"En
cuanto a ti, Belén Efrata,
pequeña
entre los clanes de Judá,
de
ti saldrá un gran gobernante de Israel
que
desciende de la casa de David.... Él traerá la paz."
Miqueas 5:2-12
La Navidad Judía
Mientras escribo estas líneas, sola en mi casa en la
víspera de la Navidad, pienso en los orígenes de esta celebración, que se
festeja en todo el mundo y que anuncia la buena nueva del nacimiento del
Mesías, quien vino a redimir del pecado a los que creen en Él, de acuerdo a la
tradición judeo-cristiana.
De acuerdo a las fuentes históricas, Jesús, fue
llamado el Nazareno debido a que fue en Nazaret, una alejada aldea al sur de
Galilea, en donde se establecieron sus padres, José y María un poco después de
la muerte de Herodes, quien gobernó Judea del año 37 al 4 antes de la era
común.
Durante ese periodo histórico, Judea era un territorio
dominado por reyes impuestos por los romanos y, por lo tanto, sometido al
dominio y a las leyes del imperio. Un poco antes, y durante muchos años, Judea
había sido conquistada por los griegos, quienes ejercieron gran influencia en
el pensamiento judío de la época y quienes, infructuosamente, intentaron
imponer sus dioses y sus costumbres paganas a los judíos.
Sea como fuere, la Judea de Jesús era una en donde
predominaba el caos y el desorden social, la desobediencia civil, la miseria,
la ignorancia y la anarquía, todo esto como consecuencia de las leyes injustas
del imperio romano que sangraban al pueblo con impuestos altísimos, además que
le impedía vivir de acuerdo a los preceptos del judaísmo pues no podían sino
trabajar arduamente para sobrevivir y, en consecuencia, no podían cultivarse ni
estudiar la Torá, la fuente de su comportamiento ético.
Fue por esa época, alrededor del año 6 a.e.c. que, de
acuerdo a los evangelios, nació en Belén, una aldea al sur de Jerusalén, Jesús
(Yeshua, en hebreo y que significa "el que salva"). Según el Nuevo
Testamento, Jesús nació de una joven llamada María, quien habrìa de ser la
esposa de José, un carpintero mucho mayor que ella (tal vez fue su segunda
mujer) y, según la leyenda, fue concebido "sin mancha", pues María
era aún virgen cuando recibió la visita de un ángel que le anunció que daría a
luz a un hijo varón y que éste sería llamado Yeshua, pues sería el salvador de
su pueblo. José, al conocer la noticia del embarazo de su prometida, quiso
rechazarla discretamente, para no exponerla a la verguenza pública, pero él
también recibió a un ángel en un sueño y éste le dijo que el niño había sido
concebido a través del espíritu santo y que debía casarse con María. José hizo
tal y cual el ángel le había ordenado y la desposó más no tuvo contacto con
ella hasta después el nacimiento del niño.
Cuando el rey Herodes, quien era cruel
y despiadado se enteró, a través de los sabios y los escribas de su época, que
nacería un "rey de los judíos", que traería paz y prosperidad y
gobernaría a su pueblo con justicia, se sintió amenazado y ordenó a los sumos
sacerdotes y a los escribas ir a el lugar en donde, de acuerdo a los sabios,
nacería el Mesías (el salvador, en hebreo).
Ellos sabían bien que sería en Belén, pues, eso es lo que había escrito
el profeta Miqueas, muchos años antes, cuando dijo: "En cuanto a ti, Belén
Efrata, pequeña entre las tribus de Judá, de ti saldrá un gran rey de Israel,
descendiente de la casa de David y que traerá la paz". (Miqueas 5:5) Herodes
les pidió que fuesen y volvieran para decirle en dónde estaba el niño para ir a
“adorarlo y a postrarse ante él”. Los sabios, algunos de los cuales venían de
provincias remotas de oriente, y que dominaban la magia y de la alquimia, según
la leyenda, decidieron volverse a sus lugares de origen sin contar nada a
Herodes, pues sabían bien las intenciones de éste.
Cuando Herodes se enteró de lo
sucedido, ordenó masacrar a todos los varones de dos años o menores que
hubiesen nacido en los alrededores de Belén y así se cumplió la profecía de
Jeremías (de nuevo, en el antiguo testamento, en la biblia hebrea) cuando dijo:
“Una voz se oyó en Ramah… gritos y lamentaciones, Raquel llorando por sus
hijos, rehusó ser consolada, pues ellos habían perecido.” (Jeremías 31:31).
De nuevo, un ángel vino a José en
sueños y le advirtió que huyese con María y el niño. José los tomó y se dirigió
a Nazaret, en el distrito de Galilea, en donde se asentó con su familia.
Todo lo que vendría después en la vida
de Jesús, es un misterio. Reaparece ya entrado en los treinta años cuando hace
que Juan lo bautice en el Jordán y comienza a predicar los evangelios, los
cuales están fundados absolutamente en la Torá, en la Ley judía, aunque la
tradición y la Historia (en especial la iglesia católica) se hayan encargado de
despojar a Jesús de todo su judaísmo. Si leemos con atención en evangelio según
san Mateo, en el capítulo 5, versículo 17, dice: “No crean que he venido a
abolir la Ley de los profetas (la Torá), no he venido a abolir, sino a dar
cumplimiento… Pues en verdad os digo, que hasta que el cielo y la tierra hayan
pasado, ni una sola letra de la Ley se abolirá hasta que se haya cumplido.”
Reflexionando en todo eso y escuchando
el bellísimo Mesías de Handel, pienso en el verdadero mensaje de la Navidad y
siento una profunda alegría de pensar en los millones de hogares cristianos en
el mundo que ahora mismo estarán preparándose para celebrar la buena nueva del
nacimiento de Jesús pero también una gran tristeza al pensar en cómo se ha
tergiversado, cómo se ha distorsionado su mensaje y en lugar de ser una época
de paz, amor, regocijo, hermandad y recogimiento, se ha vuelto ocasión de un
consumismo idiota y exacerbado, de algarabía sin sentido, de glotonería y gula,
de embriaguez y estupidez.
Si los cristianos del mundo conocieran
a profundidad el verdadero mensaje de los evangelios y, sobre todo, la fuente
judía de las enseñanzas de Jesús, la Navidad sería realmente una ocasión de
celebrar el milagro de la vida, y el valor del amor y el sacrifico de Jesús
recuperarían su verdadero sentido y su muerte no habría sido en vano.
Felices Fiestas.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
Navidad, 2013








