When I was Young, I
admired clever people. Now that I’m old I admire kind people.
Abraham Joshua
Heschel
Para Amos, quien piensa
con el corazón y ama con la razón
La palabra hebrea para sabiduría es “jojmá” . Un sabio es un
“jajam”. Y en hebreo la palabra cálido, es “jam”. Un hombre que posee un
corazón bondadoso tiene un “lev jam”. La
palabra cálido, aplicada al carácter de las personas quiere decir “bondadoso,
generoso, agradable”, y la palabra sabiduría quiere decir también madurez,
prudencia, acierto, conocimiento, experiencia. Etimológicamente, en hebreo,
ambas palabras, sabiduría “jojmá” y calidez “jamim”, poseen la misma raíz, las
letras Jet y Mem (חם). Muchos sabios dicen que es así porque ambas
cosas, la sabiduría y la calidez humanas, es decir, la bondad, son sinónimos.
Crecí escuchando que a la gente buena le llamaban estúpida.
Que el mundo era de los astutos y que el más vivo vivía del más idiota. También
crecí escuchando que no había gente buena en el mundo y que los pocos que
quedaban lo eran porque eran tontos, cobardes o porque no tenían ningún
atributo físico. En el fondo, nunca me lo creí y con el tiempo he llegado a
comprobar que quienes decían eso estaban equivocados y que yo tenía razón. Que
la gente buena es mucha y que, al contrario de lo que me decían, la mayoría de
esa gente es inteligente, independiente, dueña de su vida y eso los hace bellos
(al menos a los ojos de otras personas igualmente buenas o inteligentes).
Hoy más que nunca vivimos en un mundo que no valora a las
personas por lo que son sino por lo que tienen. La bondad, la amabilidad, el
respeto, la cordialidad, la generosidad han dejado de ser atributos loables y
en cambio, ahora consideramos digno de admiración a alguien rico, famoso (incluso
por algo malo), físicamente dotado, audaz, atrevido, astuto, y, sobre todo,
admiramos a quienes aprovechan su poder para abusar o dominar a otros.
Sólo basta ver quiénes son los héroes actuales para darnos
cuenta cuales son las “virtudes” que se aprecian hoy en día: futbolistas,
modelos, actores y actrices de muy mala categoría y reputación; criminales
famosos, gángsters, políticos corruptos (pero ricos), chicas audaces que se
atreven a decir lo que piensan sin pudor en la red y que se ganan la popularidad
y la simpatía de la mayoría de los idiotas que las escuchan y las siguen.
¿Dónde quedaron los héroes de la época de Oro de la
literatura? ¿Dónde se fueron Ájax, Odiseo, Héctor, Aquiles, Don Qujote, el
Amadís de Gaula, el Mio Cid? ¿O de la Historia, con mayúscula, como Gandhi,
Martin Luther King, Abraham Lincoln, Juárez, Iturbide, Guerrero, Allende? ¿O algunos que fueron poetas y escritores y
que, al mismo tiempo, usaron su arte y su poesía como arma contra la tiranía de
sus países como Miguel Hernández, Federico García Lorca, Reinaldo Arenas? ¿Qué
fue de los hombres y mujeres que dieron su vida o la arriesgaron por una causa
justa o que inventaron o descubrieron cosas que ayudarían a la humanidad entera
como Marie Curie, Oskar Schindler, Louis Pasteur? Nadie los conoce. Nadie ha
oído de ellos y a nadie le importa. Mucho menos a los millones de héroes
anónimos, soldados desconocidos, que dieron su vida para que a nosotros nos
tocara vivir en una sociedad más “justa” y “libre” (nótense las comillas).
¿Por qué ser una buena persona es sinónimo de ser un “loser”? ¿Por qué ahora todo mundo educa
a sus hijos para ser “triunfadores”, “ganadores”, “competitivos” sin importar a
quién se lleven por delante y sin detenerse a pensar en si sus actos afectan a
otros? ¿Contra qué o contra quién están compitiendo? ¿Y cuál es el juego y cuál
es el premio?
Lo que yo he visto, a lo largo de mi medio siglo de vida, o
al menos desde que comencé a percatarme de lo que pasaba en torno mío, es que el
éxito en el terreno económico o social no es sinónimo de felicidad y que la
gente que vive para alcanzar ese tipo de éxito, casi nunca logra estar cien por
ciento satisfecha. Una de las razones es tal vez el hecho de que, por más
riqueza y poder que acumulemos, jamás podremos, por ejemplo, comprar el afecto
y el cariño de las personas. “Money can´t buy me love”, decían los Beatles allá
por 1962.
Además, por más dinero o poder que alguien tenga, ¿puede
acaso librarse de la muerte, de las enfermedades, de las tragedias? No. El
dinero y el poder nos sirven como armas de control, pues una persona poderosa o
rica infunde temor, miedo e incluso terror a veces. Pero alguien que se hace
respetar a través de ese tipo de control, es justamente porque no posee
virtudes que lo hagan amable, querible, entrañable.
En su obra de teatro “Calígula”, el escritor francés Albert
Camus describe al tirano emperador como un ser mucho más vil de lo que nos
dicen los libros históricos. Alguien capaz de cometer actos sádicos, crueles y despiadados con tal de obtener lo
que desea. Pero como lo que ahora desea es nada más y nada menos que volver a
la vida a Drusila, su hermana y amante y sabe que eso es imposible, trama su
propio asesinato. “Los hombres mueren y no son felices”, dice Calígula en la
obra.
En cambio, también a lo largo de mi vida he visto cómo, las
personas más sencillas, las que han vivido con lo indispensable, han sido
también las más felices. Pienso en este
momento en personas muy cercanas a mí , a quienes no recuerdo haber visto
tristes, enojadas o angustiadas y cuya compañía yo disfrutaba más que cualquier
otra. Dios siempre proveyó para ellas lo indispensable a través de mucha gente
que las quiso, justo por ser buenas.
No estoy negando que el dinero no sea necesario para vivir
una vida digna, sin tener que preocuparse por lo inmediato y para poder
dedicarnos a otras actividades que nos ennoblezcan y nos hagan crecer como
personas. No, lo que estoy diciendo es que cuando le concedemos más valor a
obtener más y más dinero, bienes o poder, nuestra vida se vuelve miserable,
vacía, sin sentido, pues es la ambición, el deseo de tener más de lo necesario,
lo que causa la desgracia humana.
Pero volviendo a lo de las personas buenas, si ser alguien
inteligente es sinónimo de ser alguien astuto, poderoso, rico o famoso, pues
eso conduce a la felicidad ¿cómo es que la mayoría de estas personas no logran
ser felices? Y si, por el contrario, ser alguien estúpido es sinónimo de ser un
perdedor, un don nadie, un cero a la izquierda, alguien de bajo perfil, ¿por qué
muchas de estas personas son más felices y están más satisfechas con su vida? Si
la felicidad se mide en términos de satisfacción, de alegría, de amor y de
bienestar, la mayoría de las personas con dinero y poder carecen de ellas,
mientras que las personas con menos recursos materiales, pero más recursos
humanos, afectivos, amistosos, manifiestan en cada aspecto de su vida, mucha
más alegría y felicidad que las primeras.
Porque, ¿qué es lo que finalmente queremos lograr a través
de lo que hacemos? Que nos amen. Que nos quieran y nos requieran, que busquen
estar cerca nuestro, que nos demuestren afecto, cariño, respeto y amor. Porque
no somos nadie si los demás no nos reconocen, si no nos ven, si no nos
consideran. Porque incluso el peor de los tiranos lo es porque no posee una
sola virtud que lo haga un ser amable, digno de amor y de respeto. Porque las
virtudes son difíciles de cultivar, requieren paciencia, humildad para aprender
de los demás, valor para reconocer nuestras limitaciones, capacidad de soportar
el dolor, tolerancia ante la frustración, constancia y otras muchas que sólo
poseen las personas inteligentes.
Y como es mucho más difícil cultivar estas virtudes que nos
hacen especiales, recurrimos a la violencia, al sometimiento, al terror y al crimen
para así hacernos presentes, para que nos vean, aunque no nos quieran, para que
nos teman, aunque no nos amen. Pues son muy pocas las personas realmente
inteligentes (que para mí es sinónimo de buenas), que poseen todo aquello que
los demás envidian porque no pueden tener: el respeto, la admiración y el amor verdaderos. Por eso es que las personas buenas son
inteligentes, porque se esfuerzan en cultivar las virtudes que los hacen ser
amados, pues eso, el amor, es por lo que la gente vive y muere, mata y da vida.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
Otoño, 2017

