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lunes, 18 de enero de 2010

APUNTES SOBRE LAS SINFONÍAS DE BEETHOVEN


Queridos amigos y colaboradores, la siguiente es una exquisitez para quienes aman la mùsica clàsica. Javier Remo, nuestro gran amigo guitarrista y asiduo colaborador, nos deleita con este recorrido por las nueve sinfonìas de Ludwig Van Beethoven, el compositor màs grande del Romanticismo. Espero que lo disfruten y que lo comenten.
Saludos

La aparición de la forma sonata es el aporte más importante del periodo clásico en la historia de la música occidental. Dicha forma se convierte en un sistema de organización musical basado en el contraste y desarrollo de temas. El género musical orquestal que utiliza la forma sonata es la sinfonía la cual, según el modelo clásico, se conforma de cuatro partes o movimientos donde al menos el primero de ellos tiene la referida forma. A Joseph Haydn se le conoce como “El padre de la sinfonía” pues la desarrolló y consolidó como la máxima manifestación musical de la época, componiendo ciento ocho de ellas. Mozart, alumno de Haydn, compondría apegado a la doctrina del maestro con un inusitado genio creando cuarenta y una de ellas . Beethoven, también por breve tiempo alumno de Haydn, alumno rebelde, compuso solo nueve de ellas pero las amplió y llevó a otro nivel de complejidad y expresividad que cambiarían y definirían el rumbo de la música de occidente.


Sinfonía no.1 en Do mayor, op.21

Una tarde del primer abril del siglo XIX en el Teatro Imperial de Viena, Beethoven aparece como director de la orquesta e indica el comienzo de su primera sinfonía: Suena un acorde disonante (para los cánones de entonces). Entre el público conocedor se dan expresiones de asombro, para muchos fue de mal gusto, para otros “un nuevo amanecer”. Fue la primera sinfonía en comenzar con una “disonancia” pero además, no empezaba en el tono indicado, sino con un artificioso pasaje que va engañando y a la vez conduciendo hasta que aparece al fin Do mayor. El tercer movimiento es un minueto que era una danza elegante ternaria, pero Beethoven le da un carácter más jocoso, lo que derivaría en que en sus siguientes sinfonías los quitara y utilizara scherzos, que son también danzas ternarias pero que se sienten de un solo pulso.

En comparación con otras de sus sinfonías, aparece como la más simple, sin embargo es una obra madura y admirada por músicos como Schumann. Al escuchar esta sinfonía es difícil para nosotros apreciar la audacia de esos detalles que no logran marcar gran diferencia con lo que venían haciendo Haydn o Mozart, pero en la época no pasaron desapercibidos. “Una caricatura de Haydn llevada hasta el absurdo” escribió un crítico musical de la época respecto a la obra.


Sinfonía no.2 en Re mayor, op.36

Dos años después de la primera sinfonía realiza la segunda; en este lapso, la audición de Beethoven comienza a verse afectada. Muy alarmado, visita a tanto médico puede, uno de ellos le sugiere irse de la bulliciosa Viena y así lo hizo, pasó seis meses en Heiligenstadt donde compuso la segunda sinfonía. De acuerdo a las creencias del público general sobre los artistas, se esperaría encontrar la terrible angustia de Beethoven en ésta obra, pero no es así. La visión romántica del gran músico que plasma su biografía en lo que está componiendo es un error ha afectado históricamente las interpretaciones en muchas de sus obras.

“En esta sinfonía todo es noble, enérgico y orgulloso. La introducción es una obra maestra. La canción es de una solemnidad conmovedora… El ritmo es ya más audaz, la instrumentación más rica, más sonora, más variada… El segundo movimiento es total y serenamente feliz, el scherzo es francamente alegre en su caprichosidad fantástica… El movimiento final es de naturaleza similar, de un carácter juguetón, más picante”. Escribió Héctor Berlioz al describir esta sinfonía.

Beethoven dirigió su estreno el 5 de abril de 1803 en el Teatro de Viena, en general fue bien recibida, aunque no faltaron algunas críticas. Se trata de una sinfonía realmente bella, de una gran solidez entre sus partes, una obra maestra con una fuerte influencia de las últimas sinfonías de Mozart; su innovación principal es que aparece por primera vez un scherzo en vez de estándar minueto. Los musicólogos la catalogan entre las últimas obras de su primera etapa.


Sinfonía no.3 en Mi bemol mayor, op.55, Heroica

Compuesta durante el verano de 1803 originalmente titulada Bonaparte, estaba destinada como un homenaje a Napoleón Bonaparte, admirado por Beethoven por considerarlo un libertador de Europa al encabezar la Revolución Francesa cuyos ideales democráticos y republicanos convencía. Austria había sido invadida por Napoleón un par de años atrás, así que la idea de Beethoven era bastante provocadora. Pero cuando Napoleón traiciona los ideales de la Revolución al autoproclamarse monarca, borra la dedicatoria y la subtitula Heroica, para entonces, la sinfonía ya estaba terminada y la dedica finalmente al príncipe Joseph Franz von Lobkowitz, melómano y violinista en cuyo palacio había una sala de concierto en donde finalmente se estrenaría la sinfonía.

Se trata de una obra completamente innovadora, alejada del modelo clásico vienés de la sinfonía de Haydn y Mozart. El hecho de que Beethoven haya tenido en mente la figura de Napoleón no significa que se trate de una obra basada en ideas extramusicales, es una de las grandes obras maestras de la historia de la música, sin necesitar ir más allá del discurso musical para reconocerla como tal. Pero las curiosidades siempre llaman la atención, y es curioso que el segundo movimiento sea una marcha fúnebre ¿Qué tiene que hacer una marcha fúnebre en una obra supuestamente realizada en homenaje a Napoleón? No lo sabemos, pero cabe especular que se trata del mismísimo entierro del estilo clásico de la música, como muchos desde entonces lo han sugerido. La lista de detalles innovadores de esta sinfonía es muy grande, para empezar, su extensión y compleja elaboración de los materiales es mucho mayor de lo que se venía haciendo, el uso de tantas tonalidades y variantes rítmicas, y el mismo concepto global de crear una obra altamente expresiva valiéndose de los elementos anteriores. Esta sinfonía es como la semilla del romanticismo musical que no tardaría en desarrollarse.


Sinfonía no.4 en Si bemol mayor, op.60

Después de la monumental tercera, realiza una sinfonía mucho más serena y alegre. Amante de la segunda de Beethoven, el conde de la Alta Silesia Franz von Oppersdorff le encarga a Ludwig que componga otra sinfonía pagándole por anticipado y dándole hospedaje en su palacio. Beethoven comienza a trabajar en ella en el verano de 1806 y la termina en otoño de ese mismo año, pero se estrenaría junto con otras dos de sus grandiosas composiciones: la obertura Corolian y el Concierto para piano no. 4 -donde él mismo fue el solista- hasta marzo de 1807 en el palacio del príncipe von Lobkowitz.

Realiza una sinfonía de carácter semejante a la segunda, vuelve a ser más apegada al modelo clásico, pero no faltan los detalles innovadores siendo el más notable la extensísima introducción de carácter misterioso que está llena de elementos que se desarrollarán a lo largo de toda la obra; luego, se acaba el misterio precipitándose a un tempo y carácter alegre que sorprende. El segundo movimiento es de un consumado lirismo lleno de sutiles detalles de inflexión y cambios armónicos del más fino dramatismo. El tratamiento orquestal es magistral a lo largo de la obra que termina brillantemente en un movimiento en el que se evidencia una fuerte influencia de lo mejor de Haydn y Mozart para concluir sus más brillantes sinfonías.


Sinfonía no.5 en Do menor, op.67

Su primera sinfonía en modo menor. Es interesante el hecho de que tanto Haydn como Mozart con sus vastas producciones sinfónicas, hayan compuesto poquísimas en modo menor, Mozart ¡solo compuso dos! su penúltima sinfonía en Sol menor es la más interpretada, inicia con un inconfundible tema misterioso. Haydn solo once, cuatro subtituladas: La Lamentatione, Trauer (luto), Abschieds (El adiós) y La Passione. Esto no es una trivialidad, el modo menor se percibe como más inestable y oscuro, características poco deseables durante el llamado “Siglo de las luces”. A partir de Beethoven y con el inicio del Romanticismo aumentó la escritura sinfónica en modo menor . La tonalidad de Do menor revela un Beethoven muy personal, de gran intensidad y dramatismo, como ejemplos están sus sonatas para piano no.8 y 32, la obertura Corolian y el segundo movimiento (la marcha fúnebre) de la tercera sinfonía. Cabe mencionar que entre sus obras predilectas estaban el Concierto para piano no.24, la Sonata para piano no.14 y la Gran misa, todas de Mozart en Do menor.

Empezó a trabajar en la Quinta en 1805 y se estrenaría el 22 de diciembre de 1808. La sinfonía pronto atraería poderosamente la atención y se convertiría en la más interpretada y conocida de la historia. Caben muchos adjetivos para describirla: Poderosa, dramática, terrible… El incisivo y elocuente tema inicial de dos motivos de cuatro notas en doble forte atrapa e intimida a cualquiera, es netamente rítmico y hace presencia en toda la sinfonía, muy disimuladamente en segundo movimiento. La unidad perfecta de la sinfonía la hace parecer un monolito pese a que son muy diferentes cada uno de los movimientos, el tratamiento del motivo principal es uno de los factores principales para lograrlo. El primer movimiento es el más breve de todas sus sinfonías pero el de mayor ímpetu e inestabilidad, generalmente el primer movimiento de una sinfonía es el más extenso, pero aquí el segundo termina compensando con su mayor extensión y le es un perfecto contraste: inicia con una bella cantable melodía en las cuerdas que se contrasta con otro tema de carácter marcial dominado por los metales, ambos temas son variados a lo largo de todo el movimiento, en una de las últimas variaciones del tema de las cuerdas la obra alcanza un clímax solo superado por el que se logra en la transición entre el tercer y cuarto movimiento: dos grandiosos momentos de la historia de la música. Una sinfonía apasionante y sorprendentemente original.


Sinfonía no.6 en Fa mayor, op.68, Pastoral

Su Quinta y Sexta sinfonías las compuso simultáneamente, y no pueden ser más diferentes una de otra. Se estrenaron juntas. Cuando Beethoven tenía doce años se anunció en un periódico musical la publicación de tres de sus sonatas, en la misma edición también se hablaba de una nueva sinfonía subtitulada Retrato Musical de la Naturaleza una obra de Heinrich Knecht que estaba compuesta de cinco partes, cada una de ellas con una descripción textual de un evento de la naturaleza; se trata del caso de una sinfonía de música programática que seguramente Beethoven conoció y estudió.

Beethoven realiza un bellísimo paisaje dinámico musical, en donde se refleja su gran amor y admiración por la naturaleza. La sinfonía la elabora también en cinco partes o movimientos como Knecht, rompiendo el modelo ideal clásico de la sinfonía que es de cuatro; también hace una descripción textual de cada movimiento: 1. Despertar de los alegres sentimientos al llegar al campo 2. Escena junto al arroyo 3. Alegre reunión de campesinos 4. Relámpagos, tormenta 5. Los pastores cantando sentimientos de gratitud tras la tormenta. La melodía principal del primer movimiento efectivamente logra transmitir el regocijo del hombre conmovido por la vista y aroma de un bello paisaje. Y así cada movimiento de la sinfonía logra prodigiosamente transmitir lo que se describe haciendo uso de un refinamiento instrumental y orquestal magistral para lograr tales efectos. Sobre la escena del arroyo, Berlioz menciona que está seguro que Beethoven compuso ese adagio acostado en la hierba mirando al cielo; y sobre la escena de relámpagos y tormenta escribe:

“Me desespero de ser capaz de transmitir una idea de esta pieza prodigiosa. Tiene que ser escuchada para entender la música como imitación realista y sublime puede convertirse en las manos de alguien como Beethoven. Escuche las ráfagas de viento con harta lluvia, el rugido sordo de los bajos, los agudos silbidos de flautines anunciando la terrible tormenta que se acerca el punto de estallar. El huracán se aproxima y el aumento de la intensidad. A escala cromática enorme, a partir de los instrumentos de la parte superior, se sumerge en las profundidades de la orquesta, recoge los bajos en el camino, los arrastra hacia arriba, como un torbellino creciente que barre todo a su paso. Los trombones luego estalló el trueno de los timbales se intensifica la violencia, lo que es más largo sin lluvia y el viento, sino un terrible cataclismo, un diluvio universal…”

“¿Es realmente necesario después de esto escribir de las rarezas de estilo que se encuentran en esta gran obra: los grupos de cinco notas sobre los violonchelos chocar con pasajes de cuatro notas en los contrabajos, que muelen juntos sin ser capaz de fusionar en al unísono? ¿Hay que mencionar la llamada de cuerno que desempeña un arpegio en el acorde de C, mientras que las cadenas sostienen que de F? ... En verdad no puedo.”


Sinfonía no.7 en La mayor, op.92

En la Séptima, la arquitectura tonal se vuelve más compleja y encuentra nuevas posibilidades de relacionar las diversas tonalidades que se van desarrollando alrededor de la principal (La mayor) a lo largo de la sinfonía. Además de esta nueva riqueza armónica, la característica más obvia de esta sinfonía es su variada y fuerte carga rítmica, “La apoteosis de la danza” la llamó Wagner. Para enfatizar el ritmo a lo largo de la sinfonía las melodías son contenidas y pocas veces líricas.

El segundo movimiento es el que ha cautivado la imaginación del público desde el mismo día de su estreno el 8 de diciembre de 1813 en Viena, donde tuvo que ser repetido ante la insistente petición de los asistentes. Se trata de un movimiento que tiene cinco partes de los cuales la primera, tercera y quinta se basan en un tema, segunda y cuarta en otro, pero todas bajo un mismo “ritmo de fondo”. El primer tema es muy simple, repetitivo, elegiaco ya con el acompañamiento orquestal que conforme avanza algo cambia, algo se agrega, se va acumulando energía hasta que alcanza un catártico clímax que pronto regresa a la calma. El tercer movimiento es un scherzo avasallador que jala al escucha con sus acentos, es difícil no involucrarse con esta música. El cuarto y último movimiento es una forma sonata ya de una total exhuberancia, una fiesta en grande que cierra con brío. Una obra maestra de una grandeza de sonido insuperable que sólo exige una orquesta modesta, lo que revela su gran dominio técnico de la escritura orquestal.


Sinfonía no.8 en Fa mayor, op.93

En 1812 Beethoven compone su Octava con una facilidad y rapidez asombrosa, “mi pequeña sinfonía en Fa” la llamaba él mismo. Es quizá su sinfonía menos escuchada pese a que Beethoven mismo la apreciaba mucho, la consideraba una de sus mejores composiciones. Modesta en dimensiones, de todas sus sinfonías es la más lúdica y por momentos inocente; una vez más su obra no refleja su biografía: mientras trabajaba en ella vivía desgastantes problemas familiares, una relación amorosa apasionada (con una mujer casada) y su sordera estaba empeorando. Él mismo dirigió su estreno y según refirieron testigos presenciales del evento, Beethoven hacía indicaciones fuera de momento por lo que mejor se guiaban del primer violín.

La obra abunda en detalles que parecen deliberadamente cómicos, juegos con súbitos silencios, notas inesperadas, giros armónicos y rítmicos sorprendentes sin la más mínima preparación, acentos que confunden, que generan ambigüedad, y un último movimiento de exagerada grandilocuencia que concluye con una elaboradísima coda. No es humor negro de parte de Beethoven, realmente la sinfonía es muy ingeniosa y escucharla, todo un gozo.


Sinfonía no.9 en Re menor, op. 125

"La música es la entrada incorpórea a un mundo de conocimiento elevado que comprende a la Humanidad pero que la Humanidad a veces no alcanza a comprender"

En 1822 Beethoven inicia lo que sería su última sinfonía, una sinfonía titánica, inaudita y complejísima que concluiría en 1824; la Octava la había realizado hacía ya doce años. Sordo, ya no podía dirigir ni ejecutar, aislado, ya sin la atención que generaba años atrás, así compuso sus últimas obras, todas grandiosas, música para el futuro y la perpetuidad. Fueron y siguen siendo las más misteriosas, grandiosas e incomprendidas: sus últimas cinco sonatas para piano, las últimas dos sonatas para piano y chelo, los últimos cinco cuartetos de cuerda, la misa solemne, la gran fuga y la novena sinfonía.

En una ejecución ideal de la Novena ésta parece no comenzar, simplemente se percibe a lo lejos un murmullo vago opaco en las cuerdas que se va haciendo más notorio; es el primer detalle original de la obra, efecto que copiarían muchos después. Parece todo suelto, pero que conforme avanza se va organizando, como la antesala de algo importante, hasta que de repente estamos llenos de material temático. El segundo movimiento es un vigoroso alegre scherzo fugado donde el timbal tiene un destacado rol en las irregularidades rítmicas que se acontecen. El tercer movimiento es un adagio conmovedor de un lirismo insuperable, formado de variaciones de dos temas; es tan diferente a los anteriores movimientos que parece un nuevo comienzo, crea un punto de descanso reparador después de tanta inestabilidad que nos prepara para la grandeza que viene. El movimiento final tiene una forma híbrida, Beethoven combina diferentes formas: sonata, variaciones, cantata, fuga y ópera. En la parte final del movimiento aparece un recitativo que comienza en las cuerdas bajas que prepara la llegada por primera vez en la historia de la voz humana en una sinfonía, primero un barítono instando a dejar de lado las tristezas, los solistas y luego el coro cantando con una bella melodía la Oda a la Alegría, texto de Schiller que tanto amaba Beethoven, en donde se habla del resurgimiento de la hermandad entre los hombres. Un momento sublime, el más glorioso en la historia de la música. El gran director Wilhelm Furtwängler describe:

“Lo que le instó a Beethoven en la Novena a introducir un texto, a usar la voz humana, no fue más que una urgencia nacida de los movimientos precedentes y fue el tema de su último movimiento lo que inspiró todo lo demás. Raramente hay algún otro ejemplo en la historia de la música que demuestre tan claramente las posibilidades de la música puramente abstracta. La virtud de Beethoven no reside en la idea como tal, sino en su poder para transformar esa idea tan completamente en música.”

Después, viene una sección de introducción marcial en otra tonalidad (Sib) donde el coro hace una variación del tema de la Alegría. Luego un silencio que de pronto rompe el tema que será una fuga con el coro que dice ¡a vosotros millones de seres yo os abrazo!, el tema de esta fuga se combina con el de la Alegría desarrollándose una complejísima fuga doble. Luego el final del final: da un giro al género operístico, con una coda increíblemente alegre y brillante. Así termina la sinfonía que empezó como un rumor.

La partitura original está inscrita en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO. Una obra que además de representar los ideales más altos del hombre, es uno de los trabajos intelectuales más formidables de todos los tiempos.




Fuentes:

-Kramer, Jonathan. Invitación a la música. Ed. Vergara 1993. Trad. Ana Arduino.
-Berlioz, Hector. A critical study of the symphonies of Beethoven. Trad. Michel Austin.
-Lord, María & Snelson. Historia de la Música. Ed. H.F. Ullmann. 2008. Trad. Mariano Ramírez.




En realidad Mozart pudo haber compuesto alrededor de 60 sinfonías pero se han perdido, o solo se conservan fragmentos (la mayoría manuscritos tempranos).

Haydn de 108-11 en modo menor / Hoffman 67-2 / Salieri 3-0/ Mozart 41-2 / Beethoven 9-2 / Schubert 9-2 / Mendelssohn 5-3 / Schumann 4-1/ Brahms 4-2 / Bruckner 9-5 / Mahler 10-6 / Tchaikovsky 6-5

Música descriptiva que intenta retratar una escena o contar una historia, contrario a la música absoluta. La música programática es un ejercicio común de toda época y región, se conservan obras del S. XIV donde se busca imitar el canto de los pájaros.

Beethoven citado por Bettina von Arnin, carta a Goethe, 1810.

Con pasajes a manera de fuga. La fuga es una forma de construcción musical basado en la imitación de una o más melodías en las diferentes voces y que se sucede en diferentes tonalidades. Es una forma y técnica contrapuntística.

martes, 5 de enero de 2010

Tikkun Olam

“La sabiduría es lo principal; por lo tanto, adquiere sabiduría y conocimiento de cada cosa”
Proverbios 4:7
“¿Quién es sabio? Quien aprende de los otros. ¿Quién es un héroe? Quien controla sus pasiones”
Pirkei Avot
Hace unos días recibí en mi correo electrónico una carta cuyo título era “Sencillez para los hijos en Ciudad Obregón” en la que alguien (no conozco a quien la envía) conminaba a los padres de familia de los colegios privados de Ciudad Obregón a formar un frente común para “enseñar valores” a sus hijos en casa y no dejarle todo el trabajo a las escuelas ya que están muy preocupados por el alto consumo de alcohol y drogas y por su lenguaje, sus actitudes violentas, irrespetuosas y su irresponsabilidad hacia la casa y la escuela. Pero también se lamentan de su falta de conciencia ecológica y del abuso de los recursos como el agua, la luz, etcétera.
La carta es una especie de “receta” en la que se describen, paso a paso, varios ingredientes para una buena “educación”. Por ejemplo, se les “invita” a los padres de familia a ya no ser tan condescendientes con sus hijos, a no darles todo lo que piden sin exigirles nada, a no tratar como inferiores a sus empleados domésticos o a las personas que les prestan algún servicio, no ir a misa sólo para ver cómo andan vestidos fulano o sutana, no compararles carro sino hasta los 18 y uno “austero”, no de lujo, respetar a sus maestros, pasar más tiempo en familia, tener sólo una tele en casa, etcétera.
Pero, ¿por qué hasta hoy? ¿Por qué no haber detenido esta vorágine de consumismo y deshumanización hace 20 o 25 años? “Es que antes no había tantas cosas malas en la televisión” dicen. “es que ahora el mentado internet y los celulares y los videojuegos violentos los tienen así” dicen otros. ¿Será? Es muy fácil culpar a la tecnología, a las escuelas, a los amigos y desentendernos de nuestra responsabilidad en la formación de nuestros hijos. Pero, reflexionemos un momento respecto de lo que nosotros somos. Echemos un vistazo a nuestro estilo de vida y hallaremos la verdadera causa de todos los males que aquejan a nuestros jóvenes y niños actualmente.
Dice un refrán bien conocido que se predica con el ejemplo. Basta ver cómo se comportan los “adultos” hoy en día para entender por qué sus hijos son como son. Todos quieren tener sus “juguetes”: sus carros ostentosos (con tele, de ser posible), el último modelo de teléfono móvil, una mega pantalla plana, una laptop con muchos jueguitos y con internet para “chatear”. Sus i-pods, sus blackberries, en fin. Queremos entretenimiento y placer instantáneo todo el día y a cualquier hora. “Para eso trabajamos”, dicen los pseudo adultos, “para darnos gusto y dárselo a nuestros hijos”. Muy bien. Pero, ¿Y qué hay de lo demás? ¿No es el bienestar todo lo que no se adquiere con dinero pero que forma también parte de nuestra felicidad como la amistad, la naturaleza, la paz social, la igualdad, la justicia? Respondamos honestamente a las siguientes preguntas y tal vez allí encontremos la respuesta a nuestra preocupación.
¿Cuál es la primera palabra que usted pronuncia al despertar? ¿Cuántas veces al día maldice por algo o por alguien? ¿Dedica un instante a dar gracias a Dios por la vida, por la salud, por la familia? ¿Cuánto tiempo del día le dedica a su arreglo personal? ¿Cuánto a divertirse o entretenerse? ¿A cuántas personas ayuda desinteresadamente durante el día? ¿Cuántas veces al día dice las palabras “yo” “mío”, “a mí”? ¿Quién está en sus rezos nocturnos? ¿Cuántas veces al día habla del carro, del trabajo, de deudas, de dinero? ¿Cuándo se detiene un momento a contemplar el amanecer, el atardecer o a escuchar a los pájaros o a admirar las flores, las plantas, los árboles?
¿Cuántas groserías dice diariamente? ¿Ha leído un buen libro últimamente? ¿Ha leído por lo menos un libro en toda su vida? ¿De qué trataba? ¿Le gustó? ¿Le dejó alguna enseñanza? ¿Cuánto sabe acerca de las estrellas del momento? ¿Cuánto tiempo pasa viendo la televisión? ¿Qué tipo de programas? ¿Culturales?, ¿Deportivos?, ¿De entretenimiento?, ¿De chismes?, ¿Películas violentas?, ¿Cine de arte? ¿Le dicen algo los nombres Octavio Paz, Mozart, Emiliano Zapata, Gandhi, Einstein? O le son más familiares éstos; Angelina Jolie, Michael Jackson, Valentín Elizalde, Galilea Montijo?
Y, por otro lado, ¿Cuánta agua usa usted para bañarse?, ¿Cuánto papel utiliza a diario?, ¿Cuánta comida desperdicia porque ya se “atascó” y la tira a la basura?, ¿Separa usted al basura en orgánica e inorgánica?, ¿Cuántos aparatos eléctricos tiene encendidos simultáneamente? ¿Cuándo camina en vez de usar su carro? ¿Recicla los envases de plástico? ¿Los de aluminio? ¿El papel? ¿Cuántas cosas que no necesita y que no usa en absoluto tiene en su garaje? ¿Cuántos museos o galerías hay en su ciudad? ¿Cuántas bibliotecas públicas? ¿Cuántos lotes de carros, car wash, estéticas y expendios de cerveza?
De las respuestas que hayamos dado a estas preguntas está hecha la realidad que nos circunda. Somos lo que pensamos, pero también lo que hablamos y lo que hacemos. Vivimos en el lugar que merecemos. El que nosotros hemos escogido y hemos diseñado. Mentira que lo malo viene de fuera. Mentira el argumento del “efecto cucaracha” tan esgrimido por los “orgullosamente sonorenses”. Mentira. Lo malo o lo bueno que suceda en un lugar es, en gran medida, responsabilidad de sus habitantes.
En el judaísmo existe un concepto llamado Tikun Olam ( תיקון עןלם) que significa, literalmente, “reparar el mundo”. Este precepto es parte del código moral que rige la vida de los judíos. Se refiere a nuestra responsabilidad y a nuestra participación directa en el daño que hemos causado al mundo, no sólo en términos naturales o ecológicos, sino también al daño que hemos hecho a cualquiera de nuestros semejantes. Pero, ¿cómo se conecta esta idea con la anterior? Se preguntará el lector. Simple. Lo que somos o dejemos de ser, depende directamente de cómo decidamos vivir nuestras vidas. Y a su vez, esa decisión afectará al mundo en que vivimos y a todo cuanto sucede en él. Si existe el Tikun Olam, es justamente porque, al menos dentro del judaísmo, se tiene plena conciencia de que hemos dañado al mundo y lo seguimos haciendo y que es preciso repararlo en la medida de lo posible y cuanto antes ya que de eso dependerá su supervivencia.
Sonora ha vivido, recientemente, varias experiencias trágicas, tanto en el ámbito social como en el natural. Álamos, hace 2 años; Guaymas y Empalme en septiembre y ahora Cajeme con “Patricia”. El panorama es desolador. Muchas familias en situaciones vulnerables quedaron sin absolutamente nada por no hablar de la destrucción de edificios históricos, patrimonio cultural de la humanidad. Pero también está Hermosillo, con la terrible tragedia de la guardería ABC debido al descuido, al desinterés y a la negligencia de los gobiernos y las autoridades. ¿Quién ha protestado por ello? ¿Cuántas personas apoyaron las marchas solidarias de los familiares de los niños muertos? ¿Cuántas toneladas de ropa, medicina y comida se enviaron de Obregón hacia Guaymas o Álamos? Hubo muy poca respuesta, casi nula, ante ambos acontecimientos.
Estos acontecimientos, más que movernos a echar culpa a los demás, nos debe mover a la reflexión profunda, a la auto crítica y a asumir nuestro papel protagónico en la realidad actual. Nuestros jóvenes y nuestros niños son, nada más y nada menos, el reflejo de nosotros mismos. Para que la imagen que nos devuelva el espejo sea buena y bella, tenemos que comenzar por cambiar drásticamente nuestra actitud hacia la vida, nuestras malas costumbres, nuestra propensión e inclinación hacia lo material y no hacia lo espiritual. La única forma posible de lograrlo es adquiriendo sabiduría, cultivándonos, educándonos para cambiar nuestros gustos y aficiones mundanos por otros más altos, más sublimes. Debemos comenzar a “reparar el mundo”.

teresa_padron@hotmail.com