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| Fania Oz-Salzberg y su padre, el novelista Amos Oz |
Por Fania Oz Salzberg
Traducción del Inglés de Teresa Padrón
Es extremadamente difícil, sobre todo en estos días, ser una
israelí políticamente moderada. Mientras comento y publico mis puntos de vista
sobre Gaza en los periódicos y en las redes sociales, recibo una cantidad
enorme de mensajes de odio tanto de simpatizantes de Israel como de Palestina
de corrientes políticas de izquierda y de derecha.
Por más de diez años he estado escribiendo y hablando acerca del
diálogo entre Europa e Israel, sobre todo en lo que respecta al contexto del
conflicto israelí- palestino. He adquirido experiencia en distinguir entre las
críticas a las políticas de Israel (que he aceptado, la mayoría de las veces) y
la compasión por las víctimas inocentes del conflicto (la cual comparto con
muchas personas), pero también me he topado muchas veces con un sentimiento
“anti-israelí” severo, ignorante y generalizado que desemboca fácilmente en
anti semitismo.
El actual conflicto en Gaza ha liberado a todos los demonios de
sus botellas de nuevo. Los israelís amantes de la paz (que somos muchos),
estamos atrapados entre Scylla y Caribdis. Permítanme mostrarles cómo está
sucediendo esto en internet a través de comentarios a mis artículos y en mis
cuentas de facebook y twitter.
Conforme las hostilidades se encrudecían, escribí que me lamentaba
profundamente por todas las víctimas palestinas inocentes, especialmente por
los niños, sin poner excusas, “peros” y sin hacer analogías con las víctimas
del lado israelí. Mucha gente consideró auténtica mi postura. Muchos otros,
árabes y europeos, me acusaron de derramar lágrimas de cocodrilo y dijeron que
lo que los judíos están haciendo en Palestina se llama genocidio.
Los judíos, no los israelís. Los millones de judíos que viven
fuera de Israel son tan inocentes como la población civil en Gaza. Sin embargo,
ahora están siendo amenazados y atacados físicamente por ser judíos y, por lo
tanto, culpables. Cualquier norteamericano o sirio puede camiar tranquilamente
por las calles de París, Roma o Berlín,
a pesar de la matanza de miles de civiles por el ejército norteamericano en
Irak o por las tropas de Bashar al Assad en Siria. Un judío usando kipá,
ya no puede hacer eso. Si esto no es anti semitismo, ¿qué es? Genocidio. No una
guerra sucia y mala. No una confrontación entre un ejército como cualquier otro
defendiendo a la población civil de su país y una milicia terrorista disparando
desde un asentamiento urbano pobre, desprotegido y sobre poblado.
No se equivoquen. Es verdad que el ejército israelí se ha excedido
en el uso de su fuerza y ha matado a cientos de inocentes en su intento por dar
en el blanco de las milicias de Hamás y de los misiles. Pero Hamás se ha
asegurado de que sus militantes y sus misiles se hallen justamente en medio de
la población civil. Esos desafortunados civiles no tienen refugios anti bombas
(el dinero de la ayuda humanitaria internacional a Gaza se ha destinado a otros
fines y los materiales para la reconstrucción se han usado para hacer túneles
de ataque) y son forzados por Hamás a permanecer en sus casas aun cuando el
ejército israelí los haya prevenido para que se fueran antes de atacar.
Estos son los hechos. Ciertamente una guerra sucia. Incluso las
guerras justas ( y tengo motives para creer que Israel tuvo una razón de peso
para responder al torrente de los cohetes lanzados por Hamás el mes pasado), se
pueden tornar en guerras sucias. La justicia obtenida bélicamente, no asegura que
todo será “miel sobre hojuelas”. Pero ciertamente esto no es un genocidio.
La fórmula judíos-genocidio se está volviendo más popular
últimamente en los discursos de odio de algunos árabes y de algunos europeos,
quienes se empeñan en borrar el recuerdo del Holocausto (tergiversado por muchos
de ellos como un pretexto de Israel para invadir Gaza), y ha convertido a los
judíos en “asesinos masivos”. Me gustaría pensar que ningún alemán aceptaría
este pretexto para disminuir y erradicar el verdadero Holocausto, pero sé que
algunos alemanes sí lo hacen.
Me pregunto si alguien en Gaza logró salir bien librado por
oponerse a los ataques de Hamás a israelís inocentes. Me pregunto si alguien
quedó sin castigo por expresar compasión por las docenas de niños israelís
masacrados por bombarderos suicidas palestinos en los últimos diez años. No hay
necesidad de preguntárselo: la respuesta es “No”. Cualquier ciudadano de Gaza
que se oponga a los ataques a Israel o simplemente a cuestionar la legitimidad
de esta guerra a la vista de la evidente calamidad en Gaza, es castigado por
traidor. Hamás silencia a su propio pueblo con la ejecución. Ser moderado, como apuntaba Aristóteles, no siempre
significa estar exactamente en medio. La realidad es siempre asimétrica.
Para empezar, Hamás es mucho peor, como régimen, que cualquier
gobierno que haya tenido Israel en su historia. Los militantes de Hamás y la
Yihad islámica en Gaza son mucho más brutales, por tierra, que el ejército
israelí. Rodean a sus “soldados” (las comillas son mías), con niños; almacenan
su arsenal en escuelas y hospitales, incluyendo las instalaciones de
instituciones como la UNRWA, (Organización de las Naciones Unidas para los
Refugiados) y amenazan y echan de ahí a los periodistas que se atrevan a
reportar lo que está pasando. Deliberadamente, lanzan sus cohetes en jardines
de niños y hospitales israelís. Si tuviesen el poderío de la fuerza aérea y de
la artillería de Israel, la masacre a la población sería mucho peor que lo que
estamos viendo en Gaza hoy. Cada vez que señalo estas verdades, algunos de los
comentaristas las califican de propaganda israelí. Pero yo soy una proselitista
terrible. Como miembro crítico de la sociedad civil, jamás acepto totalmente
los reportes oficiales de mi gobierno y de mi ejército, pero la verdad es la
verdad, no importa de qué fuente venga.
Debido a que el poderío de Hamás es demasiado débil, el
sufrimiento de la población civil es también desproporcionado. Gaza es una zona
de desastre. Israel es parcialmente responsable. Decir esto, y además agregar
que Hamás es mucho más culpable, seguirá siendo cierto, independientemente de
los negacionistas de ambos lados. Si Hamás y Hezbolá tuviesen el poderío y la
estrategia militar de Israel, yo no estaría escribiendo esto. Estaría muerta.
Aunque a algunos “pro-Palestina” no les importaría eso, de seguro.
Déjeme aclarar una cosa: Yo soy pro-Gaza. Le deseo la paz, la
libertad y la prosperidad. Soy anti-Hamás, y
le deseo que se vaya al infierno. Ambos, Israel y Hamás han fallado
miserablemente, hasta el día de hoy, en dos de sus misiones principales. Hamás
ha fallado en su intento de matar niños israelís, mientras que Israel no ha
fallado en su intento de no matar niños de Gaza.
Pero, ¿qué hay del encarcelamiento de palestinos en su triste,
sobre poblada y maltrecha franja de tierra? Hace algunos años, publiqué un
artículo en un periódico alemán usando la metáfora del vecino que se sienta en
su balcón, con un bebé en el regazo y disparando hacia las recámaras de tus hijos,
¿Le devolverías los disparos? Sí, seguro que lo harías. Mi padre, Amos Oz, ha
tomado prestada mi metáfora recientemente (nuestra familia se permite ese tipo
de licencias), para describir la reciente oleada de violencia.
Mi artículo fue interceptado, tergiversado y atacado por los críticos
de Israel. ¿Cómo podía referirme a los palestinos como “vecinos”, cuando en
realidad eran prisioneros israelís? Como ocurre con frecuencia, las respuestas
de odio ignoraron el resto de mi artículo, alegando que esta condición de
“vecinos”, era claramente desproporcionada. Las lecturas sesgadas y los
comentarios mal informados, son parte integral del sentimiento anti israelí y
del anti semitismo actual. Los hechos históricos se olvidan fácilmente, para su
conveniencia. Los matices no son parte de su juego.
Permítame insistir. La Historia (con mayúscula) y los matices son
cruciales. Muchos de los 1,800,000 residentes de Gaza son refugiados de la
guerra de 1948 y sus descendientes. La guerra la iniciaron los árabes, quienes
rechazaron la resolución de las Naciones Unidas de dividir la tierra en dos
estados, uno judío y uno palestino. Israel ganó, los palestinos huyeron y
algunos fueron desalojados. Por muchos años, Egipto gobernó Gaza y no permitió
a sus refugiados salir de ahí o reconstruir sus vidas. Desde 1967, Israel y
Egipto comparten la responsabilidad de esta terrible situación. Pero Israel se
retiró de la franja de Gaza en 2006, sólo para ver a Hamás hacerse con el poder
y poniendo a Israel bajo una barrera de cohetes.
¿Por qué no quieren negociar la paz? Porque Hamás quiere destruir
a Israel y ver muertos a todos los judíos. Su carta fundacional lo dice muy
claro. También seamos justos, los gobiernos y el público israelí se han vuelto
cada vez más de línea dura y han abandonado la esperanza de alcanzar un acuerdo
de paz, incluso con el presidente moderado Mahmoud Abbas en la franja de Gaza.
Pero, ¿por qué molestarse examinando la Historia? Hoy, a los anti
semitas enmascarados de “anti Israelís” o les interesa la Historia. Quieren
hacer desaparecer el Holocausto y que los judíos sean culpables y permanezcan
culpables. Esto es una nueva forma de anti semitismo, evidentemente, pues
señala a Israel como un mega judío gigante y malo. Pero es también un anti
semitismo añejo y atemporal, porque es meta histórico, apoyado más en la
sicología que en los hechos. La religión, me temo, a menudo desempeña un papel
irracional en esta historia. El conflicto Israel-Palestina jamás ha sido entre
el Judaísmo y el Islam, sino entre territorio y soberanía. Hoy, los fanáticos
islamistas han secuestrado la causa palestina, mientras que los
fundamentalistas ortodoxos judíos insisten en asentarse en cada palmo de tierra
de la Israel bíblica a expensas de los compromisos hechos. Algunos cristianos
radicales han entrado a la disputa también, preconizando su ayuda incondicional
a un bando u al otro, sin que esto ayude a nadie.
Es por esta razón que los ateos moderados como yo, necesitamos
todo el apoyo que podamos obtener de parte de los musulmanes, cristianos y
practicantes judíos moderados. La línea
divisoria en el actual conflicto no es lentre as tres religiones, sino entre
ateos y creyentes. Se desarrolla (y esta vez tomo prestada una frase de mi
padre), entre todos los fanáticos y todos los moderados. Así que, ¿para qué
preocuparse por levantar una voz moderada, analizar de cerca la tragedia en
ambos lados (incluyendo la incomparable tragedia en las calles de Gaza
convertidas en ruinas) y apelar a eventos históricos, verdades cruciales,
complejidades y matices?
Porque yo no creo que la mayoría de los europeos, o incluso la m ayoría de los árabes estén dispuestos a ser alimentados por mentiras y regados por el odio. Porque como una estudiosa de la Ilustración y como una política liberal creo que el diálogo racional emparejado con la compasión humana, vencerán al final. Porque como humanista israelí, judía y sionista que cree en la solución del doble estado, espero que la esperanza vencerá. Pero sólo si nosotros la ayudamos a vencer.
Porque yo no creo que la mayoría de los europeos, o incluso la m ayoría de los árabes estén dispuestos a ser alimentados por mentiras y regados por el odio. Porque como una estudiosa de la Ilustración y como una política liberal creo que el diálogo racional emparejado con la compasión humana, vencerán al final. Porque como humanista israelí, judía y sionista que cree en la solución del doble estado, espero que la esperanza vencerá. Pero sólo si nosotros la ayudamos a vencer.
Fania Oz-Salzberg es una historiadora y ensayista israelí. Es
profesora en la facultad de derecho de la Universidad de Haifa. Su último
libro, Juden und
Worte (Los judíos y las palabras), fue escrito junto a su
padre, el novelista Amos Oz.

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