
Las flores amarillas se ríen del exiliado
Borracho, veo cómo el viento se lleva mi gorro
Y me quedo bailando con la luna
Li Po
Li Po amaba profundamente la naturaleza, la amistad, la música, la poesía, pero sobre todo, el vino. En todos sus poemas el vino no sólo es una presencia constante, sino que es un compañero, un aliado, un amigo. Hijo de comerciantes exiliados en Turkestán, a causa de un crímen cometido por un antepasado suyo, él siempre sostuvo que era descendiente de príncipes y que de ahí le venía su inclinación a las artes y a la poesía, aunque tal vez él mismo se haya inventado su pasado. Pasó su infancia y su adolescencia dedicado a los estudios clásicos y a los 15 años dejó la casa paterna para irse a un monasterio taoísta y en esa época empezó una serie de peregrinajes en busca de la santidad, aunque no tuvo mucho éxito, ya que tenía otras aficiones, no muy acordes con su búsqueda espiritual. Por ejemplo, dominaba el arte de la espada y tenía una especial afición por la música y el vino. Se hizo caballero errante y como el quijote, anduvo impartiendo justicia por mano propia, defendiendo a las débiles y a los oprimidos y mandó al otro mundo a más de uno.
De todos modos, eventualmente y gracias a su fama como gran poeta, logró, por recomendación de un alto funcionario amigo de su familia, acomodarse en la corte del emperador Chang An, quien inmediatamente lo nombró Han Li o secretario imperial. Ahí conoció a otro gran maestro taoísta, ilustre poeta, He Zhizhang, quien se volvió su amigo entrañable y fue uno de los “ocho inmortales del vino”. Harto de la corrupción y los excesos dela corte, Li Po decide abandonar su trabajo y emprender un largo viaje para reencontrarse consigo mismo y con la naturaleza. Durante esa época, la dinastía de los T’ang pasa por un periodo de crisis interna aunado a las invasiones de mongoles y turcos. Hay sublevaciones por parte de algunos de los hijos del emperador como Li Shuan quien, indignado por la tiranía de su padre y de la miseria que reinaba en la mayoría d las provincias, se subleva con un gran ejército y Li Po se alista en sus filas. Es exiliado en la provincia de Guizhou, remota y lejana y durante el viaje aprovecha el largo camino hacia el exilio para hacer paradas continuas en cada una de las ciudades por las que pasa festejando con sus amigos la despedida con música, baile, poesía y vino, mucho vino.
Li Po exaltó en sus poemas al vino y sus bondades como elixir que incita al placer ya al contemplación de la belleza. Como fuente inspiradora de poemas sublimes y reflexiones filosóficas profundas. El vino como compañero de soledad y de andanzas. El vino como aliciente para cantar y exaltar la maravilla de la naturaleza. El vino como estimulante para alcanzar el Dao, el estado de perfección. Para comunicarse con Dios.
Es casi imposible imaginar, en la época actual, que el vino pueda provocar en alguien tal estado de gracia, de comunión con la naturaleza y con la vida en general. Inmersos como estamos en un mundo banal, superficial, en donde se rinde tributo a los placeres vulgares, a lo instantáneo, lo efímero y lo artificial y llenas nuestras cabezas con toda la basura comercial, la violencia, la estupidez y la falta de estímulos espirituales, el vino sólo provoca en nosotros un efecto adverso y diametralmente opuesto al que describe Li Po en sus poemas. El vino o el alcohol en cualquiera de sus formas, es un estimulante y un relajante del sistema nervioso central y, como tal, potencia lo que de bueno o malo haya en nosotros y lo deja al descubierto. Lo terrible es que cuando no se tienen nada bueno por dentro, ni espiritual ni intelectualmente, el vino sólo sirve para sumergirnos en un profundo estado de estupidez, casi siempre con consecuencias nefastas. Entonces ocurre que, al ser el causante de tantas desgracias, se le sataniza o peor aún, muchos lo usan como pretexto para hacer alarde de sus dotes de machos, de temerarios, de galanes. Para envalentonarse frente a los demás y decir todo lo que no se atreven estando sobrios.
En cambio, para Li Po y sus amigos, el vino era el estimulante al que acudían para sublimar todo lo que de bueno les rodeaba. Para rendirle homenaje al placer de estar vivos, de ser parte del Dao, es decir, de la fuerza vital que mueve al mundo, del fluir de la existencia. O sea, para sacralizar la vida y todo cuanto hay en ella.
Li Po murió a los 61 años en casa de un pariente a quien encomendó la edición de sus poemas. La leyenda e su muerte es my hermosa. Se dice que paseando en barca por el río amarillo, en una noche de borrachera, quiso abrazar el reflejo de la luna sobre la superficie del agua y murió ahogado. Reproduzco aquí algunos de sus más bellos poemas en donde sublima al vino.
Bebo solo, sin amigo
Alzo la copa e invito a la luna
Con mi sombra, ya somos tres
Más la luna no sabe beber
Y mi sombra me sigue en vano
Compañeras de un instante
Es preciso divertirse antes de que pase la primavera
Canto y la una se columpia
Bailo y mi sombra también
Antes de caer borracho, divirtámonos juntos
Cada uno se dispersará después
Seréis, sin alma, eternas amigas
Y un tiempo llegará en que, el la lejana Vía Láctea
Nos volvamos a encontrar.
Quedémonos bebiendo cientos de jarras
En la hermosa noche es bueno conversar
El fulgor de la luna nos impide dormir
Una vez borrachos nos acostaremos en la montaña vacía
El cielo será nuestra manta y nuestra almohada la tierra
¿Para que esforzarse?
Por eso paso el día borracho
Y, rendido, me acuesto ante una columna del portal
Al despertar, miro más allá del patio
Un pájaro canta entre las flores
Decidme, ¿en qué tiempo vivimos?
El viento de la primavera hace hablar a la oropéndola viajera
La emoción me hace suspirar
Pero, al ver el vino, me vuelvo a servir
Canto en voz alta, esperando a la luna brillante
Y, al terminar, ya no recuerdo nada
Las flores amarillas se ríen del exiliado
Borracho, veo cómo el viento se lleva mi gorro
Y me quedo bailando con la luna.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
Invierno, 2010


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