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lunes, 28 de julio de 2014

Corazón en dos mitades



El sol de julio bañaba el pasillo del hospital y el brillo del piso recién pulido hacía que Amina entrecerrara los ojos mientras checaba su tarjeta de salida. Esa luz matinal bañándole el rostro le llenaba de una profunda nostalgia por los días en que ella y sus padres recogían del patio de su casa, en los altos del Golán, las granadas para el gulash de ramadán.
Camino a casa se detuvo como siempre a comprar el diario y los cigarros de su padre. ¡Shalom Tzipi! Saludó al tendero que le respondió de mala gana y le aventó con el diario, señalándole con su dedo índice, grueso y velludo, la fotografía de primera plana.  Amina miró la noticia de reojo, pero mientras hurgaba en su monedero buscando los 15 shkelim, su corazón latía cada vez con más fuerza. La ocupación había terminado y las fuerzas apostadas en la franja volvían a casa. Se sentó, pidió un café, encendió un cigarrillo y leyó con atención las páginas interiores. Después de 6 meses y medio de hostilidades, el conflicto había terminado. Era sólo cuestión de días para que se firmara la paz, la anhelada paz, la bendita paz.
Estiró el dinero a Tzipi y salió a toda prisa sin despedirse. El rechinido del portón despertó a su perro que salió a recibirla meneando el rabo. Recogió la correspondencia y oyó a su padre gritar exigiendo su café y su diario.  ¡Bóker tov, Aba, ¿ma shlomjá? Su padre no respondió y sólo estiró la mano para recoger la charola con las cosas. Volvió a la cocina y abrió apresuradamente la carta. Leyó con prisa línea por línea sin detenerse hasta legar a la parte que decía:
“Amina, ahabá sheli, te escribo con el corazón partido en dos mitades. Esto terminó. Volvemos a casa. No tuve que disparar un solo tiro. Mis manos están limpias y ansiosas por acariciar de nuevo tu carita hermosa. La guerra es el infierno. Nadie gana. Todos pierden. Gracias a Dios ha llegado la paz. Te compré un vestido azul con flores verdes, enormes. Shaira, la vendedora, me ha dicho que se llaman “Dhalias”, que en hebreo quiere decir “ramo de flores” y en árabe quiere decir, “esperanza”, como la esperanza de volver a estar juntos y para siempre, que es lo que me ha mantenido cuerdo todo este tiempo.
Por favor, ahabá sheli, espera un poco más. Casi puedo aspirar el fresco olor a gardenia de tu pelo negro que tanto amo.”
Tu Ari

Sus lágrimas habían caído en el café que se había enfriado y ahora tenía un sabor salubre. Pero esta vez eran lágrimas de alegría. Mientras preparaba el desayuno, le vino el recuerdo de aquella vieja canción que él cantaba con su guitarra en el bar Tel Keidar la noche en que se conocieron: “Kol ha leilot ba midbar, aní jolemet otí..”  (Todas las noches en el desierto sueño contigo) y una sonrisa iluminó su cara.
No había terminado su omelette cuando sonó la alarma anti aérea. Entró corriendo al cuarto de su padre, le ayudó a meterse bajo el cobertizo y ambos permanecieron ahí un buen rato. Cesaron los estallidos. Se incorporó y metió a su anciano padre de nuevo en la cama.
De vuelta en la cocina, encendió el televisor. Los rostros de varios soldados iban apareciendo encuadrados en la pantalla con sus respectivos nombres. El suyo no estaba entre los heridos. Cambió de canal y su corazón se detuvo uso instantes antes de emitir un grito sordo, amargo, como salido de las entrañas del desierto. El gritó apagó el ruido de las sirenas.
Alcanzó a reconocer su boina con el Maguén David que ella le había bordado. Su amplia sonrisa y los grandes ojos azules que ella tanto amaba y que ahora volvían a casa cerrados para siempre.”La guerra es el infierno. Nadie gana. Todos pierden”.

Teresa Padrón Benavides

México, D.F. Verano del 2014

viernes, 4 de julio de 2014

¿Quién puede contra Él?



“Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para arrepentirse.
¿Lo ha dicho Él y no lo hará? ¿Lo ha prometido y no lo cumplirá?”
Números 23:19

En el libro de Números, al inicio del capítulo 23, Balac, rey de los moabitas, está temeroso de los israelitas que se acercan a sus fronteras pues sabe que desde que el pueblo salió de su esclavitud en Egipto, han tenido que librar batallas contra otros reyes y los han derrotado, a pesar de que intentaron bordear sus países para  no dañar sus tierras, pues no pretendían conquistarlos, sino sólo usarlos como lugares de tránsito en su viaje de retorno a la Tierra Prometida.
Balac hace venir a un hechicero de Mesopotamia, Balaam, y lo instruye para que maldiga al pueblo de Israel con una anatema poderosa. Sin embargo, cuando Balaam está a punto de subir al montículo desde donde habrá de lanzar su maldición, sale un ángel de Dios a su encuentro e intenta impedir que vuelva con su rey. Más tarde, en un sueño, Dios mismo se aparece a Balaam y le dice que vuelva con Balac, y le diga estas palabras:   “¿Quién puede contar el polvo de Jacob, o numerar la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, y sea mi fin como el suyo. 
 Entonces Balac dijo a Balaam, “¿Qué me has hecho? Te tomé para maldecir a mis enemigos, pero mira, ¡los has llenado de bendiciones!  Y él respondió y dijo: ¿No debo tener cuidado de hablar lo que el Señor pone en mi boca?” (Núm:23:10)  Y un poco más adelante: “Porque desde la cumbre de las peñas lo veo, y desde los montes lo observo. He aquí, es un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones.
A lo largo de la Historia, el pueblo de Israel ha sufrido persecución, abusos, despojo de su tierra y de sus pertenencias, humillaciones, insultos, vituperios. Ha sido víctima de los peores crímenes del hombre contra sus semejantes, como durante el Holocausto, en donde murieron más de 6 millones de judíos de todas las edades. ¿Por qué?  El Talmud y la Midrash, dos de los textos sagrados del judaísmo, nos hablan de la ocasión en que Dios ofreció la Torá (sus leyes, sus preceptos) a todos los pueblos de la tierra. Ninguno estuvo dispuesto a servir de ejemplo para el resto de las naciones, pues es una gran responsabilidad. Una carga muy pesada de llevar a cuestas. Sin embargo, los israelitas sí aceptaron, libre e incondicionalmente y decidieron, en un pacto sagrado con Dios, ser el pueblo que diera testimonio de su Gloria.
¿Por qué lo hicieron?  Intentaré explicarlo con una hermosa parábola del Maguid de Dubno, uno de nuestros más amados rabinos. Un comerciante fue una vez a un almacén mayorista para comprar prendas de vestir a crédito. El tendero se mostró más bien reservado y le mostró algunos de los artículos que ofrecía, pero no extrajo sus principales mercancías, y citó precios altos para todo lo que tenía en exhibición. Al final, el comerciante abandonó el almacén sin haber comprado nada. Poco después entró otro cliente y dijo que estaba dispuesto a pagar en efectivo. Esta vez el tendero extrajo lo mejor y más vendible de sus existencias y citó precios al por mayor razonables. Pronto se hizo una venta y el cliente se fue, bien satisfecho. Después de cerrarse la puerta del almacén, un aprendiz, que había observado los acontecimientos, preguntó a su patrón por qué había sido tan obviamente discriminatorio con el cliente que había querido hacer compras a crédito. Contestó el tendero: “¿viste al primer hombre? De una mirada yo podía decir que no era confiable y jamás habría saldado sus deudas. Tenía que ser cortés con el hombre, pero no estaba ansioso por hacer negocios con él y actué en consonancia. Ahora bien, el otro hombre, que siempre paga en efectivo lo que compra, es un viejo cliente, un caballero confiable a quien, de hecho, yo habría extendido crédito ilimitado si lo hubiera pedido. Naturalmente, me complace hacer negocios con una persona así e hice lo mejor que pude para satisfacerlo.”  El Supremo, dijo Rabí Iaacov, tenía la mercadería más preciosa de todas en oferta –la Santa Torá. Ahora bien, Él conocía de antemano cuál sería la actitud de las demás naciones. Estaban ansiosas por disfrutar de los placeres de este mundo a pleno, y por lo tanto a duras penas podían ser confiables de que observaran la Ley. En consecuencia, Di-s no estaba ansioso por que la tuvieran. No obstante, no deseó ser descortés, y por eso ofreció Su Torá a una nación pagana tras otra. Sin embargo, en cada caso, enfatizó aquel aspecto de la Torá que resultaría más difícil de aceptar a esa nación. Así, por ejemplo, cuando la presentó a los edomitas, les contó, ante todo, del Sexto Mandamiento, que prohíbe el asesinato, pues los hijos de Esaú habían hecho del homicidio una parte de su modo de vida. A los amonitas y moabitas, notorios por sus harenes, les mostró, ante todo, el Séptimo Mandamiento, que prohíbe el adulterio. Todas estas naciones habían demostrado a lo largo de su historia previa que serían incapaces de observar un Código de Leyes como el contenido en la Torá, y Di-s prefirió no dárselo a ellos, pues de las leyes de la Torá se espera que sean observadas, y no violadas. Los Hijos de Israel, sin embargo, habían probado desde sus albores su constancia y disposición por hacer cualquier cosa que dispusiera la voluntad de Dios. Por lo tanto, Di-s ansioso de que tuvieran Su Torá, les reveló toda la profunda sabiduría que Su Ley Eterna contenía.”

Hasta aquí la parábola del Maguid de Dubno. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué es lo que mantiene unido al pueblo de Israel?  y sobre todo, ¿cómo han podido sobrevivir a tanta persecución y crueldad? ¿Cómo han logrado sobresalir en todas las áreas del conocimiento obteniendo tantos premios Nobel y otros reconocimientos? ¿Cómo una nación tan pequeña puede ser tan fuerte y tan próspera en todo lo que emprende? ¿Poseen acaso una fórmula “mágica” para ello? ¿Acaso recurren a la hechicería, a los anatemas o al vudú? No. Cuando los judíos del mundo se asumen como el “pueblo elegido”, no es porque consideren esto un privilegio, sino más bien, una gran responsabilidad, pues al aceptar la Torá, hacen un pacto de santidad con Dios y eso los convierte en ejemplo para el resto de las naciones. Y cuando uno sabe que ejerce influencia sobre los demás, debe cuidar muy bien sus caminos. Como un padre que instruye a sus hijos para ser buenas personas, predicando con el ejemplo, más que con las palabras.  Como dice el libro de Josué 1:8 “El Libro de esta Ley no se apartará de tu boca, sino que la estudiarás día y noche, para ser cuidadoso en actuar según todo lo escrito en él, pues entonces harás prosperar tus caminos, y tendrás éxito”.  (Las cursivas son mías).
No es fácil entender cómo el pueblo de Israel se mantiene vivo a lo largo de más de 4000 años de historia. Y no sólo vivo, sino fuerte, sólido y próspero. No es fácil entender cómo, a pesar de todo lo que otros han hecho por destruirlo, por miedo, ignorancia y envidia de su prosperidad, sigue en pie y sigue siendo ejemplo de constancia, de esfuerzo, de estudio, de amor por la vida y de temor de Dios. Es difícil entenderlo si no lo vemos a la luz de la Biblia y de sus enseñanzas. Si lo vemos a través del agua turbia de la historia y del tamiz de 2000 años de cristianismo.
Pero el texto bíblico es más que explícito: “El declara Su palabra a Jacob, Sus estatutos y ordenanzas a Israel. No lo hecho así con ninguna otra nación, y Sus ordenanzas no les ha dado a conocer”. (Salmo147)   Por eso es que Israel es un pueblo fuerte y una nación poderosa, pues Dios es su aliado. Muchos podrán argumentar en contra diciendo, ¿Y por qué Dios los abandonó durante el exterminio nazi? Dios jamás nos abandona. Somos nosotros, los hombres, quienes haciendo mal uso de nuestro libre albedrío, cometemos los peores crímenes contra Él. El nacionalsocialismo es sólo una de las tantas aberraciones que los hombres, presas del miedo y la ignorancia, han inventado para hallar culpables de su miseria, moral y económica y para justificar los actos más bajos y viles contra sus semejantes.
Sin embargo, como dice el hechicero Balaam al rey moabita, Balam: “Porque desde la cumbre de las peñas los veo y desde los montes los observo. He aquí que es un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones, ¿Quién puede contar el polvo de Jacob o numerar la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos y sea mi fin como el suyo.”
Ni los ejércitos más numerosos con las armas de destrucción masiva más poderosas, nada ni nadie pueden contra Dios y contra su bendición. Y los judíos del mundo, vivamos o no en la tierra de Israel, tenemos su bendición.
¡Shabat shalom!

Teresa de Jesús Padrón Benavides
Viernes, 6 de Tamuz, 5774







miércoles, 4 de junio de 2014

¿Poder o influencia?



Por Teresa Padrón Benavides

Hay un momento hermoso en la parashá de esta semana que nos habla de la generosidad de Moisés como líder del pueblo hebreo. Moisés se hallaba desesperado y desconsolado al ver que la gente se quejaba por la falta de agua y comida a mitad del Sinaí, en lugar de agradecer a Dios por haberles librado de su esclavitud en Egipto. Ya no querían alimentarse de maná, querían comer carne. Moisés se da cuenta de que el pueblo no ha aprendido ni aceptado que la libertad tiene un precio y se encuentra totalmente devastado y ruega a Dios que le quite la vida, pues no puede más con esa carga: “si es así como has de tratarme, te ruego que vayas delante de mí y me quites la vida…si he hallado favor a tus ojos, no me dejes presenciar mi propia ruina.” (Números 11:15)

Dios, al ver la tristeza de Moisés, le ordena que reúna a 70 hombres del sanedrín y que delegue funciones a ellos y reparta su liderazgo entre todos y así aligere su carga. Moisés lo hace y sobre ellos se posa el espíritu divino que les ayudará a conducir los asuntos del pueblo sabiamente.  Sin embargo, Josué, el segundo en liderazgo después de Moisés, ve esto como una amenaza potencial, a lo que Moisés le responde, con gran dignidad, “¿Estás celoso? Yo querría que todos los hombres fuesen profetas y que Dios les infundiera del espíritu divino para que supieran conducir al pueblo sabiamente.” (Núm. 11:29)

Sin embargo, pasajes más adelante, Moisés no mostró la misma generosidad, cuando Kóraj y sus seguidores se amotinan y sublevan contra él. En esa ocasión, Moisés rogó a Dios que se abriera la tierra y los tragara vivos, lo cual sí sucedió. (Num. 16:28-30) ¿Cuál es la diferencia entre ambos pasajes bíblicos? Para entenderlo, es necesario establecer la diferencia entre poder y liderazgo, dos palabras que suelen confundirse a menudo. Creemos que toda la gente poderosa ejerce influencia y que la gente influyente tiene poder, pero no es así.

Imaginemos que tenemos un poder absoluto. Lo que deseemos, se hace. Un día, decidimos compartir ese poder con otros nueve. Ahora sólo tenemos una décima parte del poder del que gozábamos. Ahora, imaginemos que tenemos que tenemos cierta influencia. Decidimos compartir esa influencia con otros nueve, a quienes hacemos nuestros socios. Ahora tenemos 10 veces más poder de influencia, pues en vez de ser sólo nosotros, ahora hay otras nueve personas esparciendo el mismo mensaje. El poder funciona por división, la influencia por multiplicación. Entre más poder compartamos, menos poder tenemos. En cambio, entre más influencia compartamos, más tenemos.

Durante más de cuarenta años, Moisés había hecho las veces de líder absoluto del pueblo hebreo durante su travesía por el Sinaí. Había desempeñado funciones diversas, como la de profeta, enseñándoles la Torá a los israelitas y comunicándose con Dios. Había sido maestro, juez en los problemas y conflictos entre las personas, etcétera. Lo único que no había sido, era sacerdote del templo, pues esa función recayó sobre Arón, su hermano. En el libro de Números, capítulo  27, versículos 18 al 20, leemos: “Toma a Josué, hijo de Nun, y hombre de espíritu y posa tu mano sobre él (besamajta) y colócalo delante de Eleazar, el sacerdote y delante de toda la comunidad y cédele parte de tu poder y de tu dignidad (hod) para que le obedezcan todos los israelitas.”
La palabra hebrea semichah, es el origen de ve.samajtá, que quiere decir “posar la mano sobre la cabeza de alguien”, confiriéndole así, investidura y poder para tomar decisiones en su nombre. Es lo que hace un rabino al ordenar a alguno de sus pupilos para que éstos puedan continuar con la transmisión de la Torá. Por otro lado, la palabra hebra hod, significa “honor”. Hod malkhut, es el honor de los reyes. Los reyes tienen poder, los profetas, o maestros (rabinos), tienen influencia. Josué y los siguientes reyes de Israel, tenían poder, pero no todos tenían el poder de influir sobre la gente. Los profetas, en cambio, siguen ejerciendo influencia con sus enseñanzas hasta nuestros días. Como decía el filósofo Soren Kierkegaard, “Cuando un rey muere, acaba su poder. Cuando un profeta muere, comienza su influencia.”

El judaísmo claramente establece la diferencia entre poder e influencia. Es muy enfático sobre la importancia de la segunda y muy escéptico respecto de la autenticidad del primero. El Tanaj, uno de nuestros libros más estudiados, pues son comentarios acerca de las leyes, es muy enfático en su crítica al poder. El poder absoluto, dice, sólo pertenece a Dios. La Torá reconoce la necesidad de mantener la Ley y el orden en un mundo imperfecto, pero no a través del poder, sino e la influencia, es decir, del ejemplo. El auténtico liderazgo que la Torá reconoce es el que surge de la influencia, no del poder. Y quienes más influencia han ejercido en el judaísmo son sus profetas y maestros. Moshe rabeinu (Moisés, nuestro maestro). Ezra, Hillel, rabbi Akiva, los maestros del Tlamud y en fin, una larga lista de profetas y maestros quienes, con sus sabias enseñanzas respecto del amor, de la justicia, de la generosidad, del valor del esfuerzo y del estudio, han conducido al pueblo hebreo durante más de 3000 años a través de los desiertos de la ignorancia, del odio, de las persecuciones, de los abusos de poder y de la injusticia. El maestro como héroe, ese es el papel que sigue teniendo para el judaísmo.

Todos, en algún momento, somos influencia para alguien. No sólo hermanos mayores, sino padres de familia, maestros y amigos. Pensemos y reflexionemos respecto de esto: Todos somos “maestros” de alguien más, en algún momento y, por lo tanto, ejercemos influencia sobre él o ella, influencia buena o mala. El judaísmo fue la primera civilización basada en la educación. Las casas de estudio o yeshivás, hacen énfasis en el valor del estudio más que incluso, el de la oración. Para Dios es muy importante que seamos personas instruidas, educadas, que adquiramos conocimiento y lo compartamos con los demás. El judaísmo es enfático respecto de que debemos adquirir conocimiento y compartirlo. Pero ese conocimiento debe ser para beneficio de todos, debe de materializarse en cosas útiles y buenas, que hagan del mundo un lugar mejor, en todos los sentidos (el Tikkun Olam), o el mejoramiento del mundo.
Los buenos líderes son personas que ejercen una buena influencia sobre los demás y logran que se movilicen en torno a un objetivo noble y común. Lo hacen apelando a los sentimientos y necesidades de la gente y les enseñan cómo trabajar en equipo, como concebirse como un grupo, como una comunidad. Estan dotados de un avisión común, su personalidad es carismática, sencilla, amable y articulan sus ideas en un lenguaje entendible para la gente. Los otros, en cambio, los déspotas,  ejercen su liderazgo abusando de su poder, lo hacen tratando a las personas como medios, no como fines, es decir, despojándolas de su calidad de personas, viéndolas como objetos y, por lo tanto, ignorando sus necesidades. El poder minimiza el valor de las personas. La influencia a través de la educación, las ennoblece y engrandece.


Reflexionemos acerca de esto volteando a ver en torno nuestro y veamos si nuestros líderes, nuestros gobernantes, maestros, y nosotros mismos estamos siendo una buena influencia para los demás o si sólo estamos ejerciendo nuestro poder abusivamente. La respuesta que demos a lo anterior, nos explicará la realidad en la que se halla nuestro país (y el mundo entero) en nuestros días.

martes, 24 de diciembre de 2013



"En cuanto a ti, Belén Efrata,
pequeña entre los clanes de Judá,
de ti saldrá un gran gobernante de Israel
que desciende de la casa de David.... Él traerá la paz."
Miqueas 5:2-12
La Navidad Judía
Mientras escribo estas líneas, sola en mi casa en la víspera de la Navidad, pienso en los orígenes de esta celebración, que se festeja en todo el mundo y que anuncia la buena nueva del nacimiento del Mesías, quien vino a redimir del pecado a los que creen en Él, de acuerdo a la tradición judeo-cristiana.
De acuerdo a las fuentes históricas, Jesús, fue llamado el Nazareno debido a que fue en Nazaret, una alejada aldea al sur de Galilea, en donde se establecieron sus padres, José y María un poco después de la muerte de Herodes, quien gobernó Judea del año 37 al 4 antes de la era común.
Durante ese periodo histórico, Judea era un territorio dominado por reyes impuestos por los romanos y, por lo tanto, sometido al dominio y a las leyes del imperio. Un poco antes, y durante muchos años, Judea había sido conquistada por los griegos, quienes ejercieron gran influencia en el pensamiento judío de la época y quienes, infructuosamente, intentaron imponer sus dioses y sus costumbres paganas a los judíos.
Sea como fuere, la Judea de Jesús era una en donde predominaba el caos y el desorden social, la desobediencia civil, la miseria, la ignorancia y la anarquía, todo esto como consecuencia de las leyes injustas del imperio romano que sangraban al pueblo con impuestos altísimos, además que le impedía vivir de acuerdo a los preceptos del judaísmo pues no podían sino trabajar arduamente para sobrevivir y, en consecuencia, no podían cultivarse ni estudiar la Torá, la fuente de su comportamiento ético.
Fue por esa época, alrededor del año 6 a.e.c. que, de acuerdo a los evangelios, nació en Belén, una aldea al sur de Jerusalén, Jesús (Yeshua, en hebreo y que significa "el que salva"). Según el Nuevo Testamento, Jesús nació de una joven llamada María, quien habrìa de ser la esposa de José, un carpintero mucho mayor que ella (tal vez fue su segunda mujer) y, según la leyenda, fue concebido "sin mancha", pues María era aún virgen cuando recibió la visita de un ángel que le anunció que daría a luz a un hijo varón y que éste sería llamado Yeshua, pues sería el salvador de su pueblo. José, al conocer la noticia del embarazo de su prometida, quiso rechazarla discretamente, para no exponerla a la verguenza pública, pero él también recibió a un ángel en un sueño y éste le dijo que el niño había sido concebido a través del espíritu santo y que debía casarse con María. José hizo tal y cual el ángel le había ordenado y la desposó más no tuvo contacto con ella hasta después el nacimiento del niño.
Cuando el rey Herodes, quien era cruel y despiadado se enteró, a través de los sabios y los escribas de su época, que nacería un "rey de los judíos", que traería paz y prosperidad y gobernaría a su pueblo con justicia, se sintió amenazado y ordenó a los sumos sacerdotes y a los escribas ir a el lugar en donde, de acuerdo a los sabios, nacería el Mesías (el salvador, en hebreo).  Ellos sabían bien que sería en Belén, pues, eso es lo que había escrito el profeta Miqueas, muchos años antes, cuando dijo: "En cuanto a ti, Belén Efrata, pequeña entre las tribus de Judá, de ti saldrá un gran rey de Israel, descendiente de la casa de David y que traerá la paz". (Miqueas 5:5) Herodes les pidió que fuesen y volvieran para decirle en dónde estaba el niño para ir a “adorarlo y a postrarse ante él”. Los sabios, algunos de los cuales venían de provincias remotas de oriente, y que dominaban la magia y de la alquimia, según la leyenda, decidieron volverse a sus lugares de origen sin contar nada a Herodes, pues sabían bien las intenciones de éste.

Cuando Herodes se enteró de lo sucedido, ordenó masacrar a todos los varones de dos años o menores que hubiesen nacido en los alrededores de Belén y así se cumplió la profecía de Jeremías (de nuevo, en el antiguo testamento, en la biblia hebrea) cuando dijo: “Una voz se oyó en Ramah… gritos y lamentaciones, Raquel llorando por sus hijos, rehusó ser consolada, pues ellos habían perecido.” (Jeremías 31:31).
De nuevo, un ángel vino a José en sueños y le advirtió que huyese con María y el niño. José los tomó y se dirigió a Nazaret, en el distrito de Galilea, en donde se asentó con su familia.

Todo lo que vendría después en la vida de Jesús, es un misterio. Reaparece ya entrado en los treinta años cuando hace que Juan lo bautice en el Jordán y comienza a predicar los evangelios, los cuales están fundados absolutamente en la Torá, en la Ley judía, aunque la tradición y la Historia (en especial la iglesia católica) se hayan encargado de despojar a Jesús de todo su judaísmo. Si leemos con atención en evangelio según san Mateo, en el capítulo 5, versículo 17, dice: “No crean que he venido a abolir la Ley de los profetas (la Torá), no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento… Pues en verdad os digo, que hasta que el cielo y la tierra hayan pasado, ni una sola letra de la Ley se abolirá hasta que se haya cumplido.”

Reflexionando en todo eso y escuchando el bellísimo Mesías de Handel, pienso en el verdadero mensaje de la Navidad y siento una profunda alegría de pensar en los millones de hogares cristianos en el mundo que ahora mismo estarán preparándose para celebrar la buena nueva del nacimiento de Jesús pero también una gran tristeza al pensar en cómo se ha tergiversado, cómo se ha distorsionado su mensaje y en lugar de ser una época de paz, amor, regocijo, hermandad y recogimiento, se ha vuelto ocasión de un consumismo idiota y exacerbado, de algarabía sin sentido, de glotonería y gula, de embriaguez y estupidez.

Si los cristianos del mundo conocieran a profundidad el verdadero mensaje de los evangelios y, sobre todo, la fuente judía de las enseñanzas de Jesús, la Navidad sería realmente una ocasión de celebrar el milagro de la vida, y el valor del amor y el sacrifico de Jesús recuperarían su verdadero sentido y su muerte no habría sido en vano.
Felices Fiestas.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
Navidad, 2013




jueves, 24 de octubre de 2013

El valor de las personas

La esencia dela vida es un intenso cuidado e interés
A.J. heschel

Hoy leí una noticia que me llenó de estupor, de vergüenza y de miedo. Un hombre murió a falta de atención médica afuera de un hospital en Sonora, en donde estuvo tirado durante cinco días, pues no lo atendieron por no tener algún tipo de seguridad social. Se llamaba José y era jornalero en una plantación de sandías en Guaymas. Había llegado hasta la ciudad desde el campo donde trabajaba pues había sufrido una lesión en la columna y sufría dolores insoportables. En su largo deambular por las calles, se vio en la necesidad de pedir comida y algo de dinero, por lo que la policía lo recogió al pensar que se trataba de un indigente borracho. Una vez afuera del hospital, fue completamente ignorado por el personal médico y por los pacientes que entraban y salían y aunque suplicó por ayuda, nadie se la prestó, ni siquiera volteaban a verlo y el hombre murió de inanición (eso reveló la autopsia, pero yo creo que murió de tristeza).
¿Cuánto vale la vida de una persona? ¿Qué virtudes o atributos debe poseer alguien para ser considerado digno de vivir o de morir? ¿Cuáles son los códigos que rigen nuestra escala de valores cuando se trata de la dignidad del ser humano? ¿Quién o quiénes dictan los parámetros con que medimos el valor de una persona? ¿De dónde surgen esos “valores”?  Creo que surgen de la bazofia televisiva y de los medios masivos, de la cultura del show bis en donde el dolor y la miseria humanos son vistas como espectáculo. Nuestra insensibilidad dente el dolor de los demás nos ha vuelto inmunes y somos incapaces de compadecernos de quien sufre y de hacer algo al respecto.
Al ver el video del hombre agonizando, no pude dejar de sentir un profundo dolor y también mucho coraje e impotencia, pues pensé en la cantidad de personas “invisibles” que deambulan ahora mismo por las calles sin rumbo fijo y sólo apelando a la compasión, a la misericordia, a la empatía de alguien para no morir llevándose una terrible impresión de sus semejantes.
Sin embargo, y esto muy a mi pesar, la muerte de José, al menos a mí, me sirvió de inspiración (por terrible que esto pueda sonar), y me hizo retomar mis enseñanzas y volver a las fuentes de la filosofía judía (y cristiana), de donde emanan los preceptos que nos hacen dejar a un lado nuestros “problemas”, nuestro egocentrismo y voltear a ver al otro, a mi semejante, a quien comparte este especio y este tiempo conmigo.  
Dice Abraham Joshua Heschel en uno de sus más hermosos libros Man Is Not Alone, que no es verdad que el impulso vital de los hombres sean sólo el deseo de dominio, el ansia de poder, el apetito sexual o el anhelo de sobresalir. Dice que en todos los hombres mora una inclinación al amor desinteresado. Dice también que no es cierto que en todas las épocas, todos los hombres hallan actuado sólo en términos de su propia satisfacción o prosperidad y que en muchas ocasiones el hombre resiste las recompensas tentadoras de la aprobación general, de la popularidad vulgar y, en cambio, permanece fiel a sus principios morales o religiosos.
Pero, dice Heschel, para que el hombre sea capaz de olvidarse de sí mismo y de involucrarse e interesarse por los demás, debe primero, preservar y cuidar su propio ser. Es decir, el amor propio, la auto preservación de la vida, es el principio básico por el que actuamos. Y si la vida es Sagrada, como lo creemos, entonces preservarla es lo que mantiene su sacralidad. El cuidado de nosotros mismos sólo se vuelve un vicio por asociación, es decir, cuando se le asocia con el total desinterés que mostremos hacia los demás. El precepto “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”, lleva implícito el deber de preservar y amar nuestra propia vida. Pero este mandamiento concluye con las palabras “Yo soy Yahvé, tu Dios”. Y estas últimas palabras son las que contienen el fin último de este solemne precepto. Sólo de Dios pueden emanar tales preceptos, pues si emanaran de otras fuentes, no serían ciertos y, por lo tanto, no serían atemporales y universales. [1]

Todos los días asistimos a actos de crueldad, de violencia, de sometimiento de unas personas hacia otras. Todos los días somos espectadores impasibles del horror, del abandono, del desinterés. Permanecemos inmutables ante las necesidades de los demás y vamos por la vida haciendo alarde de lo que tenemos, de lo que somos. Las redes sociales son el escaparate donde mostramos al mundo nuestras “virtudes” y “atributos”. Fotografías con poses sugerentes; poemas, canciones o comentarios “inteligentes” respecto de cualquier cosa. Nos gusta mostrarles a los demás que somos diferentes, especiales, únicos. Hacemos énfasis en lo que nos distingue y nos aleja de los otros en vez de hallar afinidades y puntos en común con ellos. Vivimos en la sociedad egocéntrica. El culto a la personalidad es lo de hoy.
Esta tendencia va justamente en contra del precepto bíblico de amar al prójimo como a uno mismo, pues el tipo de amor al que hace referencia no es el que parece prevalecer entre la gente hoy en día, sino el que menciona Heschel, un amor que dignifica y sacraliza la vida en todas sus formas y que nace de la preservación y sacralización de la propia vida, pues ésta viene de Dios. Sólo en la medida en que el amor y el cuidado a uno mismo  se asocien a este precepto, podremos voltear a ver al otro, a su vida, y a interesarnos por preservar la suya también. Pero la razón por sí misma es incapaz de forzar a nuestra alma a amar desinteresadamente, sin otros fines que el amor en sí mismo. La gran lucha por la integridad debe librarse en el corazón mismo de cada persona, liberándola de su egocentrismo y alimentando el poder liberador del amor.
El de José es un claro ejemplo de la falta de amor propio que se manifiesta en el descuido por nuestros semejantes. José murió víctima de la falta de amor propio que impera en el mundo y que se traduce en la incapacidad de sentir afecto por los demás. José murió porque para nosotros, ahora, la vida ha perdido su dimensión sagrada.

Teresa Padrón Benavides
Otoño de 2013


[1] Abraham Joshua Heschel, Man Is Not Alone, Ferrar, Strauss y Giroux, Nueva York, 1951.

sábado, 5 de octubre de 2013

Dos ciudades: Acapulco y Estocolmo


¿Qué tienen en común Estocolmo y Acapulco? Ambas ciudades son consideradas paradisíacas, cada una a su manera. Sin embargo, geográficamente, están separadas por miles de kilómetros y sus características demográficas y geográficas son disímiles. Ambas ciudades invitan a ver el mundo desde dos miradas diferentes.
Estocolmo es la ciudad más limpia de Europa, en términos de calidad del aire, del suelo y del agua. Situada entre los fiordos escandinavos, en la península escandinava, posee muchos de los más bellos paisajes naturales del planeta. Famosa por su bella arquitectura, sus parques, jardines y edificios, Estocolmo es considerada como “la Venecia del Norte”. Ha sido sede de los encuentros mundiales sobre cambio climático y justo hace una semana, del 23 al 27 de septiembre, se realizó allí el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, cuyo informe respecto del calentamiento global, es desalentador.
Estocolmo es uno de los 290 municipios de Suecia, y pertenece a la provincia de Estocolmo. Los 18 distritos en que se divide al país, cada uno con sus respectivos municipios, son autónomos y ostentan la responsabilidad de los programas de asistencia social, cultural y educativa dentro de sus territorios.  Es decir, el gobierno central no existe como tal. Existen en Suecia 7 partidos políticos, cuatro representantes y tres de oposición, algunos de los cuales con de izquierda. Sin embargo, el partido moderado es quien cuenta con más escaños.
Es una de las ciudades con más actividad cultural de Europa. El teatro nacional de Suecia  es considerado por muchos uno de los principales foros teatrales del mundo. La compañía nacional de ópera, los museos históricos como el Skansen, el Vasa o el del palacio real, son sólo algunos de los muchos centros culturales con que cuenta la ciudad. Suecia combina  a la perfección modernidad e historia y el respeto y conservación de los barrios antiguos de Estocolmo y otras ciudades, no ha impedido su desarrollo urbanístico, científico y tecnológico. Estocolmo es el centro de la actividad industrial y económica de Suecia, con 40% de la actividad del país.
En cuanto a educación se refiere, Suecia cuenta con tres de las universidades públicas más prestigiosas de Europa: el Instituto Karolinska, fundado en 1810, es una de las mejores universidades médicas del mundo; la universidad de Estocolmo y el real Instituto de Tecnología, ambos fundados en 1827, cuentan con programas de intercambio para estudiantes de todo el mundo y reciben, cada una, un subsidio del 2% del PIB por parte del gobierno. Además, en Estocolmo s hallan la Real Academia de Ciencias de Suecia y la Academia Real, quienes deciden cada año los premios Nobel.
Los subsidios para la vivienda, el desempleo y la tercera edad, son los más altos de Europa. Los programas de asistencia social y las políticas migratorias humanas y de calidad, hacen de Suecia un destino atractivo para quienes buscan una mejor calidad de vida, en todos los aspectos.
Acapulco, por su parte, es también un “paraíso”, según, al menos, los desarrolladores inmobiliarios, los hoteleros, los especuladores y los dueños de Punta diamante. Situada en uno de los estados más pobres del país, es la única zona metropolitana del estado de Guerrero y concentra la mayor parte de su población. Acapulco ha sido, desde la década de los cincuenta, un sitio cuya derrama económica ha dejado ingresos considerables al estado, mismos que no se han visto reflejados en el desarrollo del resto de sus municipios.  Ha sido también sede de foros internacionales sobre cambio climático, entre oros importantes eventos mundiales. La han elegido por su belleza natural,  su clima y su exclusiva zona hotelera, que es de las mejores del país.
La joya más codiciada del estado, ha sido imán para muchos de los constructores y desarrolladores urbanos del país y extranjeros, quienes han hallado ahí todas las facilidades para llevar a cabo sus ambiciosos proyectos, auspiciados por gobernantes corruptos que se han visto beneficiados y a costa del empobrecimiento y la marginación de los más vulnerables. Pero no sólo han relegado y excluido a los más pobres, sino que se han aprovechado de su situación, para explotarlos en aras del desarrollo urbano de Acapulco y han abusado de su condición, para “facilitarles” viviendas “dignas” en los lugares más vulnerables de la ciudad, exponiéndolos a tragedias como la que acaba de ocurrir y en la cual muchos de ellos perdieron todo su patrimonio.
¿Por qué son tan diferentes estos “paraísos”? ¿Qué hay detrás de la estabilidad y el desarrollo social de uno y la desigualdad y la marginalidad de otro? ¿Cuáles son las condiciones que permiten que una de estas ciudades progrese sólo para unos cuantos y en otra el progreso sea uniforme? Son factores que no tienen que ver mucho con los fenómenos naturales y sí con la ilegalidad y con la corrupción.  Acapulco es el ejemplo perfecto de cómo se construye una ciudad al margen de la ley. Estocolmo, de cómo se planea el urbanismo y de cómo se distribuye la calidad de vida equitativamente. Estocolmo es una ciudad amigable con su entorno, Acapulco, un muladar y un ejemplo de ecocidio atroz por la cantidad de basura arrojada cada día al mar. Acapulco, el vivo ejemplo del “progreso” en aras de reproducir las condiciones de pobreza de miles; Estocolmo, el vivo ejemplo de una ciudad que crece respetando y conservando la naturaleza, viviendo armónicamente con ella y facilitando a sus habitantes las condiciones para una vida digna, en todos los aspectos.
Estocolmo es el claro ejemplo de que modernidad y desarrollo sustentable son no sólo posibles, sino indispensables. Acapulco representa, en cambio, “el lado oscuro de la modernidad”, como lo llama José Luis Lezama, en su artículo aparecido en Reforma. No se debe culpar a la Naturaleza de que las condiciones de miseria y vulnerabilidad se reproduzcan en lugares como Acapulco. Se deba más bien señalar a los responsables de diseñar un modelo “exitoso” de desarrollo, que representa jugosas ganancias para unos, mientras que reproduce las condiciones de pobreza extrema de miles. Pero no sólo señalarlos, sino exigir, a quienes otorgan los permisos y las concesiones para que este modelo impere, que asuman su responsabilidad por el alto costo social que este modelo ha ocasionado y que cambien radicalmente la forma en que se concibe y se planea una ciudad. La corrupción mata. No sólo gente, sino otras especies naturales y vegetales. La corrupción acaba con el tejido social de ciudades, estados, zonas geográficas y países enteros. Acapulco es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando en un país impera la impunidad, la corrupción y la falta de justicia social. Y como siempre sucede, los más vulnerables, son los que menos tienen.
Teresa de Jesús padrón Benavides
Octubre de 2013

 
¿Qué tienen en común Estocolmo y Acapulco? Ambas ciudades son consideradas paradisíacas, cada una a su manera. Sin embargo, geográficamente, están separadas por miles de kilómetros y sus características demográficas y geográficas son disímiles. Ambas ciudades invitan a ver el mundo desde dos miradas diferentes.
Estocolmo es la ciudad más limpia de Europa, en términos de calidad del aire, del suelo y del agua. Situada entre los fiordos escandinavos, en la península escandinava, posee muchos de los más bellos paisajes naturales del planeta. Famosa por su bella arquitectura, sus parques, jardines y edificios, Estocolmo es considerada como “la Venecia del Norte”. Ha sido sede de los encuentros mundiales sobre cambio climático y justo hace una semana, del 23 al 27 de septiembre, se realizó allí el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, cuyo informe respecto del calentamiento global, es desalentador.
Estocolmo es uno de los 290 municipios de Suecia, y pertenece a la provincia de Estocolmo. Los 18 distritos en que se divide al país, cada uno con sus respectivos municipios, son autónomos y ostentan la responsabilidad de los programas de asistencia social, cultural y educativa dentro de sus territorios.  Es decir, el gobierno central no existe como tal. Existen en Suecia 7 partidos políticos, cuatro representantes y tres de oposición, algunos de los cuales con de izquierda. Sin embargo, el partido moderado es quien cuenta con más escaños.
Es una de las ciudades con más actividad cultural de Europa. El teatro nacional de Suecia  es considerado por muchos uno de los principales foros teatrales del mundo. La compañía nacional de ópera, los museos históricos como el Skansen, el Vasa o el del palacio real, son sólo algunos de los muchos centros culturales con que cuenta la ciudad. Suecia combina  a la perfección modernidad e historia y el respeto y conservación de los barrios antiguos de Estocolmo y otras ciudades, no ha impedido su desarrollo urbanístico, científico y tecnológico. Estocolmo es el centro de la actividad industrial y económica de Suecia, con 40% de la actividad del país.
En cuanto a educación se refiere, Suecia cuenta con tres de las universidades públicas más prestigiosas de Europa: el Instituto Karolinska, fundado en 1810, es una de las mejores universidades médicas del mundo; la universidad de Estocolmo y el real Instituto de Tecnología, ambos fundados en 1827, cuentan con programas de intercambio para estudiantes de todo el mundo y reciben, cada una, un subsidio del 2% del PIB por parte del gobierno. Además, en Estocolmo s hallan la Real Academia de Ciencias de Suecia y la Academia Real, quienes deciden cada año los premios Nobel.
Los subsidios para la vivienda, el desempleo y la tercera edad, son los más altos de Europa. Los programas de asistencia social y las políticas migratorias humanas y de calidad, hacen de Suecia un destino atractivo para quienes buscan una mejor calidad de vida, en todos los aspectos.
Acapulco, por su parte, es también un “paraíso”, según, al menos, los desarrolladores inmobiliarios, los hoteleros, los especuladores y los dueños de Punta diamante. Situada en uno de los estados más pobres del país, es la única zona metropolitana del estado de Guerrero y concentra la mayor parte de su población. Acapulco ha sido, desde la década de los cincuenta, un sitio cuya derrama económica ha dejado ingresos considerables al estado, mismos que no se han visto reflejados en el desarrollo del resto de sus municipios.  Ha sido también sede de foros internacionales sobre cambio climático, entre oros importantes eventos mundiales. La han elegido por su belleza natural,  su clima y su exclusiva zona hotelera, que es de las mejores del país.
La joya más codiciada del estado, ha sido imán para muchos de los constructores y desarrolladores urbanos del país y extranjeros, quienes han hallado ahí todas las facilidades para llevar a cabo sus ambiciosos proyectos, auspiciados por gobernantes corruptos que se han visto beneficiados y a costa del empobrecimiento y la marginación de los más vulnerables. Pero no sólo han relegado y excluido a los más pobres, sino que se han aprovechado de su situación, para explotarlos en aras del desarrollo urbano de Acapulco y han abusado de su condición, para “facilitarles” viviendas “dignas” en los lugares más vulnerables de la ciudad, exponiéndolos a tragedias como la que acaba de ocurrir y en la cual muchos de ellos perdieron todo su patrimonio.
¿Por qué son tan diferentes estos “paraísos”? ¿Qué hay detrás de la estabilidad y el desarrollo social de uno y la desigualdad y la marginalidad de otro? ¿Cuáles son las condiciones que permiten que una de estas ciudades progrese sólo para unos cuantos y en otra el progreso sea uniforme? Son factores que no tienen que ver mucho con los fenómenos naturales y sí con la ilegalidad y con la corrupción.  Acapulco es el ejemplo perfecto de cómo se construye una ciudad al margen de la ley. Estocolmo, de cómo se planea el urbanismo y de cómo se distribuye la calidad de vida equitativamente. Estocolmo es una ciudad amigable con su entorno, Acapulco, un muladar y un ejemplo de ecocidio atroz por la cantidad de basura arrojada cada día al mar. Acapulco, el vivo ejemplo del “progreso” en aras de reproducir las condiciones de pobreza de miles; Estocolmo, el vivo ejemplo de una ciudad que crece respetando y conservando la naturaleza, viviendo armónicamente con ella y facilitando a sus habitantes las condiciones para una vida digna, en todos los aspectos.
Estocolmo es el claro ejemplo de que modernidad y desarrollo sustentable son no sólo posibles, sino indispensables. Acapulco representa, en cambio, “el lado oscuro de la modernidad”, como lo llama José Luis Lezama, en su artículo aparecido en Reforma. No se debe culpar a la Naturaleza de que las condiciones de miseria y vulnerabilidad se reproduzcan en lugares como Acapulco. Se deba más bien señalar a los responsables de diseñar un modelo “exitoso” de desarrollo, que representa jugosas ganancias para unos, mientras que reproduce las condiciones de pobreza extrema de miles. Pero no sólo señalarlos, sino exigir, a quienes otorgan los permisos y las concesiones para que este modelo impere, que asuman su responsabilidad por el alto costo social que este modelo ha ocasionado y que cambien radicalmente la forma en que se concibe y se planea una ciudad. La corrupción mata. No sólo gente, sino otras especies naturales y vegetales. La corrupción acaba con el tejido social de ciudades, estados, zonas geográficas y países enteros. Acapulco es sólo un ejemplo de lo que ocurre cuando en un país impera la impunidad, la corrupción y la falta de justicia social. Y como siempre sucede, los más vulnerables, son los que menos tienen.
Teresa de Jesús padrón Benavides
Octubre de 2013


sábado, 14 de septiembre de 2013

Toneladas de soledad



“Rasga la piel de cualquier persona y hallarás tristeza, frustración, infelicidad y soledad.”
Abraham Joshua Heschel
La película pudiera ser perfectamente olvidable, especialmente para quienes prefieren las escenas de acción, o de aventuras, o de pasión desbordada. Sin embargo, para quien disfruta de las historias simples y que descubre que son ésas, justamente, las que se irán al flujo de nuestra memoria para siempre, esta resultará una de las más entrañables[1].
La primera escena muestra una camioneta blanca estacionada en medio de un vasto paisaje desértico y de la cual bajan ocho hombres vestidos con uniformes militares azules y llevando consigo instrumentos musicales. Son los integrantes de la banda de la policía de Alejandría, Egipto. Han sido invitados a Israel para tocar en el concierto inaugural de un centro cultural árabe en aquel país. Por un malentendido han llegado al lugar equivocado, un pequeño pueblo olvidado en medio del desierto, en donde Dina, una hermosa mujer madura dueña de un pequeño restaurante, los acogerá y alimentará, rompiendo así un poco con la monotonía de su vida y del lugar.
Durante su breve estancia en el pueblo (pasarán ahí la noche y la mitad del día siguiente), convivirán con algunos de los lugareños, amigos cercanos de Dina, quienes acceden a hospedar a algunos de los músicos mientras que ella acoge en su casa al general y director de la orquesta y a otro de los músicos, un joven y apuesto trompetista con muchas ilusiones de viajar y conocer mundo.
Dina, deseosa de romper con el tedio de su vida, y también un poco atraída por el porte y la personalidad del general, lo invita a dar un paseo para “mostrarle los alrededores”, como ella dice. El general, renuente al principio, accede más por cortesía y agradecimiento que por entusiasmo. El joven trompetista, por su parte, irá en busca de un poco de acción con otro de los personajes, “papi”, un joven taciturno, medio idiota, al que conoció al mismo tiempo que a Dina al llegar al pueblo y con el chico malo del lugar, la novia de éste y una amiga suya, una joven también taciturna, triste, sombría y fea. Irán a la única discoteca del lugar, en donde el músico instruirá un poco a papi en el arte de la seducción, pues éste ha roto el corazón de la muchacha fea sin proponérselo, debido a su idiotez.
Mientras Dina y el general cenan y charlan en un café, ella lo acosa con preguntas respecto de su vida en Alejandría, una gran ciudad, llena de vida y de emoción y de lo que se siente estar frente a un público cantando y tocando música tradicional. A ella le parece que debe ser lo mejor del mundo. A la avidez de las preguntas de Dina, sin embargo, se oponen el hermetismo, la rigidez y la sobriedad de las respuestas del general, un hombre que raya en los sesenta años, viudo y con un pasado trágico.  Durante su charla, llegan al lugar un hombre con su esposa y su hijo. Es un ex amante de Dina, a quien ella saluda atrevidamente, como haciendo alarde de su nueva compañía.
En su camino de regreso a casa, hacen una parada en el único y diminuto parque del pueblo. Sentados en una banca, el general le cuenta del suicidio de su único hijo y de la profunda tristeza de su esposa, que él piensa que la llevó a la muerte. Él se siente culpable d ambas tragedias, pues cree haber sido muy duro con su hijo, quien era un ser “frágil y vulnerable”, como él lo describe. Dina, por su parte, le abre también un poco su alma al general y le confiesa algunos de sus errores pasados y de lo que lamenta no haber hecho. Una vez adentro, ella ofrece vino al general y al joven trompetista, quien ya está de vuelta en casa. El general se disculpa y se retira a descansar, a pesar de las evidentes insinuaciones de Dina, quien terminará por consolarse con el joven músico.
Mientras tanto, el resto de la banda pasará la noche en casa de otro amigo de Dina, “celebrando” el cumpleaños de su mujer, quien está a punto de abandonarlo a él y al bebé de ambos, pues le echa en cara no haber conseguido trabajo en más de un año, a pesar de saber de sobra que en aquel sitio no hay mucho qué hacer. Durante la cena, en la cual los miembros de la banda no dicen palabra alguna, pues no saben hebreo, es evidente la tensión entre el hombre y su mujer, por lo que ésta decide dar por terminada la reunión e irse para siempre.
El hombre se refugia en el cuarto de su hijito, quien duerme plácidamente en la cuna. Uno de los músicos, el clarinetista lo alcanza y toca un pedazo de lo que será, según él, un concierto. Al amigo de Dina le parece una pieza muy bella y así se lo dice al músico y también le pregunta cómo terminará, a lo que el músico responde que aún no lo sabe. Entonces el hombre le dice las palabras que resumen el tono de la película: “Tal vez así es como termina tu concierto… con un final ni triste ni feliz, en un cuarto pequeño de un bebé que duerme, en un pueblo en medio de la nada, rodeado de toneladas de soledad…” El hombre deja la habitación dejando solos al músico y al bebé, quien parece a punto de despertar. El músico enciende entonces la canción de cuna que pende de un móvil sobre su cabeza. Ese será la melodía con que cerrará su concierto.
Hay un personaje secundario, pero no menos importante, pues es una presencia constante en la película. Es otro “loco” del pueblo, quien espera pacientemente cada noche junto a la caseta de teléfono público la llamada de su novia. Noche tras noche, a la misma hora, el fiel amante aguarda el timbre del teléfono sin éxito. Casi al final, sin embargo, una de tantas noches, el teléfono timbra y detrás de éste se escucha la voz de su amada, a la cual él responde lleno de emoción y alegría. Ese sea tal vez el único hombre feliz de la historia, pues vive de la esperanza.
Al día siguiente, los músicos continúan su camino y llegan finalmente a Pet Hatikvá, su destino original. Dina sale a despedirlos, al igual que papi y el hombre abandonado, tal y como estaban cuando la banda llegó. Una vez en el lugar correcto, la banda comienza su actuación con una vieja canción tradicional árabe, que el general interpreta con el corazón. Atrás, las dulces notas del clarinete y la melodía del resto de los instrumentos, nos conmueven hasta el punto del llanto y nos recuerdan que las toneladas de soledad que cada uno cargamos sólo se aligeran por momentos, a través de encuentros fugaces con otros seres igual de solos que nosotros y que sólo se olvidan momentáneamente, a través de una melodía que fluya de lo más profundo del alma.

Teresa de Jesús Padrón Benavides




[1] La visita de la banda, de Eran Kolirin, Israel, 2007.




domingo, 14 de julio de 2013

Un descanso verdadero*


¿Dónde habremos de morir y cómo? Todos tenemos conciencia respecto de dónde nacimos y cuándo, más nadie sabe “el día ni la hora”, como dicen por ahí. Sin embargo, uno sí podría o sí debería poder elegir el lugar de su muerte, y de su última morada. Esa sería una única concesión que debería permitírsenos.
La historia comienza con unas imágenes que no prometen gran cosa pero que, si nos fijamos bien, son bastante sugestivas. Una fábrica de pan en el corazón de Jerusalén. Las hogazas de pan perfectamente simétricas desfilando por cada una de las líneas de producción en serie hasta la etapa final de su elaboración, nos hacen que casi olamos el pan recién horneado. El pan como alimento primigenio, el pan como símbolo del sustento por antonomasia. El pan como metáfora de la vida misma.
A primera vista, incluso después de los primeros minutos, no sabemos bien qué está pasando. El gerente de recursos humanos una panadería de prestigio en Jerusalén se ve en la imperiosa necesidad de indagar el caso de una de sus empleadas muertas recientemente. Al parecer de una inmigrante de Europa del Este (nunca sabemos a ciencia cierta de dónde), víctima de un atentado terrorista. La gerente general del negocio le pide al jefe de recursos humanos que lleve el cuerpo de la mujer de regreso a su lugar de origen para evitar el desprestigio de la empresa. A partir de ese momento, la vida de este hombre de mediana edad, casado, con una hija, y quien pareciera estar atrapado en la rutina y el tedio, dará un giro insospechado.
Tras una serie de vicisitudes por las que habrá de pasar para poder trasladar el cuerpo de la empleada difunta (a la que nunca conoció en persona) y de quien sabe sólo lo que le contó otro empleado de la panadería quien, al parecer, tuvo una relación afectiva con ella, el gerente de recursos humanos (jamás se nos dicen los nombres de los personajes), emprenderá la odisea de trasladar el cuerpo de la mujer desde Jerusalén hasta el corazón de las estepas ¿Rusas? ¿Ucranianas? Tampoco lo sabemos bien.
La fotografía de la película es espectacular. Las tomas a la ciudad vieja (Ir atica) de Jerusalén, con su distintivo Domo de la roca, desde las colinas; el barrio viejo, en donde viven la mayoría de los ortodoxos; el muro de los lamentos; el mercado viejo (shuk zaquén); la iglesia de la natividad, en fin, todos los elementos que hacen de Jerusalén lo que es, la ciudad santa de las tres grandes religiones monoteístas y cuna de la historia occidental. Todo este paisaje contrastará, más adelante, con la nieve, la neblina y los horizontes interminables de la Europa central.
Pero la fotografía será sólo el telón de fondo para narrar una historia que es, más que otra cosa, un viaje iniciático. Una peregrinación hacia dentro de sí mismo, del personaje principal. Este hombre como cualquiera de nosotros cuya vida aparentemente normal y trivial, hallará su sentido último en la satisfacción del deber cumplido, de la misión acabada.
Si bien es cierto que al principio él se niega a emprender tal misión (llevar un cuerpo desde Jerusalén hasta Europa central) para limpiar el honor de su empresa, indemnizando económicamente a la familia y dándoles sus condolencias, conforme transcurre la historia y él se va involucrando en las vidas de los deudos (el ex esposo de la mujer y el hijo adolescente de ambos), así como con las de otros personajes secundarios pero no menos importantes, centrará sus esfuerzos en cumplir con esa misión que se ha vuelto, para entonces, el centro de sus preocupaciones.
Por supuesto, no faltan las anécdotas al margen, salpicadas de comicidad y realizadas por personajes que contrastan con la seriedad del tema, pero todo eso es justamente lo que hace de la película una historia humana, cálida, cercana, entrañable. Como cuando, después de haber cargado el ataúd de la mujer a través de cientos de kilómetros de carretera nevada, en medio de la nada, deben pasar la noche en un búnquer construido en la Rusia de la guerra fría y después continuar su camino en un tanque de guerra en desuso, pues la furgoneta en que viajaban se averió.
Pero detalles al margen, lo que en realidad se narra en שליחותו של הממונה על משאבי אנוש
(El gerente de recursos humanos), es la transformación humana y espiritual de un hombre quien, a partir de esa encomienda, aparentemente burocrática y pragmática, descubre que el fin último de la vida de cada quién es el  “hacer lo correcto”. El concepto judío de la ética de la responsabilidad (Tikkun Olam), independientemente de si uno es laico o religioso, es lo que está detrás de esta historia.
Casi al término dela película, cuando finalmente el cuerpo de la mujer está siendo velado en su lugar de origen, la madre de ésta le dice al gerente de recursos humanos. “Gracias por lo que hizo. Pero mi hija odiaba este lugar y deseaba irse muy lejos de aquí. Ella debió ser enterrada en Jerusalén, la ciudad que ella escogió para vivir y para morir.” La última escena transcurre en el panteón donde se cava la fosa para la mujer, mientras se ve de nuevo el tanque ruso, llevando consigo de regreso el ataúd hacia su destino final, Jerusalén. Porque los muertos nada saben, pero los vivos sí sabemos acerca de ellos y es lo menos que podemos hacer para dignificar no su vida, pero sí su muerte.
*Tomo prestado el título de una novela de Amos Oz.

Teresa de Jesús Padrón Benavides