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domingo, 13 de junio de 2010

César Franck: Symphony in d minor - movement 2, part 1

Sinfonía en Re menor de Cèsar Franck



Javier Martínez Rosas
x-remo@hotmail.com


La Sinfonía en Re menor de César Franck, es una de las últimas grandes obras del periodo romántico de la música en Europa. Berlioz había inaugurado el romanticismo musical en 1830 con el estreno en París de su Sinfonía Fantástica. César Franck, estrenaría su sinfonía en 1889 en el Conservatorio de París, un año antes de morir.

El Romanticismo impacta en Europa durante el siglo XIX. Surge en Inglaterra y Alemania como un movimiento filosófico-literario en contra del exacerbado racionalismo y la rigidez formal característica en todos los ámbitos durante gran parte del siglo XVIII. Al impactar en la música, la libera de los gustos de la aristocracia y estereotipos clásicos, permitiendo emerger más la personalidad del músico. No significó una música más simple, al contrario, las mismas libertades llevaron a la escritura musical a un altísimo grado de complejidad. Pero tampoco fue una ruptura con lo que se venía haciendo y desarrollando durante el clasicismo; por ejemplo, se siguió cultivando la forma sonata, aunque con mayores libertades, expandiéndola, buscando superar limitaciones expresivas.

César Franck era más reconocido como organista e improvisador que como compositor. Fue hasta después de su muerte, cuando sus discípulos[1] comenzaron a destacar y difundir su obra que, adquirió la relevancia como compositor que hoy tiene. Su obra abunda en magníficas piezas para órgano y música vocal sacra, aunque, varias de sus creaciones más grandes son para música de cámara y orquesta sinfónica. Para orquesta sinfónica compuso nueve obras: cinco poemas sinfónicos[2], dos conciertos para piano, dos variaciones y una sinfonía.

La Sinfonía en Re menor tuvo una mala recepción en su estreno, las razones de ello no están claras. Probablemente tenga que ver con el hecho de que, si bien su forma es clásica, el lenguaje, el tratamiento de los temas y algunos detalles de instrumentación son muy originales; a veces la orquesta pareciera estar emulando sus improvisaciones al órgano. Pero finalmente, al paso del tiempo, la obra ha ocupado su lugar merecido entre las grandes sinfonías, y a César Franck, entre los grandes compositores de todos los tiempos. Su música se caracteriza por su cromatismo, diversidad de texturas, denso tejido contrapuntístico, frecuentes modulaciones y gran riqueza armónica. Suena siempre fluida, y hay en ella, un fino halo de misterio.


Sinfonía en Re menor


I. Lento. Allegro ma non troppo.
II. Allegretto
III. Finale. Allegro non troppo.

Orquestación indicada: 2 flautas, 2 oboes, 1 corno inglés, 2 clarinetes en Si bemol, 1 clarinete bajo en Si bemol, 2 fagots, 2 cornos en Fa, 2 trompetas en Fa, 3 trombones, tuba, timbales, arpa y sección de cuerdas completa.

Primer movimiento:
Lento. Allegro ma non troppo:

La sinfonía comienza directamente con el tema principal en tonalidad de Re menor tocado por las violas, violonchelos y contrabajos (a). Hay algo curioso. El motivo de tres notas con que inicia el tema, lo utilizaron Beethoven, en su Cuarteto en Fa mayor Op.135, en cuyo manuscrito escribió Muß es sein?[3]; Wagner, en El Anillo de los Nibelungos como parte del tema del cuestionamiento del Destino; y Liszt en su Les Préludes. Tres compositores que fueron influencia fundamental para César Franck y un motivo, como un cuestionamiento.

(a). Inicio de la Sinfonía. El tema principal. Compases 1 al 6.

El primer movimiento, es una forma sonata con una constante sucesión de tiempos completos Lento y Allegro. El tema principal, aparece con mucha recurrencia pero en diferentes tonalidades, tempos e instrumentos.

La sinfonía tiene un clímax muy pronto. Al terminar la presentación del tema principal en el Lento, una escala ascendente que va en crescendo, de un piano a un fortísimo, mientras que es acompañado de trinos en las cuerdas, crea una acumulación de energía enorme que explota cuando llega, de nuevo, el tema principal, pero ahora vigoroso en Allegro y acompañado de unos remates de timbales. El resultado es impactante. Éste momento se vuelve a repetir, pero ya no sorprende igual. En el segundo Allegro, hacen su aparición dos temas secundarios, más «luminosos», en la tonalidad de Fa mayor. Destaca el segundo (b) de ellos donde suena la orquesta completa. Luego sigue todo un desarrollo.

(b). Segundo tema secundario. Compases 129-135

Al final, el movimiento termina con una recapitulación que sirve de resumen para no olvidar los temas.

Segundo movimiento:
Allegretto.

Inicia con el arpa tocando acordes mientras las cuerdas le acompañan con notas en pizzicato. Pronto calla el arpa e inmediatamente, el corno inglés comienza a sonar una melodía lírica (c); y mientras «canta», los pizzicatos en las cuerdas continúan acompañando. Luego, se reincorpora el arpa. Esto acontece bajo un ritmo ternario cuyo segundo tiempo está silenciado en el acompañamiento, creando un efecto de avance y pausa que estimula la imaginación. Franck describía su sinfonía como clásica (aunque admitía que era atrevida) y de música pura, pero que, mientras estaba componiendo el Allegretto, en los primeros compases, vagamente se imaginó una procesión antigua.


(c) La melodía del corno. Tema principal del movimiento. Compases 16-24

Hay un segundo tema. Una melodía de registro agudo y de poco movimiento en los violines que aparece en el compás 49. Pero luego, reaparece la melodía del corno que domina todo el movimiento, ya sea completo, variado o fragmentado, y también con variantes en el acompañamiento. En un momento, el tema lo «cantan» juntos el corno y el clarinete.

Antes del final, las cuerdas tocan lo que pareciera ser un nuevo tema, pero se trata de una variación del acompañamiento del arpa y las cuerdas del inicio. En la Coda, los violines tocan reminiscencias del segundo tema, y todo termina en calma.

Tercer movimiento:
Finale, Allegro non troppo

El movimiento final de la sinfonía es brillantísimo, empezando por su inolvidable primer tema, el principal; un tema sincopado (d).

(d) Tema principal del movimiento. A dos fagotes. Compases 7-12


Luego, reaparecen los temas de los movimientos anteriores. Con esto, la sinfonía adquiere forma cíclica, logrando una sólida unidad. La riqueza temática, con sus variantes, contrastes y unificaciones a lo largo del movimiento es extraordinaria, y su tratamiento genial.

Luego de reaparecer notablemente el primer tema de la sinfonía, llega la Coda final, que es magnífica. En ella la orquesta suena completa, a todo volumen, incluyendo sostenidos redobles de timbales. El tema sincopado del inicio del tercer movimiento, termina siendo proyectado al infinito.

Fuentes:

-Kramer, Jonathan. Invitación a la Música. Ed. Vergara, 1993

-Beales, Brendan. Royal Philharmonic Orchestra, Cesar Franck Symphony in D minor, Conducted by Raymond Leppard. CD booklet notes, 1995.


[1] Entre ellos destacan Vincent d’ Indy, Henri Duparc, Ernest Chausson, Pierre de Bréville, Gabriel Pierné, Guy Ropartz, Louis Vierne y Charles Tournemire.
[2] Ce qu’on entend sur la montagne, Les Eolides, Le Chasseur maudit, Les Djinns y Psyché.
[3] ¿Tiene que ser?


Ángeles de Hermosillo

Perla Julieta Ortiz Murray.
Junio del 2010.

Con eterna vergüenza, recordando a los ángeles muertos en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, ocurrido el 05 del 06 del 2009.


Hoy, la mañana se ha quedado vestida de negro.
Pensarás entonces que la noche no ha mudado de casa,
O que los rayos del sol desvelados están de tanto llorar
Pero, por favor,
No se lo digas a nadie…
Lo cierto es que
-en el recuento-
cuarenta y nueve sonrisas le han faltado.

No tiene hoy la mañana quien la ayude a cambiar su vestido:
El albo de las nubes pintado no fue en el brillante añil
Ni juegan las aves ni el agua ríe…
Pero, por favor,
No se lo digas a nadie…
Lo cierto –y como cierto lo digo-
Es que –en el recuento-
Cuarenta y nueve sonrisas le han faltado.

Lloran los ángeles:
-¡mi muñeca, mi muñeca! ¿Dónde está mi muñeca?-
Llanto de padres es ahogo infinito,
Dolor inenarrable de hombre enrabiado
De matriz magullada, herida….
De infinita decepción estrangulada….
Lloran los ángeles:
En un rincón, la pelota arrumbada está….
Y al carrito azul le falta la regordeta mano que lo empuja:
Hermosillo se ha vuelto pequeñito,
México se ha vuelto pequeñito,
¡Y al mundo se lo ha tragado la chingada!

Lloran los ángeles:
Santiago, Aquiles, Jazmín,
Ruth, Axel, Pauleth,
Ian, Juan Carlos, Monserrat,
Andrés, Germán, Lucía,
Ximena, Jesús, Jorge,
Omar, Bryan, Denisse,
Yoselín, Juan Israel,
Luis, Daniel, Magdalena,
Camila, Rafael, Jonathan,
Emilia, Emily, Jesús Antonio,
Xiunelth, Santiago, Javier,
Nayeli, Valeria, Julio César,
Fátima, Ana Paula, Andrea,
Yeseli, Ximena, Ariadna,
Carlos Alan, Martín, Dafne,
Daniela, Juan Carlos, María Fernanda,
María Ximena, y Sofía
Se han convertido
–por negra magia de íncubos
En orgía de sangre concebidos-
En sus hijos…..en mis hijos….
Y en los hijos que llorarán los ojos
De los hijos de tus hijos.

domingo, 6 de junio de 2010

A mil besos de profundidad

Desire moves the world Leonard Cohen Is the passion that we live with that makes us not want to die.. Philip Roth
Fue como si de pronto todo se hubiese revelado. Él llegó y, entonces, todo alrededor suyo desapareció. Conocía su rostro a la perfección. Podía descifrar cada uno de sus gestos. Su piel, suave y morena, como barro húmedo que uno quisiera moldear con las manos. Por cierto, sus manos, hoscas, pero pequeñas, con los nudillos prominentes y algo de vello en los dedos, eran lo que más placer le provocaba. Además, su voz… grave, pero no burda. Sensual, masculina, pero tierna a la vez. Cuando le hablaba al oído, mientras le desnudaba, esa voz se iba haciendo más pausada, como la cadencia de los movimientos de cadera con que ella respondía a sus estímulos. Así iniciaban el ritual en el que se conjuraba a todos los dioses a ser testigos de su pasión desbordada… Lo más extraño, era que nunca antes le había visto. Lo había soñado, lo había imaginado. Lo había concebido tal cual era en sus más íntimas fantasías. Había anticipado su llegada tal y como había sucedido. Ël aparecería al atardecer (cuando aparecen las almas perdidas) y con sólo cruzar sus miradas, todo estaría dicho. Y así fue. Una vez que sucedió, ambos lo supieron al instante. Él sería suyo, inexorablemente. Él solía decir que nada era fortuito. Que todo estaba predestinado. Solía hablar del destino y de lo remoto e improbable que era que dos como ellos se encontrasen en el universo sin la intervención de el Maestro Titiritero. Quien, decía, tiraba de las cuerdas de nosotros a su antojo urdiendo un plan “macabro” para su propio deleite, sin que uno pudiese hacer algo al respecto. Sin embargo, decía, uno podía resistirse a dicho plan si se afanaba con todas sus fuerzas. Lo difícil era darse cuenta de que no era nuestra voluntad la que se estaba realizando, sino la de alguien más allá de nuestra comprensión. Y bajo esta creencia transcurrirían sus primeros encuentros clandestinos cobijados por noches de lluvia interminable en una ciudad que era indiferente a su amor. Una ciudad que se cerraba en sí misma, y prefería permanecer ajena e ignorante a esos breves y fugaces destellos de pasión que solían darle vida a esas noches monótonas, insulsas, decadentes e irrelevantes de la gente común, quienes no lograrían nunca atisbar siquiera aquel sentimiento, aquel impulso, aquel deseo, aquella urgencia de estar juntos para iniciar el ritual de la vida y de la muerte fundiéndose en un solo cuerpo, mezclando sus fluidos (sangre, sudor, lágrimas) para crear con ellos el elixir sagrado del que sólo los dioses pueden beber… Ella era toda música. Su cuerpo, sus ojos, su sonrisa, emanaban notas primigenias, surgidas de la tierra antes de todos los tiempos. La música regía cada acontecimiento de su vida. Ël había sido capaz de descifrar el código musical que ella contenía, supo darle forma, materializarlo. La música era el vínculo entre ellos. Echaban mano de sus canciones para expresar cada experiencia, cada reflexión, cada sentimiento. Había una canción para cada uno de ellos. Ella iniciaba el juego de la música, entonando las primeras notas de la canción, a la cual él iba incorporándose hasta mezclarse ambas en un contrapunto perfecto, del que incluso las aves sentían envidia. Nunca hubo dos que se dieran a sí mismos tanto como ellos al besarse. Querían beber de sus labios toda la sabiduría y todos los secretos que cada uno albergaba (como si eso fuera posible) pero ambos sabían que hurgar en sus respectivos pasados les estaba vedado así como en sus vidas cotidianas. Prohibidas las preguntas que condujeran a cualquier discusión banal. Prohibido intentar adentrarse en la otra vida que cada quien llevaba. Eso hubiese matado el misterio y sin misterio, no puede haber pasión. A él le gustaba recorrer con su boca cada palmo de su cuerpo, desde la frente hasta los dedeos, frágiles y pequeños, de sus pies, los cuales besaba uno a uno. Iba descendiendo muy lentamente, exhalando un vaho tibio, con los ojos cerrados. Sus labios apenas rozaban la piel de ella, suave, aterciopelada, firme, perfumada. Bajaba por su cuello dibujando con la punta de su lengua las protuberancias óseas de sus hombros, de su tórax. Continuaba lentamente hasta los montículos que él más amaba. Los envolvía dulcemente entre sus manos, a cuya medida estaban hechos. Mientras, la besaba en la boca, sorbía sus encías, rozaba con su lengua el paladar de ella mientras sus manos continuaban asidas a sus pechos cada vez con más fuerza, como si quisiese arrancarlos en un arrebato de locura. Ella, extasiada, conducía después lentamente su cabeza hacia su vientre. En donde él reposaba, por unos instantes, antes de continuar su viaje descendente a través de esa geografía indómita, salvaje, que ella sentía como nunca antes explorada. Separaba con dulzura sus muslos y localizaba su punto débil: la entrepierna… ahí se ahondaba frenéticamente con movimientos circulares de cabeza mientras ella se desbordaba de alegría emitiendo pequeños espasmos de una risa ebria de placer hasta que él llegaba justo al centro…allí, su lengua se volvía una serpiente de fuego hurgando en las entrañas de la tierra en busca del néctar y la ambrosía que habrían de convertirle a él en dios por una noche…Cuando ella estallaba al fin en un grito primigenio. Recobraban fuerza abrazados, mirándose cada uno en los ojos del otro y sonriendo como dos niños cómplices de una travesura común. Luego, ella le susurraba al oído algo a lo que él asentía con un ligero pestañeo y una profunda inhalación. Era su turno. Él ya había amado demasiado, ahora ella sería la amante. Comenzaba por trazar suavemente en su espalda signos de una caligrafía fina y delicada, cuyo código él iba descifrando poco a poco. Sus omóplatos eran como las páginas opuestas de un libro en blanco en donde ella iba escribiendo la historia de su amor en un idioma que sólo ellos conocían. Su piel oscura contrastaba con lo blanco de las manos de ella y eso le provocaba un deseo insospechado. Al llegar a la parte baja de su espalda, acogía sus glúteos con el cuenco de sus manos mientras besaba sus muslos, envueltos en un vello espeso, como laderas oscuras cubiertas de ortiga. Bajaba lentamente hasta sus pies, los cuales besaba con amorosa paciencia y después, cuando él se hallaba en un profundo letargo de placer, ella decía, despacio, “vuélvete”. Así, de frente, se miraban fijamente a los ojos, como si cada uno quisiera someter al otro a su voluntad, doblegarlo, hacerlo rendirse a sus más descabellados deseos, ceder, darse por completo… y entonces…¡Ah! Entonces ella buscaba con ansia esa parte de su cuerpo que ya le esperaba impaciente por hundirse lentamente en la humedad de su boca. En ese lugar tibio y mojado, como el vientre materno, a donde todos quisiésemos volver. Ella usaba su lengua como un sensor que captaba a través de esa antena enhiesta todas y cada una de las vibraciones que surgían de lo más profundo de sus entrañas… decodificando el mensaje, traduciéndolo a su propio idioma. El mensaje era uno solo, remontar los límites del placer con ella encima suyo, iniciar la cabalgata en donde ella era el jinete y el era el corcel alado que la llevaría hasta ese lugar remoto e inasequible que sólo pueden alcanzar quienes se dejan guiar por Deseo, aunque en ello les vaya la vida misma, pues saben bien que una vez alcanzado su destino, comenzarán a morir un poco, exhalando parte de su espíritu, el cual se elevará hasta los dioses quienes, complacidos por la consagración de ese amor, tendrán compasión de las almas caídas de los amantes prohibidos y serán redimidas de todos sus pecados de una vez para siempre. Amén.
Teresa de Jesús Padrón Benavides

sábado, 22 de mayo de 2010

Matisyahu: El joven "rasta" cantor de Dios por Tere Padrón


Rise, to the occassion.
Keep these hearts all blazin.
Build your life on a river of wax.
Melt into space, we've been here since the beginning, not going away.
Not going away.....

Matisyahu



Cuando pensamos en los judíos ortodoxos (los que guardan al pie de la letra los preceptos de la Torah), nos los imaginamos como seres adustos, aburridos, anticuados. Vistiendo sus gabardinas negras, sus sombreros de pana, sus caireles y sus largas barbas. Parecen seres de otro tiempo para quienes la modernidad y los vaivenes de la moda han pasado de largo. Ahora, imaginemos a alguien ataviado con ese tipo de ropa pero cantando y bailando Reggae… ¿será…?
Para romper con todos los estereotipos y los motes que durante siglos se les han adjudicado a los judíos (y que han sido la causa de su diáspora por todo el mundo y del exterminio nazi), surge un ser excepcional, alguien que viene a “revivir” entre el pueblo judío y especialmente entre los jóvenes, la fe en Dios y en la humanidad. Alguien que vienen a darle un aire fresco a una tradición antiquísima. Alguien que ha hecho de la Biblia y de su estudio su fuente de inspiración para cantar a Dios con toda la alegría, el entusiasmo y el éxtasis propio de los jóvenes: Matisyahu.
Matisyahu es un joven cantante neoyorquino judío ortodoxo que, curiosamente, escogió como forma de expresión al Reggae. Es la viva prueba no sólo de la originalidad, sino de la mezcla de culturas propia de la globalización. Pero, ante todo, Matisyahu es un mensajero que, al mezclar los versos de la Biblia con el ritmo lento, pausado y repetitivo y la deliciosa cadencia del Reggae, nos hace concientes de que el sentimiento religioso es el mismo para todas las razas humanas y que a Dios hay que alabarlo con toda el alma, la mente y el cuerpo. Porque cuando uno lo escucha, no puede evitar ponerse a bailar y entrar en un estado de éxtasis y júbilo religiosos.
Y bien visto, hay muchas conexiones entre el mensaje bíblico de amor, paz, tolerancia, respeto y hermandad de Matisyahu y la música reggae. El reggae nace a fines de los sesenta en Jamaica, un país sumido en la miseria, la desigualdad y la marginalidad y con un pasado colonial y esclavista bastante oscuro. Surge como una música de protesta social y política, de exigencia por la igualdad, de paz y amor y de redención. Es la música que promueve en Jamaica el rastafarianismo, movimiento religioso surgido en Etiopía a mediados del siglo pasado y que proclama a su fundador, Haile Selassie, como una reencarnación de Cristo, y a África como la nueva Sión. Bob Marley es su más digno representante.
Algo semejante a lo que creen los judíos religiosos. Ellos consideran a Israel como la tierra prometida y esperan la llegada del Mesías para restablecer su reino en la tierra; por eso es que observan la Ley celosamente. Pero el hecho de concebirse a sí mismos como un pueblo elegido por Dios para preservar sus mandatos no los convierte en personas jactanciosas, soberbias o pretenciosas. Por el contrario, el judaísmo religioso es tal vez la única religión que no promueve la evangelización. Los judíos no intentan (como el cristianismo o el Islam, por ejemplo) convertir a nadie que no quiera.
Convertirse al judaísmo no sólo es un rito simbólico (como el bautizo). No. Convertirse es aceptar a Dios y a sus mandatos como la única vía posible para acercarse a Él. Y acercarse a Él es tratar de agradarle con nuestras obras aquí en la tierra, no sólo con la esperanza de la salvación y del paraíso prometido, sino con la firme convicción de que debemos ser buenos aquí, en este mundo, porque es el mundo creado por Él y es nuestra consigna cuidarlo y protegerlo. Aquí hay que estudiar concienzudamente (lo que implica horas de sacrificio dentro de casa o de la yeshiva, estudiando la Biblia guiados por un rabí o maestro); hay que hacer cambios radicales en nuestra vida para poder demostrarle a Dios y sólo a Él que le amamos y que amamos su creación. Hay que llevar una vida ejemplar en todos los sentidos y, sobre todo, tolerar y respetar las creencias de los demás (no hacer proselitismo a favor del judaísmo, como sí se hace en otras religiones incluso orando para que Dios conceda más miembros a su grey).
Las letras de Matisyahu hacen todas alusión a la Biblia, pero no a través de metáforas complicadas, sino de palabras sencillas (no vulgares, por supuesto) que permiten que los jóvenes (y todos) podamos acceder a sus canciones y entonarlas y corearlas mientras las bailamos. Aunque hay que decir que es difícil aprenderse algunas de sus canciones, no sólo porque canta el reggae como “rapeando”, sino porque le imprime el acento y la pronunciación jamaiquina.
En este punto quisiera detenerme a una consideración acerca del lenguaje. Los jóvenes en la actualidad (pero no sólo, también los niños y los adultos), no hablan sino con malas palabras. Maldicen todo el día y su vocabulario se reduce a 10 palabras (todas groserías) y con ellas se refieren a todo lo que les rodea y lo que les acontece. Es muy triste y yo lo vivo a diario, porque soy maestra universitaria. La vida se empobrece y también nuestros sentimientos, puesto que los reprimimos al no tener las palabras adecuadas para expresarlos.
Matisyahu honra el lenguaje con sus canciones, porque entre los judíos la palabra es sagrada, puesto que fue dada por Dios, que les habló a los profetas. Dios es verbo, la Biblia es “La palabra” (con mayúscula). En el judaísmo no hay lugar para la maldición, para el insulto, los vituperios. Todo lo contrario. Las palabras se usan para alabar a Yahvé y a toda su creación. Una de sus canciones más conocidas “King without a Crown” (rey sin corona), dice e uno de sus versos:

“¿Qué sentimiento es éste?
¡Mi amor hará un agujero en el techo!
Canto a mi Dios canciones de amor y sanación
Quiero al Mesías ¡ahora!
Es hora de que se nos revele.

Escuchar alabanzas a Dios en boca de un joven de 27 años, a ritmo de reggae, vestido con filacterias, bucles y sombrero, no puede sino contagiarnos de alegría de vivir, de euforia y de entusiasmo. Porque bien dice en la Biblia: “Acuérdate de tu creador en los días de tu juventud, para que te complazcas en Él en tu vejez.”
Matisyahu es la encarnación de todo lo bueno que tiene la juventud. Su rap-reggae no es el típico rap que incita a la violencia, como el de muchas bandas (Cártel de Santa es un buen ejemplo de esto último). No. Matisyahu los incita sí, pero a alzar su voz y a levantar el puño en contra de toda la basura, las mentiras, los prejuicios, el descuido y el odio al que han estado expuestos durante tanto tiempo por parte de una sociedad cada vez más materializada y menos espiritual. Matisyahu dice en su canción “Youth” (juventud) a ritmod de heavy metal mezclado con rap y reggae:

Young man control in your hand
Slam your fist on the table
And make your demand
Take a stand
Fan a fire for the flame of the youth
Got the freedom to choose
You better make the right move

“Joven, el control está en tus manos
Golpea con el puño la mesa
Y exige tus derechos
Toma partido, haz conciencia
Enciende la flama de la juventud
Y da el paso correcto….
Tienes la libertad de elegir….”

There's a spiritual emptiness
So the youth them get vexed
Skip class and get wrecked
Feel with beer and cigarettes
To fill the hole in their chest!

“Hay un vacío espiritual
Que incita al enojo de los jóvenes
Se van de pinta y arruinan su vida
Y llenan de cerveza y cigarros
El hueco que hay en su pecho…”


Otra de sus canciones (mi favorita) “Time of your song” narra lo que tal vez fue “su llamado”. Así como Dios interpeló a Saulo en el desierto, cuando perseguía a los primeros cristianos, Dios le habló a Matisyahu a través de una vieja melodía de su infancia y le reveló cuál sería su camino. Dice la canción:

Moonlight illuminate my night and my days sunray make the people say
Had a vision somethings missing so they're screaming out loud
Keep my feet on ground and my head in the clouds.
I'm the arrow, you're my bow, shoot me forth and I will go
And I know and I go and I go get up and go
Make me feel its for real tell me what you know.

“La luna ilumina mis noches y el sol mis días…Tuve una visión de que algo estaba perdido y ví a una multitud gritado muy fuerte…Mantendré mis pies en el suelo y mi cabeza en las nubes…Yo soy la flecha y Tú el arco, dispárame y me iré…Hazme sentir que esto es real….Dime lo que sabes…”
Matisyahu es, probablemente, uno de los músicos más influyentes entre los jóvenes no sólo de Estados Unidos, sino de muchas partes el mundo. Incluso en lugares en donde no se practica el judaísmo o incluso se desconoce, Matisyahu convoca en sus conciertos a multitudes de jóvenes de todas las edades, y los hace entrar en una especie de trance y liberación de adrenalina a la vez para elevar a Dios el coro de voces más sui generis con que jamás se le haya alabado. Y Dios lo escucha y acude a él.

¡Shalom!

Teresa Padrón Benavides

miércoles, 21 de abril de 2010

PARA MATAR… EL TIEMPO

“I have seen the future brother, it is murder…”

Leonard Cohen

¿Qué es el tiempo? Lo medimos, lo contamos, arreglamos nuestras vidas en torno suyo. Decimos tenerlo o no tenerlo; decimos que el tiempo es dinero; que el tiempo es oro; decimos que el tiempo cura las heridas; que vendrán tiempos mejores. Sentimos que pasa o no. Queremos huir de él, pero nos tiene atrapados. Es inexorable, como Dios. Nos deja su marca, en el cuerpo, en la memoria. Mata la memoria, cura las heridas (algunas, al menos) ¿Tal vez el tiempo es Dios? Cronos, devorando a sus hijos, castrando a su padre con la hoz, para ser él y sólo él, el amo y señor del universo.

El tiempo es una cosa extraña. Cuando eres joven no tienes más que tiempo. Gastas un par de años aquí, otro par de años allá….no pasa nada. Pero, de repente, llega un día en que te encuentras viejo, cansado, falto de aliento y cada vez más cerca de la muerte… Es entonces y sólo entonces que, si aún te queda algo de cordura y de sensatez, te cuestionas respecto del verdadero sentido de la vida.

Pero, ¿qué es la vida? Te preguntas. Y respondes: “La vida es un desierto, plagado de cadáveres de mujeres mutiladas, clamando justicia a un dios ciego y sordo…..” No. Corriges: “La vida es un avión a punto de estrellarse en medio de un desierto remoto plagado de cadáveres de mujeres mutiladas que, en un acto supremo de compasión, juntarán sus miembros dispersos para acoger, amorosas, a los pasajeros….”

No, Tampoco. La vida es el producto de un incesto. De dos hijas que embriagaron a su padre, se acostaron con él y ambas quedaron preñadas, de hijos varones, por supuesto. Mujeres no. Hubiera sido una tragedia de proporciones épicas. Los primogénitos “deben” ser varones, Eso sí es una bendición de Dios. Eso dice la Biblia., por eso, si mueren descuartizadas una cuantas mujeres, ¿a quién le importa? Malo fuera que fuesen hombres, entonces sí, ¡Qué tragedia!

No. La vida es un lapso de tiempo encapsulado en la mente de un dramaturgo, angustiado, confundido, avergonzado ante al imposibilidad de mostrar a través de su arte la dimensión de una tragedia que sobrepasa el entendimiento humano. Y, en su desesperación, acude a dios en busca de ayuda, y éste aparece, encarnado en los fantasmas de sus actores, quienes, compasivos unos y rencorosos otros, le ayudarán (o al menos lo intentarán) a poner en escena (si eso fuese posible) una tragicomedia del absurdo que tiene, como telón de fondo, otra tragedia, esa sí, real, descarnada, cruel, y, lo que es peor, casi olvidada.

Y ¿cómo no se va a olvidar, si estamos inmersos en una masa homogénea de mierda que nos embarran a la cara todos los días por televisión, por radio, por Internet? ¿Cómo no se va a olvidar que en México hay crímenes imperdonables, gente muriendo de hambre, niños violados por sacerdotes, mujeres golpeadas, maltratadas, campesinos desaparecidos o encarcelados injustamente, mientras que empresarios pederastas andan libres y continúan haciendo sus fechorías? ¿Cómo no se va a olvidar si decimos ser libres para decidir lo que consumimos y consumimos sólo la basura que nos anuncian y nos venden? ¿Cómo no se va a olvidar la ola de violencia en la que estamos inmersos si vivimos embrutecidos y enajenados con nuestros aparatos electrónicos, videojuegos, celulares y con nuestras cajas de hierro con llantas?

Pues para eso, justamente, para que no se olvide, para rendir homenaje, aunque sea el más modesto, a través del arte, a todos aquellos que mueren a diario en el anonimato y que nadie recuerda, salvo sus familias, la recién creada Compañía Municipal de Teatro, bajo la dirección del joven dramaturgo Rafael Martínez , quien también escribió el guión y es parte del elenco, pone en escena “Para matar…el tiempo”, una obra en la cual convergen estilos distintos que van desde el monólogo hasta la discusión pasando por el diálogo entre los 4 actores (o los fantasmas de éstos), quienes, en su afán por ayudar a su “creador” a dar forma a su trabajo, lo interpelan, lo cuestionan, lo juzgan, pero también acuden a él en busca de consejo para interpretar su papel y para aportar ideas.

“Para matar… el tiempo” es una obra que nos recuerda que el escenario es un micro universo en donde cada día actores y director, libran batallas campales y enfrentan su destino (personificado omniscientemente en el libreto) en su afán por devolvernos a nosotros, espectadores, la vida misma, pero dotada de sentido, de valor. Que eso es justamente lo que hace el arte. La recreación de la vida, con todos sus contrastes, a través de una obra de arte, en este caso de una obra de teatro, cumple la función de llenar el vacío espiritual e intelectual en que nos ha sumergido la “cultura” masiva del espectáculo. Una obra de teatro difícil, abstracta, ágil, que apela a nuestra inteligencia y a nuestra capacidad de concentración en una trama que parece no existir y frente a un escenario austero, casi vacío, sin utilería, sin apenas mobiliario, casi yermo, como el desierto en que fueron abandonados los cientos de cuerpos de las muertas de Juárez y que nadie parece ya recordar. Como el desierto del corazón de las madres huérfanas de hijas, solas, abandonadas y olvidadas.

Pocas veces habremos de tener el privilegio de presenciar una puesta en escena como esta, que nos hace reflexionar, tomar una postura ante un acto de barbarie, pero también asumir nuestra parte de responsabilidad ante él. Así que, para todos aquellos que se dicen “cejemenses de corazón”, ahora es momento de demostrarlo, apoyando al talento local y, de paso, cultivando el espíritu (que tanta falta nos hace) ¡No se lo pierdan!

“Para matar… el tiempo”, escrita y dirigida por Rafael Martínez Guerrero, con las actuaciones de Mary Santacruz, Armando García, Alejandra Sepúlveda, Marián Amavizca, Yaret Calleros y el mismo autor.

Teatro de la Casa de la Cultura, frente a la laguna, junto al deportivo. Funciones: sábados 5 y 7 p.m.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Calle de Magnolias No. 25





En el techo de la habitación, tres pequeñas arañas hacían su ronda, a la espera de algún desprevenido insecto que arribase al fatal tejido. Vigilando desde el armario, como las arañas, ella también esperaba. No en vano llevaba allí sus buenas dos horas. Con un amante de por medio y una botella de whisky después, aun podía ver esa luna cuyo perfil no auguraba nada bueno –en tres cuartos hacia el oriente- como diría el viejo Rosales, administrador del teatro donde trabajaba. Miró su reloj y la luz de lapantalla le permitió ver la hora: las dos menos cinco. Unos instantes más y su destino quedaría cumplido.

Su destino…. jmmm, bueno, si así podría llamársele a lo que estaba haciendo; mira que introducirse en una casa ajena –en un departamento mejor dicho- y esperar un desconocido para ajustar viejas cuentas. En verdad, era como para reírse.

La cortina de gasa celeste que cubría la ventana flotó levemente y una cucaracha se desprendió de ella cayendo al suelo. Por un instante le pareció como si el bicho la mirara reconociéndola y hasta intentara establecer comunicación con ella, pero luego simplemente dio la vuelta, se dirigió a la cama, subió a través del brocado deshecho en cenefas doradas de la colcha y la recorrió morosamente, andando entre las sábanas como si aun exudaran sabores sexuales.

Hecha un ovillo, recordó: tres días antes había llegado ahí buscando donde vivir y entonces lo sintió de nuevo. Aquel dolor corriéndole por las corvas, era un aviso infalible de que un sueño estaba por realizarse; además todo le resultaba familiar, desde las rejas de bronce de la entrada, cubiertas en un costado por el intenso color púrpura de la buganvilla enana sembrada en el minúsculo jardín de tres por uno, hasta el rostro prematuramente avejentado del portero que le daba las indicaciones sobre como llegar al apartamento número siete (ése sería el suyo si se decidía a rentarlo). Temblando, subió la escalera: los signos también estaban ahí. Dos baldosas desconchadas se lo señalaron, junto con los arabescos del pasamanos –de bronce, como las rejas de la entrada y con una lista de madera de arce recubriéndolo- una belleza, tuvo que reconocerlo, digna de un lugar más elegante.

Tal como lo recordaba, era un espacio pequeño: cocina, sala-comedor y una recámara con vestidor y baño integrados, sin otra particularidad que una excesiva entrada de luz, pero bien le servirían para ello las cortinas de su antigua casa: gruesas y de colores neutros, la aislarían del mundo y sus banalidades. Amueblado con lo esencial, nada más traería ropa de cama, la suya propia y enseres personales. Cuestión sería también de acarrear su imitación barata de Modigliani para adornar las paredes de la sal y colgar la jaula de su pobre canario junto a la entrada, pues con la cantidad de gatos que había visto al llegar al edificio, no se atrevía a dejarlo en el pasillo; algunas macetas dispuestas al azar y el biombo chinesco heredado de su abuela completarían el arreglo. Sobra decirlo: tomó el lugar a pesar de su elevado alquiler y pagó sin réplica los dos meses pedidos como adelanto más el de depósito.

Al día siguiente, completada la obra decorativa, una sorpresa la esperaba: medio ocultas tras el ancho marco de la puerta de entrada, varias cartas ajadas por el tiempo, se dejaron ver. Seguramente tanto abrirla y cerrarla al pasar con sus cosas, aflojó el viejo marco y los pliegos guardados quedaron al descubierto.

-Tal vez sean algo importante- se decía intrigada –una herencia o acaso cartas de amor dejadas a propósito por alguien deseoso de olvido; o quizá las recetas de cocina de una tía lejana- aunque éste sería un lugar muy poco idóneo para guardarlas….

Resolviendo que con el hecho de pagar el alquiler podía considerar los papeles como suyos, los tomó para leerlos, más apenas los tuvo en sus manos, cobró conciencia: estaba repitiendo actos correspondientes a una vivencia que no era suya.

Un nombre resaltaba en los sobres: Mariana Cienfuegos. Invadida por el pánico, salió rápidamente al pasillo, donde la esperaba un susto aun mayor: frente a la suya, una entrada conocida se cerraba lentamente, dejando ver un número de metal en su parte superior. Se desmayó.

No supo cuando ni quien la trasladó a su cuarto. De esa tarde lo único que recordaría durante mucho tiempo, sería el penetrante olor a alcohol flotando en la habitación y un vaso de agua a medio llenar en su mesa de noche.

Resuelta a desentrañar el misterio, apenas amaneció se puso a leer las cartas. Una a una, las primeras hablaban de un amor eterno, e los planes de casi cualquier enamorado de nuestros tiempos y no serían diferentes a las escritas por alguno de nosotros, si no fuera por dos detalles: su lenguaje era un tanto anacrónico y las fechas de su redacción correspondían al año 1901.

Por el contrario de éstas, las otras iban cambiando ligeramente de tono. El amor comenzo a dejar paso a preocupaciones de las que no se hablaba sino veladamente, todas ellas relacionadas con el dinero. De esa manera se enteró de algunas desavenencias con el hermano de la persona autora de las cartas, motivadas en su mayoría por una herencia y concretamente por un edificio situado en la calle llamada de Magnolias. Casualmente, esa calle era la suya….

Tres cartas posteriores en poco variaban su estilo amargo, pero la última, fechada el veintiuno de agosto, la alarmó: Roberto, el enamorado escritor de las misivas, mencionaba su sospecha de ser asesinado. Presa de un repentino sopor, el piso fue el mejor colchón para el inquieto sueño que la invadió, donde una cara con expresión burlona y un número señalado en una puerta, bailotearon alegremente frente a ella.

Despertó pensando en su situación: su vida personal era un desastre. Con un divorcio y varios hombres a cuestas, desde muchos meses atrás –ya ni recordaba cuantos- estaba sola, con las ganas de coger oprimiéndole el pecho y otras cosas más abajo. Lentamente, recorrió con sus manos la distancia contenida entre sus senos y su sexo, que hoy particularmente estaba más urgido de satisfacerse. Un bar y unos toquecitos para el aliviane serían la mejor solución. Sabía de uno donde el ir sin acompañante no representaría mayor problema y, vestida con su falda más corta -la verde, que resaltaba el dibujo de sus pompas- una blusa de tirantes en el mismo tono de la falda y altos botines de cuero negro, hacia allá condujo.

Poseedora de una figura envidiable, sabía moverse con soltura entre los miembros del sexo opuesto, por lo que no le fue difícil conseguir galán. Morena, de figura espigada y largos y undosos cabellos negros, manejaba bien sus encantos cuando de hombres se trataba. Una hora después, la cama del primer hotel cruzado en su camino, era testigo de su desfogue.

Salía de ahí cuando lo vio y decidió seguirlo. Imposible olvidar ese rostro. Entre el asombro y el anonadamiento provocado por el alcohol y la droga, lo miró entrar en su edificio. Como si tuviera ventosas en el cuerpo, se pegaba a las paredes cuidando de no ser notada….

Lo demás fue muy fácil: en tanto él abrió y entró presto hacia la recámara, olvidando cerrar la puerta, ella corrió hacia el interior, ocultándose en la cocina.

Ignorante del peligro, el hombre salió nuevamente. Guiada ahora por la voz de Roberto, revivía su pesadilla: como si conociera el lugar desde siempre, ella, Mariana Cienfuegos, inquilina del edificio ubicado en la calle de Magnolias número veinticinco, tomó el revólver guardado en uno de los cajones de la cocina, caminó hacia el armario….y esperó.
Perla Julieta Ortiz Murray, Primavera del 2010

viernes, 5 de marzo de 2010

Noche en la tierra

“So we’ll go no more a roving, so late into the night Though the hearts be still as loving, And the moon be still as bright..” Leonard Cohen
La noche exhala olores de vida, de entrañas de mujer recién amada… Perfumes exóticos penetran por entre los resquicios entreabiertos de las ventanas y un viento fresco, ligero, acaricia mi rostro que, con ojos cerrados y una breve sonrisa de placer, tú besas. Lo tomas entra tus manos y lo cubres de besos, despacio, sin prisa… Desde el fondo, apenas perceptible, llegan notas de una música suave, lenta, que, en sintonía con los insectos nocturnos que pululan en el jardín oscuro, sólo iluminado por la luna, crean una atmósfera perfecta para el amor. Así permanecemos por horas, ajenos al bullicio del tráfico en la calle y al ruido absurdo y necio que invade la ciudad. Nuestros cuerpos desnudos y entrelazados, se prodigan todo tipo de caricias. El uno responde al tacto del otro en perfecta sincronía y el mundo parece detenerse unos instantes a presenciar la más sublime escena de amor jamás representada… Y nos preguntamos qué busca la gente allá afuera, entre el ruido y la inmundicia; qué los mueve a ir tras lo efímero y lo banal… qué impulso idiota los domina, por qué se afanan en hallar la felicidad en lo vacío, en lo superficial… ¡Ah! Estallamos en un grito de placer y dolor mientras que lágrimas de júbilo resbalan por nuestros rostros empapados de sudor y todo es humedad, y todo es vida y muerte a la vez. Reclinas tu cabeza en mi pecho y tu respiración se va haciendo más pausada hasta volverse una sola con la mía. Y entonces, cuando la noche parece al fin descansar, tu voz rompe el silencio y dices: “No habrá más noches como esta para nosotros. Aunque el amor permanezca, y la luna siga brillando… porque la espada agota su filo, y el alma agota el pecho…y el corazón debe hacer una pausa y respirar y el amor mismo debe descansar…” citando a Lord Byron. Y yo lo acepto, serenamente y lo asumo como una condición necesaria para continuar nuestro aprendizaje. Y me duele, infinitamente, más lo acepto. “Es imprescindible hacer una grieta en la pared de nuestra celda para dejar entrar la luz” pronuncio y tú asientes con la cabeza mientras te desperezas poco a poco, te incorporas y, sentado a la orilla de la cama, acaricias mi cara y me dices “vamos, debemos irnos”. Una vez fuera, contemplamos la noche plena de estrellas. La luna al poniente se esconde tras una nube sólo para emerger aún más brillante. Me sonríes y hay en esa sonrisa una complicidad infantil que me obliga a responder de igual manera. Un último beso profundo y van con él pedazos de nuestras almas. Partimos. Cada quien a enfrentar su vida con honor, con dignidad y con los corazones plenos de amor para repartir entre quienes esperan de nosotros sólo eso, amor, en todas sus formas. Dentro de casa confirmo, al ver dormir plácidamente a mi hijo, que la felicidad está hecha de estos pequeños momentos, fugaces, pero intensos. De que son éstos el alimento que el espíritu necesita para crear, para vivir. Me tumbo en la cama. Reina el silencio que presagia la proximidad del amanecer. Por fin llega el sueño. Duermo. En mi cabeza la noche sigue, constelada.

lunes, 8 de febrero de 2010

A PASSION PLAY



And who comes here to wish me well?
A sweetly-scented angel fell.
She laid her head upon my disbelief
and bathed me with her ever-smile.
Jethro Tull

And alter all was said and done, here comes love again. This time it came disguised in the most unusual outfit: English styled hat, reading glasses, lousy looking loose shirt, working boots, whimsical smile (one who incites to lure and pleasure); mischievous look on a very sexy pair of eyes (half hidden behind the glasses); thick lips that one would want to bite so desperately to taste their juicy flavor….
Who would have thought of it? Just when I was trying to settle down for once, when I was trying to keep my mind clear and my heart steady, the thrill of emotion at the proximity of someone appears again with such an intensity that one would think it impossible to happen anymore…
But there we were, or shall I say, there he was? Playing some strange music at a half empty bar, in the most unlikely night for romance, throwing glimpses towards my table with a grin on his face… Suddenly, following a pure impulse, I find myself on stage with him singing an old tune that I recognized from the first chord… He seemed not surprised at all… It was as if he had done it on purpose… But, how would he know..?
After a song or two, we found ourselves sharing a drink on my table and talking about life and death, music, art, books, movies… but when we touched the wound with the nail was when we mentioned theatre… Voilá! Shakespeare´s lines started to flow from his lips like unsung poems of ancient times… His voice resembled that of an old bard reciting for his king and his eyes turned watery and shiny…. “A horse, a horse, my kingdom for a horse…” He quoted Richard III last act with the most sublime intensity I’ve ever heard… Hamlet´s classic monologue holding his jester’s skull, sounded like heaven in his voice… I was about to burst into tears when he became himself again and asked: Why not just run away from here…?
Dawn found us tired, naked and happy… I made some coffee and toast and silence surrounded the whole room… I broke it with I don’t know which stupid remark to which he replied… Where were you before me? Where have you been hiding from me all this time? How come you didn’t look for me a long time ago? I don’t have anything to give anymore… I am living for nothing now… I am half a man, cast away, broken… And you, with all your sheer beauty and your brilliant mind dare to disturb my almost peaceful life just when I have lost faith in love and kindness…?
I didn’t reply. I just couldn’t. We got dressed without a word. No promises or thank you words. No questions about ourselves. It would have broken the magic. That would be our most hidden secret. No one would dare to access our kingdom. Theatre, wine and music (along with sex, of course) would be our food, our fancy banquet in our secret place. Once or twice a week, we would just quit our ordinary lives and become the greatest actors in the most perfect passion play ever written. No audience would witness such a wonderful performance, except the moon, but she will not tell.

Teresa de Jesús Padrón Benavides
Winter, 2010