
A Hector Islas Azaïs
Y a Bob, en su 70 aniversario
I Love you more than ever, more than time and more than love
I love you more than money and more than the stars above…
Bob Dylan, The wedding song
Y a Bob, en su 70 aniversario
I Love you more than ever, more than time and more than love
I love you more than money and more than the stars above…
Bob Dylan, The wedding song
Hace más o menos 3 años Bob Dylan dio una serie de conciertos en las principales ciudades de México. Yo me puse muy triste por no haber podido ir a ninguno de ellos. He visto y escuchado en vivo a muchos de los mejores grupos y músicos de rock (Rolling Stones, David Bowie, entre otros), pero cambiaría cualquiera de ellos por una sola hora de música en vivo con Dylan.
Entre las cosas que más amo en la vida están la música y la literatura. Afortunadamente, he tenido oportunidad, a lo largo de los últimos 20 años, de expresarme a través de ambas, con relativo éxito (no comercial, pero sí personal, que es lo que cuenta). He escrito para periódicos, revistas culturales, he tenido programas de radio y he tenido 3 bandas de rock. Durante ese tiempo, he llegado a apreciar cada vez más a Dylan el poeta y a Dylan el músico. He descubierto que el resto de los músicos a quienes admiro, son todos, irremediablemente, “hijos” de Dylan.
En Dylan se sintetiza el ideal de letra-música que todo compositor se afana por alcanzar. Por supuesto que hay quienes lo han logrado también (Leonard Cohen, por ejemplo), sin embargo su influencia, aunque grande, no lo ha sido tanto como la de Dylan. ¿A qué se debe este fenómeno “dylaniano”? ) Mi opinión (y puede refutarse, por supuesto), es que Dylan ha tocado todas las emociones que nos mueven a actuar (desde el desencanto amoroso hasta la crítica política, pasando por el despertar religioso) de una manera en que nadie ha podido. Dylan es poesía pura. Sus canciones, incluso las más sencillas, son un tributo al lenguaje. Nos enseña que las palabras no tienen que ser rebuscadas, sino encajar cada una dentro del sentimiento que quieren expresar, para convertirse, ellas mismas, en emociones profundamente humanas.
Bob Dylan no es un gran cantante. Eso lo sabemos todos, sin embargo, a los “puristas” de Dylan (entre quienes me cuento), nos gusta Dylan con Dylan. Su voz, chillona y desafinada, es el complemento ideal de sus letras.
Bob Dylan significa mucho para mí. Sin su música simplemente no hubiese iniciado aquella prolongada charla (acompañada de tabaco y cerveza, por supuesto) con un muchacho que parecía llegado de otro mundo, como surrealista, y que habría de convertirse, poco tiempo después, en mi esposo.
Bob Dylan significa mucho para mí. Sin su música simplemente no hubiese iniciado aquella prolongada charla (acompañada de tabaco y cerveza, por supuesto) con un muchacho que parecía llegado de otro mundo, como surrealista, y que habría de convertirse, poco tiempo después, en mi esposo.
En este momento, mientras escucho The wedding song (la canción de bodas) de Bob Dylan, recuerdo que hace quince años, poco más, me aventuré en la riesgosa empresa del matrimonio. Hoy, a la distancia, recuerdo el día de mi boda como la culminación de un proceso de aprendizaje personal que me llevó a cometer muchos errores (algunos de ellos con secuelas graves), pero que me sirvió, entre otras cosas, para crecer tanto intelectual como espiritualmente y quedar convencida de que, si algún día habría de dar el “gran paso”, sería por amor y para siempre.
Pero, intimidades aparte, Dylan significa no sólo para mí, sino para muchas personas, una especie de gurú; de guía espiritual en medio de un mundo materialista, en donde parece haber cambiado radicalmente el ideal de belleza clásico (bello= bueno y verdadero), por uno efímero, volátil y perecedero.
Pero, intimidades aparte, Dylan significa no sólo para mí, sino para muchas personas, una especie de gurú; de guía espiritual en medio de un mundo materialista, en donde parece haber cambiado radicalmente el ideal de belleza clásico (bello= bueno y verdadero), por uno efímero, volátil y perecedero.
En Like a Rolling Stone, (el “himno”) de la generación de fines de los sesenta, por ejemplo, Dylan dice: “Once upon a time you dressed so fine, you threw the bums a dime in your prime, didn’t you…? Aduciendo a la frivolidad y a la banalidad de una mujer bella y joven que ha sido despojada de sus posesiones materiales y de sus atributos externos y no le ha quedado absolutamente nada, y sin eso no es nadie. Y ésta bien puede ser la metáfora de la vida actual, inmersa en lo absurdo del consumo desmedido y alejada completamente de los valores universales esenciales como la amistad, la confianza, el respeto, la solidaridad, la camaradería, la espiritualidad, etcétera.
Dylan en canciones como Desolation row aborda también de forma sublime y poética la soledad y la miseria humanas a través de conversaciones imaginarias entre las grandes figuras de la literatura, la poesía y el arte, en general, desde Cenicienta hasta Caín y Abel, pasando por el jorobado de Notre Dame, Betty Davis, Ezra Pound, T.S. Elliot, el Fantasma de la ópera, Robin Hood, Casanova….en fin, todos los epítomes de héroes, antihéroes, sex symbols y demás que convergen en esta “calle de la desolación” que es la vida misma y que, vistos desde afuera así, todos juntos, como fantasmas en una especie de tertulia imaginaria, resultan en una magistral comedia humana del absurdo.
En cuanto a la vida espiritual se refiere, el Maestro también, por supuesto, ha sido un constante buscador de “La Verdad”. Judío de nacimiento (recuérdese que su verdadero apellido es Zimmerman), cristiano por adopción (al menos durante un periodo), Dylan también reniega de su fe en un gran disco de los ochenta, “Infidels” (nótese el título), en donde aparece en la contraportada dándole “la espalda” a la Ciudad Santa (Jerusalén) y el título de la primera canción lo resume todo: Jokerman, o algo así como “charlatán” , hace una clara alusión a toda la parafernalia utilizada por los líderes espirituales de todas las religiones para manipular a las masas y apropiarse de sus vidas (y de sus almas). El desencanto religioso, lo compensa (¿con qué más iba a ser?) con la aventura amorosa que, es también, bien visto, una experiencia “mística”.
Podría mencionar también, por supuesto, la influencia de Dylan en el pensamiento de los movimientos sociales y políticos en los sesenta, pero de eso ya se ha hablado hasta la saciedad. Sólo diré que Bob Dylan, junto con Joan Baez, apoyaron a figuras como Rosa Parks, Martin Luther King, y muchos otros activistas sociales en su lucha por los derechos civiles.
Sólo quisiera compartir una última cosa. Dylan está presente en casi todos los aspectos de mi vida y mucho de lo que soy se lo debo, en gran medida, a su música. Si pudiese tener la certeza de que este pequeño tributo llegaría a sus manos alguna vez, me gustaría decirle: “Gracias Bob y felices 70…”
Teresa de Jesús Padrón Benavides
teresa_padron@hotmail.com
