La Sinfonía en Re menor de César Franck, es una de las últimas grandes obras del periodo romántico de la música en Europa. Berlioz había inaugurado el romanticismo musical en 1830 con el estreno en París de su Sinfonía Fantástica. César Franck, estrenaría su sinfonía en 1889 en el Conservatorio de París, un año antes de morir.
El Romanticismo impacta en Europa durante el siglo XIX. Surge en Inglaterra y Alemania como un movimiento filosófico-literario en contra del exacerbado racionalismo y la rigidez formal característica en todos los ámbitos durante gran parte del siglo XVIII. Al impactar en la música, la libera de los gustos de la aristocracia y estereotipos clásicos, permitiendo emerger más la personalidad del músico. No significó una música más simple, al contrario, las mismas libertades llevaron a la escritura musical a un altísimo grado de complejidad. Pero tampoco fue una ruptura con lo que se venía haciendo y desarrollando durante el clasicismo; por ejemplo, se siguió cultivando la forma sonata, aunque con mayores libertades, expandiéndola, buscando superar limitaciones expresivas.
César Franck era más reconocido como organista e improvisador que como compositor. Fue hasta después de su muerte, cuando sus discípulos[1] comenzaron a destacar y difundir su obra que, adquirió la relevancia como compositor que hoy tiene. Su obra abunda en magníficas piezas para órgano y música vocal sacra, aunque, varias de sus creaciones más grandes son para música de cámara y orquesta sinfónica. Para orquesta sinfónica compuso nueve obras: cinco poemas sinfónicos[2], dos conciertos para piano, dos variaciones y una sinfonía.
La Sinfonía en Re menor tuvo una mala recepción en su estreno, las razones de ello no están claras. Probablemente tenga que ver con el hecho de que, si bien su forma es clásica, el lenguaje, el tratamiento de los temas y algunos detalles de instrumentación son muy originales; a veces la orquesta pareciera estar emulando sus improvisaciones al órgano. Pero finalmente, al paso del tiempo, la obra ha ocupado su lugar merecido entre las grandes sinfonías, y a César Franck, entre los grandes compositores de todos los tiempos. Su música se caracteriza por su cromatismo, diversidad de texturas, denso tejido contrapuntístico, frecuentes modulaciones y gran riqueza armónica. Suena siempre fluida, y hay en ella, un fino halo de misterio.
Sinfonía en Re menor
I. Lento. Allegro ma non troppo.
II. Allegretto
III. Finale. Allegro non troppo.
Orquestación indicada: 2 flautas, 2 oboes, 1 corno inglés, 2 clarinetes en Si bemol, 1 clarinete bajo en Si bemol, 2 fagots, 2 cornos en Fa, 2 trompetas en Fa, 3 trombones, tuba, timbales, arpa y sección de cuerdas completa.
Primer movimiento:
Lento. Allegro ma non troppo:
La sinfonía comienza directamente con el tema principal en tonalidad de Re menor tocado por las violas, violonchelos y contrabajos (a). Hay algo curioso. El motivo de tres notas con que inicia el tema, lo utilizaron Beethoven, en su Cuarteto en Fa mayor Op.135, en cuyo manuscrito escribió Muß es sein?[3]; Wagner, en El Anillo de los Nibelungos como parte del tema del cuestionamiento del Destino; y Liszt en su Les Préludes. Tres compositores que fueron influencia fundamental para César Franck y un motivo, como un cuestionamiento.
(a). Inicio de la Sinfonía. El tema principal. Compases 1 al 6.
El primer movimiento, es una forma sonata con una constante sucesión de tiempos completos Lento y Allegro. El tema principal, aparece con mucha recurrencia pero en diferentes tonalidades, tempos e instrumentos.
La sinfonía tiene un clímax muy pronto. Al terminar la presentación del tema principal en el Lento, una escala ascendente que va en crescendo, de un piano a un fortísimo, mientras que es acompañado de trinos en las cuerdas, crea una acumulación de energía enorme que explota cuando llega, de nuevo, el tema principal, pero ahora vigoroso en Allegro y acompañado de unos remates de timbales. El resultado es impactante. Éste momento se vuelve a repetir, pero ya no sorprende igual. En el segundo Allegro, hacen su aparición dos temas secundarios, más «luminosos», en la tonalidad de Fa mayor. Destaca el segundo (b) de ellos donde suena la orquesta completa. Luego sigue todo un desarrollo.
(b). Segundo tema secundario. Compases 129-135
Al final, el movimiento termina con una recapitulación que sirve de resumen para no olvidar los temas.
Segundo movimiento:
Allegretto.
Inicia con el arpa tocando acordes mientras las cuerdas le acompañan con notas en pizzicato. Pronto calla el arpa e inmediatamente, el corno inglés comienza a sonar una melodía lírica (c); y mientras «canta», los pizzicatos en las cuerdas continúan acompañando. Luego, se reincorpora el arpa. Esto acontece bajo un ritmo ternario cuyo segundo tiempo está silenciado en el acompañamiento, creando un efecto de avance y pausa que estimula la imaginación. Franck describía su sinfonía como clásica (aunque admitía que era atrevida) y de música pura, pero que, mientras estaba componiendo el Allegretto, en los primeros compases, vagamente se imaginó una procesión antigua.
(c) La melodía del corno. Tema principal del movimiento. Compases 16-24
Hay un segundo tema. Una melodía de registro agudo y de poco movimiento en los violines que aparece en el compás 49. Pero luego, reaparece la melodía del corno que domina todo el movimiento, ya sea completo, variado o fragmentado, y también con variantes en el acompañamiento. En un momento, el tema lo «cantan» juntos el corno y el clarinete.
Antes del final, las cuerdas tocan lo que pareciera ser un nuevo tema, pero se trata de una variación del acompañamiento del arpa y las cuerdas del inicio. En la Coda, los violines tocan reminiscencias del segundo tema, y todo termina en calma.
Tercer movimiento:
Finale, Allegro non troppo
El movimiento final de la sinfonía es brillantísimo, empezando por su inolvidable primer tema, el principal; un tema sincopado (d).
(d) Tema principal del movimiento. A dos fagotes. Compases 7-12
Luego, reaparecen los temas de los movimientos anteriores. Con esto, la sinfonía adquiere forma cíclica, logrando una sólida unidad. La riqueza temática, con sus variantes, contrastes y unificaciones a lo largo del movimiento es extraordinaria, y su tratamiento genial.
Luego de reaparecer notablemente el primer tema de la sinfonía, llega la Coda final, que es magnífica. En ella la orquesta suena completa, a todo volumen, incluyendo sostenidos redobles de timbales. El tema sincopado del inicio del tercer movimiento, termina siendo proyectado al infinito.
Fuentes:
-Kramer, Jonathan. Invitación a la Música. Ed. Vergara, 1993
-Beales, Brendan. Royal Philharmonic Orchestra, Cesar Franck Symphony in D minor, Conducted by Raymond Leppard. CD booklet notes, 1995.
[1] Entre ellos destacan Vincent d’ Indy, Henri Duparc, Ernest Chausson, Pierre de Bréville, Gabriel Pierné, Guy Ropartz, Louis Vierne y Charles Tournemire.
[2] Ce qu’on entend sur la montagne, Les Eolides, Le Chasseur maudit, Les Djinns y Psyché.
[3] ¿Tiene que ser?
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