por Rabbi
Jonathan Sacks
Traducción
de Teresa Padrón
Para obtener una perspectiva
sobre la lección de liderazgo que presenta la Parashá de esta semana, suelo
pedirles a las personas que hagan un experimento mental. Imagínense que son los
líderes de un pueblo que ha sufrido el exilio por más de dos siglos y ha sido
esclavizado y oprimido. Ahora bien, luego de una serie de milagros el pueblo
está a punto de ser liberado. Los reúnen y van a dirigirse a ellos. Ellos
esperan con ansias sus palabras. Es un momento decisivo que nunca olvidarán.
¿Qué les dirían?
La mayoría de las personas
responderían: hablaríamos sobre la libertad. Esa fue la decisión de Abraham
Lincoln en su discurso en Gattysburg, cuando invocó la memoria de “una nueva
nación, concebida en libertad”, y miró hacia adelante al “nuevo nacimiento de
la libertad”. Hay quienes sostienen que la inspiración pasa por hablar del
destino que aguarda adelante, “la tierra que mana leche y miel”. Sin embargo,
otros afirman que le advertirían al pueblo acerca de los peligros y los
desafíos que deberán enfrentar en lo que Nelson Mandela denominó “el largo
camino hacia la libertad”.
Cualquier de estas opciones hubiera
sido considerada el gran discurso de un gran líder. Guiado por Di-s, Moisés no
hizo ninguna de las cosas sugeridas. Fue precisamente eso lo que lo convirtió
en un líder único. Si analizamos el texto de la Parashá Bo, veremos que vuelve
sobre el mismo tema en tres oportunidades: los niños, la educación y el futuro
distante.
Cuando nuestros hijos nos
preguntan “¿cuál es el significado de este ritual?” debemos contestarles
“corresponde al sacrificio de Pesaj que hicimos en nombre de Di-s porque Él
pasó sobre las casas de los Israelitas en Egipto cuando golpeó a los egipcios,
pero a nosotros nos salvó”.1
Debemos explicarles a nuestros
hijos ese día que lo hacemos “por lo que Di-s hizo por nosotros cuando nos
liberó de Egipto”.2
La próxima vez que nuestros
hijos nos pregunten “¿cuál es el significado de esto?” debemos contestarles,
“fue con mano gentil que Di-s nos sacó de Egipto, de la tierra de esclavitud”. 3
Esto constituye uno de los
actos de liderazgo más contrarios al sentido común. Moisés no hablo acerca del
presente o del mañana. Habló del futuro distante y del deber de los padres de
educar a sus hijos. Incluso se aventuró a decir – como interpreta la tradición
judía – que debemos alentar a nuestros hijos a hacer preguntas, para que el
legado del judaísmo no sea un mero acto pasivo de aprendizaje, sino un dialogo
activo entre padres e hijos.
Entonces los judíos se
convirtieron en el único pueblo en la historia que predicó su propia
supervivencia mediante la educación. El deber más sagrado de todo padre era
enseñar a sus hijos. Pesaj en sí mismo se convirtió en un seminario constante
en pos de la memoria. El judaísmo se convirtió en la religión cuyos héroes eran
maestros y cuya pasión era estudiar y alimentar el conocimiento. Los
mesopotámicos construían Ziggurats. Los egipcios construían pirámides. Los
griegos, el Panteón. Los romanos, el Coliseo. Los judíos construyeron escuelas.
Y este es el motivo por el cual, de todas las civilizaciones del antiguo mundo,
los judíos son los únicos que siguen vivos y pujantes, continuando con la
vocación de sus ancestros y con su legado intacto.
La visión de Moisés era muy
profunda. Sabía que no podía cambiar el mundo con superficialidades, con
monumentos arquitectónicos o con ejércitos e imperios. Sabía que no debía usar
la fuerza ni el poder. ¿Cuántos imperios han surgido y se han derrumbado mientras
la condición humana perdura inmutable?
Existe una sola forma de
cambiar el mundo y es mediante la educación. Debemos enseñarles a los niños la
importancia de la justicia, la rectitud, la gentileza y la compasión. Debemos
enseñarles que la libertad solo puede sostenerse por medio de leyes y hábitos
de auto restricción. Debemos recordarles constantemente acerca de nuestra
historia, “fuimos esclavos del Faraón en Egipto”, porque aquellos que se
olvidan de la amargura de la esclavitud eventualmente pierden el compromiso y
el coraje para luchar por la libertad. Y debemos alentar a los niños a
preguntar, desafiar y discutir. Debemos respetarlos si queremos que respeten
los valores que deseamos transmitirles.
Esta es una lección que la
mayoría de las culturas aún no han aprendido después de más de tres mil años.
Las revoluciones, las protestas y las guerras civiles alientan a las personas a
creer que derrocando a los tiranos o teniendo elecciones democráticas acabarán
con la corrupción, construirán la libertad y fomentaran la justicia y el
gobierno de la ley. Y se sorprenden cuando esto no ocurre. Lo único que
consiguen es cambiar algunas de las caras que transitan los corredores del
poder.
En uno de los grandes
discursos del siglo XX, un juez americano muy distinguido, el Juez Learned
Hand, dijo:
“Con frecuencia me pregunta si
no depositamos demasiado nuestras esperanzas en la constitución, en las leyes y
en los tribunales. Estas son falsas esperanzas; créanme, lo son. La libertad
yace en el corazón de los hombres y las mujeres; cuando muere no hay
constitución ni ley ni tribunal que pueda salvarlo, y no hay nada que puedan
hacer para ayudarnos.” 4
Lo que Di-s le enseñó a
Moisés, fue que el verdadero cambio no radicaba en obtener la libertad, sino en
sostenerla, manteniendo su espíritu vivo en el corazón de las generaciones
futuras. Esto solo puede lograrse mediante un proceso educativo sostenido en el
tiempo. Y esto tampoco es algo que se pueda delegar a los maestros y a las
escuelas. Un gran porcentaje debe permanecer en manos de la familia, en el
hogar, y con la obligación sagrada que deriva del deber religioso. Nadie vio
esto con más claridad que Moisés y solo por su enseñanza es que los judíos y el
judaísmo han sobrevivido.
Lo que hace grandes a los
líderes es que pueden anticiparse a los hechos, preocupándose no por el mañana
o por el próximo año o la próxima década. En uno de sus primeros discursos,
Robert F. Kennedy hablo sobre el poder de los líderes para transformar el mundo
cuando tiene una visión clara de un futuro posible:
“Algunos creen que no existe
nada que un hombre o una mujer pueda hacer contra el abanico enorme de miserias
del mundo- la ignorancia, la injusticia, la violencia. Sin embargo, muchos de
los mayores movimientos del mundo, de pensamiento y acción, han nacido del
trabajo de una sola persona. Un joven monje comenzó la reforma Protestante, un
joven general extendió un imperio de Macedonia a las fronteras del mundo, una
joven mujer recupero el territorio de Francia. Fue un joven italiano quien
exploro en Nuevo Mundo, y Thomas Jefferson, de solo 32 años proclamó que todos
los hombres son creados iguales. “Denme un lugar donde pararme”, dijo
Arquímedes, “y moveré el mundo”. Estos hombre movieron el mundo, y lo mismo
podemos hacer todos nosotros.” 5
El liderazgo visionario es
parte intrínseca del judaísmo. Como dice el libro de Proverbios “sin una visión
[jazón], el pueblo perece.”6 Esa visión en la mente
de los profetas fue la de un futuro a largo plazo. Di-s le dijo a Ezequiel que
el profeta es un guardián, aquel que asciende a un lugar privilegiado para
observar el peligro que hay a la distancia, antes que el resto pueda percibirlo
desde la llanura. 7 Los sabios dicen “¿Quién
es sabio? Aquel que ve las consecuencias a largo plazo [ha-nolad]. 8 Dos de los grandes líderes del siglo XX,
Churchill y Ben Gurion, también fueron reconocidos historiadores. Conociendo el
pasado pudieron anticiparse al futuro. Eran como maestros del ajedrez que, como
habían estudiado cientos de jugadas, reconocían casi de inmediato los peligros
y las oportunidades de cualquier configuración de las piezas en el tablero.
Sabían lo que ocurriría si movían tal o cual pieza.
Si queremos ser grandes
líderes, no importa en qué terreno, ya sea que seamos primeros ministros o padres,
es esencial que pensemos en el largo plazo. Nunca debemos elegir la opción más
fácil porque sea simple o rápida o porque nos provea satisfacción inmediata. A
la larga, terminaremos pagando un precio muy alto por ello.
Moisés fue un gran líder porque
nos enseñó a futuro, más que cualquier otro líder. Sabía que el verdadero
cambio en el comportamiento humano es fruto del trabajo de muchas generaciones.
Por lo tanto, debemos considerar la educación de nuestros hijos como la mayor
prioridad, para que ellos continúen lo que nosotros comenzamos, hasta que el
mundo cambie porque nosotros hemos cambiado. Él sabía que si quería planificar
para un año, debía plantar arroz. Si quería planificar para una década, debía
plantar árboles. Y si quería planificar para la posteridad, debía educar a los
niños. 9 La enseñanza de Moisés,
de más de 33 siglos, aún está vigente.
Éxodo 12:26-27.
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Éxodo 13:8
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Éxodo 13:14
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“The spirit of libety”, discurso pronunciado en la
ceremonia “I am an American Day”, Central Park , Nueva York, (21 de mayo de
1994)
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The Kennedys: America´s
Front-Page Family, pagina 112
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Proverbios, 29:18.
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Ezequiel 33:1-6
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Talmud, Tamid 32a
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Refran atribuido a Confucio.
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