base en esas enseñanzas.
Al llegar al estacionamiento del supermercado, el corazón se me paró por un instante ¡no estaban Carlos y María! Emilio se adelantó en su bici y me dijo “aquí están”. Se habían movido hacia la fila de carritos del súper, para obtener un poco de sombra. Carlos ni siquiera volteó a vernos, sólo corrió y se montó en a bicicleta. Le pregunté si sabía manejarla y sin contestarme agarró vuelo por la banqueta y de la emoción se cayó, pero se incorporó de inmediato.  Entré al súper por una botella de agua para dárselas. Les dimos las cosas y nos dieron las gracias. María dijo que se irían más tarde a su pueblo y que no volverían hasta dentro de dos meses. Le dije que la vería entonces y sólo sonrió (con sus labios y también con sus ojos) que a ella también se le habían nublado un poco. Carlos nos dijo adiós y la “chocó” con mi hijo (como se saludan entre los chavitos).
Camino a casa, abracé a mi niño. Con sus ojos me decía cosas que sólo las madres podemos comprender. Su mirada preguntaba por qué había gente que no tenía nada y gente que tenía de sobra. Me preguntaba por qué la vida era injusta. Por qué uno siempre se queja de lo que no tiene y no ve lo que sí tiene... Sólo pude apretarlo un poco más contra mi pecho y besar su cabeza, llena de ideas, de sueños, de preguntas, de dudas, de miedos. Y junto a mi pude sentir cómo latía con fuerza su hermoso corazón, el corazón amado de mi pequeño Tzadik.
*Tzadik en hebreo significa “justo, generoso, bondadoso”
Teresa de Jesús Padrón Benavides
Verano, 2013

lunes, 13 de mayo de 2013

El desorden armónico de Gustav Mahler


A Hector, quien me ha conducido por estas armonías desordenadas
En la naturaleza conviven brutalmente el orden y el caos. Después de tormentas avasallantes, sale el sol y el cielo se aclara. Las nubes se disipan y reina la armonía. Las aves trinan sin cesar y la hierba verde cubre las colinas. El balance perfecto entre ambas fuerzas es lo que hace posible la vida. En la naturaleza humana ocurre lo mismo. La razón y la pasión (logos vs. pathos) son las dos fuerzas motoras que impulsan al hombre a actuar. El ansia por desentrañar al menos algunos de los misterios de la vida aunado al impulso primigenio de unirse físicamente con alguien, de fundirse con otro ser, son la maquinaria detrás de la creación artística, de la investigación científica, de la movilidad del mundo.
Y por cierto de creación artística, tal vez la música sea la más pura de todas las artes, la música absoluta, pues en ella se funden completamente el fondo y la forma, es decir, el contenido y la cualidad. Los estados anímicos que provoca el escuchar una pieza de música clásica, por ejemplo, son muy distintos a los de contemplar una pintura o ser espectadores de una obra de teatro. Aunque, por supuesto, no me refiero a toda la música.  Los niveles de abstracción y de rigurosidad presentes en una composición sinfónica, por ejemplo, son muchas veces inversamente proporcionales al estado de ánimo que provocan en quien la escucha.
De todos los compositores de finales del siglo XIX y principios del XX, es en Mahler en donde las fuerzas antagónicas a que me referí antes están presentes con más fuerza y con más exactitud. En Mahler no sólo la sinfonía alcanza dimensiones colosales, sino que sus composiciones contienen la vida, el mundo, el ser humano completo, tal cual es. El bien y el mal, la espiritualidad y la carne, el nacimiento y la muerte, la serenidad y el caos, la brutalidad y la belleza, la soberbia y la humildad, el dolor y el consuelo, la trasgresión y el perdón, la vulgaridad y lo sublime, el pecado y el arrepentimiento.  Y, al igual que en la naturaleza, en Mahler todas estas fuerzas vitales conviven en un “caos perfecto”, o en una “armonía desordenada”, si se quiere.
Gustav Mahler nació en Bohemia en 1860, en el seno de una familia judía. Ingresó en el conservatorio de Viena en 1875 en donde estudió con Anton Bruckner, otro gran compositor tardío romántico. Fue un pianista sobresaliente y en 1880 compuso su primera obra importante, Das Klagende Lied, (la canción del lamento), una obra muy compleja y que requería una orquestación muy grande. Ese mismo año debuta como director asistente en Bad Hall, Austria. Se desempeñó como director durante casi 20 años en varias ciudades de Europa con un reconocimiento y aceptación por parte no sólo de los críticos, sino del público y de los músicos. Sin embargo, el fantasma del antisemitismo ya rondaba Europa y Mahler renunció a la religión hebrea (que nunca guardó celosamente, pues era más bien laico, aunque su judaísmo se ponga de manifiesto siempre en sus obras) para ocupar uno de los puestos más importantes al que un músico de su época podía aspirar:  director de la Ópera Imperial de Viena.  Sien embargo, su prestigio como director no era proporcional al de compositor. Las obras a las que Mahler se consagraba en cuerpo y alma durante los veranos no gozaron en su época del reconocimiento que merecían. Mahler comenzó a ser víctima de una disimulada campaña difamatoria en la que ya estaba presente también el antisemitismo.
En 1902, a los 42 años, Mahler se casó con Alma Schindler, también de origen judío, a quien había conocido en Viena un año antes. Alma era la musa de varios artistas e intelectuales de la época. Su juventud, belleza e inteligencia la volvieron una de las mujeres más codiciadas de su época. Gustav Klimt la inmortalizó en uno de sus cuadros. Mahler no fue la excepción. Él también sucumbió a sus encantos y le propuso matrimonio a pesar de la diferencia de edades (Gustav era casi 20 años mayor que Alma). La vida de los Mahler es casi del dominio público y la historia de amor, de pasión, de celos y de sufrimiento que ambos escribieron, ha sido llevada a la pantalla en varias ocasiones, recientemente en una película llamada “Mahler en el diván”, en donde se pone énfasis, sobre todo, en las sesiones que el compositor sostuvo con Sigmund Freud, con quien acudió a terapia varias veces después de descubrir la infidelidad de su mujer con el joven y prominente  arquitecto Walter Gropius. No voy a profundizar en detalles acerca de la película, pero sí me gustaría señalar que la leyenda “mahleriana” puede servir como telón de fondo para comprender un poco al menos algunos aspectos de su música.
Mahler amó profundamente a su esposa y este hecho fue fundamental en algunas de sus más bellas composiciones. Y el sentimiento fue mutuo. Alma fue tal vez la primera en entender su música, en sentirla, en sufrirla y en vivirla. En una de las escenas más bellas de la película, mientras Mahler da a leer a su mujer la partitura del adagio de la quinta sinfonía (ella también componía e interpretaba el piano), ella, extasiada, con los ojos cerrados, a punto de estallar en llanto mientras él la contempla con una amorosa mirada le dice a su esposo: “Tú eres mi dios… vivo por ti, muero por ti… Jamás sentí cosas tan grandiosas como contigo… Sólo ansiaba estar junto a ti y amarte….Yo estoy en tu música, Mahler.”
Mahler murió a los cincuenta años, el 18 de mayo de 1911 en Viena, víctima de una aflicción cardiaca que venía aquejándole desde años atrás. Sus sinfonías son un viaje introspectivo, profundamente psicológico y fluctúan entre el optimismo y la desolación con toques de ironía. Esta combinación de tristeza y euforia, dieron como resultado algunas de las más grandes composiciones del romanticismo tardío y son la nota distintiva del músico. Sin embargo, casi todas sus sinfonías tienen un desenlace optimista, por no decir alegre. Yo más bien lo calificaría de esperanzador Tal vez una de las piezas musicales de Mahler que mejor ejemplifica lo anterior sea el adagietto de la Quinta sinfonía o, (mi favorita), el final de La canción de la tierra. Su música transmite toda la vulnerabilidad de la condición humana a través de una grandiosa musicalidad.

Teresa de Jesús Padrón Benavides, primavera, 2013

miércoles, 8 de mayo de 2013

Tan cerca y tan lejos


Ella decía: “Ya no dejaré de mirarte. Te miraré para siempre.”
Milán Kundera, La identidad

Martin Buber, el gran filósofo judío austriaco, en su monumental “Yo y tú”, dice que existen dos tipos de relación la del “Yo-Ello”, en donde me refiero a la otra persona como un "Ello", como una cosa. Lo considero como algo que está ahí delante de mí, como algo sobre lo cual pienso, algo que experimento o conozco, manipulo, deseo, o trato de ayudar o explotar. Si, por ejemplo, pienso para mis adentros: "Me pregunto cómo se siente ahora", entonces estoy en una relación Yo-Ello.
Al revés, en la relación Yo-Tú, hay una proximidad, una cercanía. Es una relación en donde ambos sujetos están juntos. Yo estoy contigo y tú conmigo. Puede ser no sólo una persona, sino cualquier ser vivo, un árbol, una planta, un animal, un paisaje natural. No trato de entenderlo, no lo utilizo, no lo experimento, no lo analizo ni lo examino desde “fuera”, desde “lejos”, sino que estoy absolutamente junto a él y no hay distancia que nos separe. Y aunque ambos continuamos siendo “individuos”, dos personas diferentes  (sino no existiría una relación entre nosotros), estamos plenamente uno con el otro. Esta proximidad, esta cercanía, implica “todo mi ser”, a diferencia de la relación Yo-Ello, en donde la otra persona se vuelve un objeto y mi relación con ella involucra sólo una parte limitada, sólo mi pensamiento, mi curiosidad, mi deseo, etcétera.
Para entender esta idea de Buber, podemos pensar en un momento especial, en que estoy sentado o recostado con mi amigo (a) o amante. No se dicen ni una sola palabra. No están tratando  de impresionarse uno al otro, de analizarse o de entenderse. Simplemente “están uno con el otro”. Ese encuentro puede ser también a contemplar un paisaje natural en todo su esplendor. No tratas de identificar los árboles o las planas y sus nombres. Simplemente te sobreviene un sentimiento de asombro (a state of awe), como se dice en Inglés y te fundes con la naturaleza, te vuelves uno con ela, con todo tu ser.
Sin embargo, cuando esa proximidad, esa cercanía es muy grande, se corre el riesgo de perder la identidad, el “Yo”, del que habla Buber. Es decir, cuando no existe ninguna distancia entre dos personas, la identidad del otro se disuelve en la nuestra y llega un momento en que ninguno de los dos se reconoce a sí mismo. Es como acercamos demasiado un objeto a los ojos, simplemente no lo vemos tal y como es. Lo que vemos son figuras distorsionadas, colores imprecisos, pero no lo vemos “tal cual” es, en toda su esencia.  Y es entonces cuando decimos que el otro no nos “ve”, que es como si no existiéramos para él (ella). Y nos sobreviene una terrible urgencia de “desengancharnos”, del otro (de la otra). De liberarnos para reencontrarnos con nosotros mismos. De tomar distancia para poder verlo a él también, tal como es.
Esto ocurre con frecuencia en las relaciones amorosas. Cuando dos se aman demasiado, llega el momento en que se funden uno con el otro de tal modo que se despojan de su “yo”, de su ego y se funden con el otro, con el “tú”. Pero es justamente esa pérdida de la identidad individual lo que deviene en tragedia muchas veces. Pues al intentar recuperar nuestro yo, decidimos alejarnos, tomar distancia, desengancharnos de el otro o de la otra, para poder verlo de nuevo, contemplarlo, analizarlo, comprenderlo y en ese proceso, lo convertimos en objeto. Lo despojamos de su identidad de sujeto, de su calidad de “tú” y lo volvemos un “ello”.
Y una vez convertido en objeto, podemos manipularlo a nuestro antojo, pues nos posicionamos en un sitio privilegiado respecto de eso que antes considerábamos parte complementaria de nosotros. Eso que antes considerábamos como “”. Y pueden ocurrir dos cosas. O que la distancia sea sólo la necesaria para volver a ver a la persona amada tal cual es y volver a enamorarme de ella o que sea una distancia y un alejamiento tan grande, que no halla posibilidad de reencuentro entre ambos.
Desafortunadamente, casi siempre ocurre lo segundo. Cuando el tedio, el hastío, la cotidianidad han hecho que la otra persona pierda su identidad y que yo también deje de reconocerme a mí mismo, pues estoy disuelto con ella, esgrimo todo tipo de argumentos del tipo “necesito mi espacio”; “hay que darnos un tiempo lejos uno del otro”; “si te amo, pero necesito estar conmigo mismo…”, etcétera. Y es entonces cuando se pone a prueba el amor entre amas personas. Pues, como dije, la distancia que ambos decidan poner de por medio puede ser tan grande, que no haya posibilidad de volver a reunirse. Pues en ese lapso, pueden ocurrir cosas que hagan que la otra persona pierda por completo los vínculos amorosos que le unían y que eran la argamasa que daba cohesión a su relación, como la confianza, por ejemplo.
De seo trata La identidad, de MIlán Kundera. Escrita en 1997, esta hermosa historia nos narra la vida de Chantal, una mujer de casi cincuenta años y de Jean-Marc, su amante durante muchos años y un poco menor que ella. Ella está angustiada pues “los hombres ya no voltean a verme”, dice. Pero “yo te veo”, dice él. Sin embargo, no es suficiente. Ella necesita con urgencia la mirada del “otro”, del desconocido, para volver a sentirse viva y él, en cambio, la necesita junto suyo para que su vida tenga sentido.
Después de un experimento en e que uno de ellos es el “conejillo de indias” y el otro su creador, y de un proceso de separación que toca los límites entre lo real y lo ficticio, ambos vuelven a encontrarse sólo para darse cuenta que la vida, la verdadera vida, (o tal vez la muerte) está siempre frente a nuestros ojos. Que todo lo demás, nuestros sueños, anhelos, angustias, deseos, son sólo fantasía. Que esa búsqueda de algo más, que ese anhelo de liberarse y de encontrar algo nuevo, algo que nos devuelva las ganas de vivir, será siempre un retorno a ese lugar y con esa única persona, a la que amamos y de quien no podemos prescindir pues la llamamos por su nombre, la conocemos tal cual es, la hemos hecho parte nuestra. “Cada nuevo encuentro, me lleva siempre a ti y cada nuevo rostro, es siempre tu rostro”, dice Chantal en una da las últimas páginas y agrega, casi el final, ya recostada de nuevo en el hombro de Jean Marc: “Ya no dejaré de mirarte. Te miraré sin parar… dejaré la lámpara encendida toda la noche, todas las noches.”
Teresa de Jesús Padrón Benavides

sábado, 27 de abril de 2013

Nigromante



 
Hola, doy  la bienvenida al blog a un amigo quien combina a la perfección la poesía, la paternidad y el heavy metal. Ahora mismo, mientras escribo esta breve presentación, él asiste a una función de danza de sus niñas. Pero, al caer la noche, cuando se desatan los poderes ocultos, nuestro poeta se transforma en Nigromante e invoca a los muertos y conjura a los espíritus a participar de un ritual nocturno de magia negra y adivinación, utilizando como instrumento a su guitarra eléctrica, negra, como su cabello, como su alma y como la noche…

YA ESTÁS AQUÍ

TANTO TIEMPO FUÍSTE INVISIBLE
SÉ QUE ME HAS ESTADO SIGUIENDO
DEJANDO SENTIR EL GRAN HUECO QUE ERES,
PRESAGIANDO EL OCASO

CONDUJISTE MI ADOLESCENCIA,
VIGILASTE MI CRECIMIENTO,
REAPARECES Y ME SONRÍES DE NUEVO
SECA, CRUEL, CONTUNDENTE…

LLEGASTE PARA QUEDARTE,
OBSOLETAS MI ESFUERZO,
TE APODERAS COMO LA HUMEDAD
OBJETAS MIS RAZONES…

CREÍ PERDERTE DE VISTA,
NO PENSAR EN TÍ.
ÍNTIMA DEL SILENCIO,
SERVIDORA DE LA MUERTE

VIAJA Y DAME TREGUA,
DUERME…

MUTAS EN MULTIFORMES DISFRACES
IMPIDES MI RAZONAMIENTO
ME CUBRES DE TU NEBLINA,
DEVORAS MIS INTENTOS,

DUELES...



 SIEMPRE PRESENTE

COMO SOMBRA AL ACECHO,
SIEMPRE ESTÁS PRESENTE,
DORMITANDO, PERMITIENDO,
MARCANDO TU PRESENCIA

NECESARIA COMPAÑERA, VAS Y VIENES.
TE BUSCO A VECES,
TE RELEGO Y NIEGO TU PRESENCIA,
... Y AL FINAL DEL DÍA, ME BAÑA TU SUDOR

SE QUE ESTÁS CONMIGO,
NO TE VEO, PERO TE HUYO Y TE DESEO,
TE SUFRO Y TE DISFRUTO
MALDITA SEAS, NO ME NIEGUES EL VIAJE
AHORA QUE ABRES TUS ALAS…

VEN AQUÍ, ERES MÍA,
SÓLO DEJAME RESPIRAR,
DAME OPORTUNIDAD DE BUSCARTE, DE DESEARTE,
VEN Y LLÉNAME

CÚBREME DE TU AUSENCIA,
NO ME DEJES OLVIDARTE
COMO COMPAÑERA EN MI VIAJE,
TE NIEGO Y TE RELEGO, SÓLO PARA QUE AL FINAL,
ME TOMES DE NUEVO…