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sábado, 16 de agosto de 2014

Entrevista con Amos Oz para la radio sueca.


Mientras las tropas israelís comenzaban a retirarse de Gaza, la periodista sueca Anneli Rådestad, entrevistó a Amos Oz en su casa en Tel Aviv. Aquí la entrevista completa:
Traducción al español por Teresa Padrón Benavides
DELA: El escritor israelí Amos Oz es un activista por la paz quien cree en la necesidad de responder a la agresión. Oz pertenece al 95 por ciento de los judíos israelís que apoyaron una respuesta inicial de Israel ente las agresiones de Hamás. Sin embargo, como declaró para la radio sueca, la respuesta israelí fue desproporcionada.
Anneli Rådestad: Un poco antes de nuestra entrevista, pregunté a mis contactos de facebook si había algo que quisieran saber. Un amigo israelí se preguntaba por qué no entrevistar a un ciudadano israelí común y corriente, en vez de a un escritor. Según usted, ¿quién es un israelí común  y corriente?
Amos Oz: Yo no creo que exista tal cosa. Somos una nación de ocho millones de personas. Somos 8 millones de primeros ministros, 8 profetas y mesías. Cada individuo tiene su fórmula propia de “redención instantánea”.
AR: Por otro lado, usted ha sido calificado de izquierdista “sobrio” o pacifista “sobrio”, ¿qué significa eso?
AO: Significa que no soy lo suficientemente de izquierda para algunos israelís y demasiado de izquierda para otros.
AR: ¿Usted cómo se define a sí mismo?
AO: Como un activista por la paz que lo ha sido durante los últimos 50 años. Pero debo hacer una distinción muy clara entre los pacifistas europeos y los activistas israelís a favor de la paz, como yo.
Para los pacifistas europeos, para los pacifistas suecos, el peor mal es la guerra. Para mí no. Para mí el peor mal es la agresión, pues significa que algunas veces ésta deberá ser repelida usando la fuerza.
Tuve una pariente que sobrevivió a un campo de concentración nazi y siempre  les dijo a sus hijos “las personas que me rescataron del campo de exterminio nazi no eran precisamente pacifistas con pancartas y flores, sino soldados soviéticos con cascos y ametralladoras.” Esta es la razón por la que soy un activista por la paz, pero no un pacifista.
AR: Según las encuestas, el 95 por ciento de los judíos israelís han estado apoyando la guerra de Israel contra Hamás en Gaza. Usted pertenecía a este grupo, al menos inicialmente.
AO: No, yo no apoyaba esta guerra. Yo estaba a favor de una respuesta militar contra Hamás y su provocación con cohetes. La alternativa para Israel hubiese sido poner la otra mejilla, como Jesús predicaba a sus discípulos o desaparecer de una vez por todas, huir. Yo jamás apoyé una guerra de estas proporciones en Gaza.
AR: Ahora que las tropas israelís están comenzando a retirarse, ¿cree que se logró el objetivo militar?
AO: Yo creo que la respuesta israelí fue desproporcionada.
AR: ¿Hasta qué punto?
AO: No se lo puedo decir con exactitud pues aún desconozco todos los detallespero por todo lo que visto y escuchado de Gaza, la respuesta israelí fue mucho más lejos de lo que yo llamaría una respuesta limitada y proporcionada.
AR: ¿Qué habría sido suficiente para repeler la agresión de Hamás?
AO: Mi hija, la conferencista y escritora Fania Oz-Salzberg, les planteó la siguiente pregunta a los asistentes de una de sus ponencias: “¿Qué harían ustedes si su vecino de enfrente pusiera a su pequeño hijo en su regazo y comenzara a disparar su metralleta hacia la habitación donde duermen sus hijos?”
Bueno, yo no sé con certeza lo que haría, pero si mi vecino viviera en un edificio alto con muchos departamentos, no destruiría todo el edificio hasta dar con él.
 AR: La brecha entre israelís de izquierda, como usted, quienes apoyaron una respuesta moderada a las agresiones de Hamás, parece muy alejada de la del resto del mundo, ciertamente muchos suecos. ¿Qué es lo que el resto del mundo no entiende acerca de Hamás?
AO: Bueno, en la cláusula 7 de la carta fundacional de Hamás, la cual usted puede hallar en internet, dice claramente: “El profeta ordena a cada musulmán matar a todos los judíos alrededor del mundo, no sólo de Palestina”. La cláusula 2 dice que los judíos son los responsables de toda la maldad en el mundo: Ellos comenzaron la primera guerra mundial, ellos comenzaron la segunda guerra mundial, ellos controlan las Naciones Unidas y la economía del mundo.
Esto, me temo, lo desconoce la mayoría de la gente fuera de Medio Oriente.
AR: ¿Usted cree que hay algo que el mundo está entendiendo e Israel no?
AO: Yo veo la situación desde aquí, desde Israel y no desde Suecia. Yo no sé cómo los suecos, a título individual, vean a Medio Oriente, pero le puedo decir lo siguiente: los europeos suelen ver los conflictos internacionales en blanco y negro, de manera sesgada. Esto puede entenderse hasta cierto punto, pues en el siglo XX la mayoría de los conflictos bélicos fueron así, en blanco y negro. Fascismo y anti fascismo; colonialismo y anti colonialismo; Vietnam y Apartheid. El problema islámico israelí, no es en blanco y negro.
A veces me sorprende la gente educada de Europa, quienes desprecian el cine occidental hollywoodense, pero quienes, cuando se trata de Medio Oriente, deben despertar por la mañana sabiendo quiénes son los malos y quiénes los buenos, manifestarse a favor de los buenos firmar una petición contra los malos e irse a dormir por la noche satisfechos consigo mismos y  con la conciencia tranquila.
Todo lo que puedo decirle a esas personas es: queridos amigos, Israel y el mundo islámico no son en blanco y negro. Muchas veces en el pasado, me referí al conflicto Israelí – palestino como un choque trágico entre lo que está bien y lo que está vienen ambos lados. En estas últimas semanas, me refiero a este conflicto como una lucha entre lo que está mal y lo que está mal, en ambos lados.
AR: Siguiendo su entrevista para Deutsche Welle, hace algunas semanas, el profesor Rashid Khalidi, catedrático de la universidad de Columbia y ex diplomático palestino, escribió para el newyorker.com, desacreditando su pregunta “¿qué harían ustedes si su vecino...?  llamándola un pretexto para justificar la agresión israelí a Palestina. Según Khalidi, la guerra de Israel en Gaza no es en realidad contra Hamás. Se trata, más bien, como dijo el primer ministro Netanyahu al periódico The Times of Israel, “No debemos bajar la guardia en el control de la seguridad de esa zona.”
AO: Yo soy un gran oponente del primer ministro Netanyahu, pero no acepto una versión en blanco y negro de la tragedia en Medio Oriente. Para criticar las políticas de Netanyahu, no es necesario justificar el fundamentalismo islámico en donde se lapida a las mujeres en los mercados y plazas públicas por sospecha de adulterio o fornicación y en donde se corta las manos a los ladrones.
AR: ¿Ha sucedido esto en Gaza?
AO: Sí, sucede bajo el control de Hamás.
Esto no tiene nada que ver, sin embargo, con el hecho de que yo considere al de Netanyahu como uno de los peores gobiernos en la historia de Israel. Y créame que hemos tenido algunos malos gobiernos en el pasado.
Creo que Netanyahu dejó pasar una oportunidad hace unos meses, cuando John Kerry intentó iniciar un compromiso viable y razonable con el presidente palestino Abu Mazen de crear un estado palestino próspero y autónomo en la franja Oeste. Si eso ocurriera, no pasaría mucho tiempo antes de que la gente en Gaza derrotara a Hamás y se librara de ellos. Querrían unirse al partido con el resto de los palestinos. Querrían beneficiarse de la libertad y de un estado palestino libre. Esta es la forma de negociar con Gaza. Yo no creo que se pueda atrapar a cada “mosquito”. Pienso que primero debes secar el pantano, y el pantano, en este caso es la miseria, la pobreza, la desposesión, y la infelicidad en la que está sumergida Gaza y de la cual tanto los países árabes como Israel son culpables. Pero eso pertenece a la Historia.
AR: ¿Cómo se debe enfrentar a Hamás o a la Yijad islámica?
AO: Si yo fuese parte del gobierno israelí, haría la siguiente propuesta: Israel está dispuesto a levantar el sitio en Gaza, a abrir las fronteras, a ayudar en la recaudación de fondos para la reconstrucción, a proporcionar ayuda humanitaria. Esto, a cambio del desarme con misiles y cohetes lanzados a objetivos civiles en Israel. Si Hamás accede, esto sería el modelo adecuado y podríamos vivir como vecinos. Si Hamás no accede, entonces ya sabemos a quién le echará la culpa el resto del mudo.
AR: Siguiendo con la carta fundacional de Hamás, ¿Lo que usted propone no sería pedirle que renuncie a su razón de existir?
 AO: Sí. No soy muy optimista respecto de la respuesta de Hamás a tal propuesta, sin embargo, creo que el gobierno israelí debió haberla hecho hace meses.
AR: ¿Cree que haya alguien dentro del gobierno israelí dispuesto a hacer tal propuesta?
AO: No, no lo creo. Pero la naturaleza humana puede sorprendernos, incluso a nosotros mismos. Yo me gano la vida estudiando y escribiendo acerca de la naturaleza humana y he visto a los líderes más improbables hacer las cosas más increíbles.
¿Hubiera usted pensado que Charles de Gaulle habría sacado a Francia del Norte de África? ¿O que Anwar Sadat habría venido a Jerusalén a firmar la paz con Israel? ¿Quién habría pensado que Menachem Begin habría respondido devolviéndole a Egipto cada palmo del Sinaí? ¿Quién habría pensado que Ariel Sharon sacaría a Israel de la franja de Gaza hace 9 años? ¿Quién habría pensado que Gorbachev desmantelaría el bloque soviético? Si usted me pregunta quién es el líder israelí que haría lo que en lo más profundo de nuestro corazón sabemos que debe hacerse, no sabría qué responderle.  Tal vez él o ella aún no saben qué eso es lo que harán. Pero creo que él o ella ya están entre nosotros.
AR: He platicado con varios jóvenes palestinos e israelís, la siguiente generación de este conflicto. Lo que escucho es mucha desilusión, mucho miedo uno del otro e incluso racismo y odio.
AO: En tiempos de violencia, la gente de todas partes se vuelve más conflictiva, más extremista, más fanática o xenófoba. Es un presupuesto muy común en Europa que lo primero que debes hacer en un conflicto es reducir las hostilidades, reunir a las partes involucradas para que se conozcan y se “gusten”, que beban café juntos y se den cuenta de que no son demonios.  La historia nos ha demostrado que esto no funciona así, si no al contrario.
En tiempos de extrema violencia entre la gente, lo primero que hacen los políticos es firmar un tratado de paz con el ceño fruncido y a veces con malas intenciones y después, ocurre un enfriamiento gradual de las emociones. Esto puede llevar una generación o más. Así sucedió en Europa. Así y no de otra manera. Que la Jerusalén judía y la Ramalá palestina estén llenas de odio y racismo hoy en día, no es de sorprender. Yo estaba en Londres cuando las islas Malvinas y Londres estaba lleno de racismo, xenofobia y odio hacia Argentina, la cual la mayoría de los británicos ni siquiera podían ubicar en un mapa.
No debemos comenzar por gustarnos uno al otro. Eso no es lo primero. Lo primero es buscar y firmar un compromiso que haga llevadera la vida para israelís y palestinos y creo que tal solución es posible.
AR: Sin embargo, dos líderes de ambas naciones acaban de recibir el premio Nobel de la paz por la firma de tal compromiso y eso no ha disminuido el conflicto.
AO: Verá usted. Cuando miro la historia de Europa no puedo evitar pensar acerca de que le tomó a este continente más de 1000 años de derramamiento de sangre, odio, masacres y genocidios antes de llegar a gozar de una condición relativamente estable. Si os olvidamos de Ucrania y de los Balcanes, por supuesto. En Medio Oriente no nos tomará mil años.
No sé cuánto tiempo más nos llevará, pero nosotros, los israelís y los árabes, lo alcanzaremos antes que ustedes, los europeos y espero que sin tanto derramamiento de sangre. Así que antes de que los europeos comiencen a señalar con el dedo a árabes e israelís acusándoles de ser despiadados y sangrientos, deberían echar un vistazo a su propia historia y aceptar que los conflictos no se resuelven mágicamente de la noche a la mañana.
AR: Tal parece que habrá más sangre, efectivamente.
AO: Mire, es difícil ser un profeta en la tierra de los profetas. Yo creo que la mayoría de los israelís, de los judíos y la mayoría de los israelís árabes saben que en el fondo la única solución posible es la del doble estado con dos ciudades capitales en Jerusalén. También que debe haber una desmilitarización efectiva del estado palestino, la eliminación de los asentamientos israelís de territorio palestino, posiblemente la modificación de las fronteras y una coexistencia pacífica. No necesariamente un “romance”.
La mayoría de las personas en Israel y Palestina están convencidas de que esta es la única salida. Los líderes no apoyan esta solución y, si se me permite usar una metáfora que me va muy bien en estos días de mi convalecencia: el paciente, que son los israelís y los palestinos, esperan con angustia una cirugía, pero los médicos (el gobierno), son unos cobardes y tienen miedo operar.
AR: Para ser honestos, he conocido muy pocos palestinos a quienes les interese la solución del doble estado y francamente, pareciera como si el apoyo internacional a esta solución fuera en picada también.
AO: Bueno, permítame, en la más honorable tradición judía, contestar su pregunta con otra pregunta, ¿Cuál es la alternativa a la solución del doble estado?
Los judíos israelís no se irán a ninguna parte. No tienen a dónde ir. Y los palestinos lo saben. Los palestinos no se irán a ningún lado pues tampoco tienen a dónde irse. Y los israelís lo saben. No pueden vivir como una familia feliz porque no son una familia feliz. Son dos familias infelices. La única solución es partir la casa en dos pequeños departamentos.
Hace algunos años lo hicieron los checos y los eslovacos y de forma pacífica. No sé si se trató de un divorcio feliz, pero tuvo éxito y este es el modelo que debe aplicarse a Israel y Palestina, simplemente porque no hay otra alternative.
AR: Algunos grupos de extrema izquierda  en Israel aseguran que los que hemos estado viendo en Israel en las últimas semanas es un fascismo emergente y que ha llegado el tiempo de elegir entre si Israel debiera convertirse en un estado judío o en uno democrático, pues no puede ser ambos.
AO: No creo que debamos elegir entre un estado democrático y uno judío. Necesitamos la democracia. Un estado democrático por definición no puede ser judío, igual que no pueden ser judías una mesa o una silla. El estado es sólo el vehículo, el medio. Israel debe seguir siendo un estado con mayoría judía porque los judíos merecen ser mayoría en algún rincón del mundo al igual que los suecos merecen ser mayoría o los holandeses o los palestinos. L amanera de hacer esto es dividiendo la casa en dos apartamentos, con Jerusalén del oeste como capital judía y Jerusalén del este como capital palestina.
AR: ¿Qué le puede decir a una juventud desencantada? ¿Qué le dice a la siguiente generación de este conflicto?
AO: Lo mismo que les digo a mis hijos y a mis nietos y a cualquiera que quiera escucharme: Hay que buscar una solución, porque sí existe, en lo más profundo de nuestros corazones. Saben que hay una solución y saben que hay que tomarla, incluso si no quieren.
Un periodista que entrevistó al presidente Truman después de retirado, le preguntó: “¿Cuál es la naturaleza del liderazgo?” Truman le dio una magnífica respuesta: “Cuando estás al frente de La Casa Blanca, el único privilegio que tienes es el de estar en una posición que te permite convencer a la gente de hacer lo que saben bien que es su deber, pero que no quieren hacer.”
Es una gran respuesta, porque obligar a la gente a hacer las cosas, no es sinónimo de un buen liderazgo. Sobornar a la gente para que haga algo, tampoco es liderazgo, es corrupción. Liderazgo es convencer a la gente de hacer cosas que en el fondo de su corazón saben que deben hacer, pero que no quieren hacer.
Palestina e Israel están ansiosos de un liderazgo valiente y ambos necesitan este tipo de liderazgo simultáneamente.
AR: ¿Podemos esperar que ese liderazgo surja de los Estados Unidos o de la Unión Europea?
AO: Bueno, ambos podrían ayudar. Por ahora lo más importante es ayudar a Gaza. Ayudarla a reconstruirse e intentar aliviar en la medida de lo posible la calamidad humana que ha vivido en las últimas semanas. ¡Esto es urgente!
Los países árabes y también Israel deben contribuir en este proceso de reconstrucción. Pero, más que nadie, ustedes, los europeos. Ustedes, el mundo ilustrado. Ustedes deben hacer todo lo posible por ayudar a convencer a ambas partes del conflicto a aceptar la solución del doble estado, pues ambas partes se hallan inmensamente inseguras. Para ambos lados esta solución es dolorosa por razones distintas. Para los palestinos, ceder Jaffa o Haifa, será como una “amputación” histórica. Para los judíos israelís, ceder Hebrón o Jerusalén del Este, será también una amputación.
La contribución más útil que pueden hacer las personas, la opinión pública y los pacifistas alrededor del mundo es usar todos los medios a su alcance para animar a estas dos partes inseguras a ingresar en la sala de operaciones.
AR: ¿Cómo se puede incitar al gobierno israelí actual a volver a la mesa de negociaciones?
AO: Ofreciéndoles a ambos, Israel y Palestina, garantías fuertes de que si aceptan la oferta del doble estado, no se quedarán solos en caso de que uno de los dos no cumpla totalmente el acuerdo.
Hay una cosa que my pocos comprenden acerca de Israel. Los países escandinavos son una familia de naciones, el mundo árabe es una familia de naciones, el mundo de habla inglesa es una familia de naciones y también el mundo latino y loes Estados Unidos. Los judíos no tienen una familia. Nunca la han tenido, ni siquiera han tenido parientes cercanos, por lo cual son inmensamente inseguros, nerviosos y temerosos. En especial si consideramos que hace sólo menos de 80 años, los judíos fueron masacrados.
Debemos apoyar a Israel y a Palestina para alentarlas a hacer lo que ambas saben bien que deben hacer.
AR: ¿Cuál es su visión acerca del círculo vicioso de anti semitismo que hemos estado presenciando durante este conflicto?
AO: ¡Es aterrador! Hace 80 años mis padres descubrieron que Europa no era un lugar seguro para los judíos y se marcharon a Jerusalén, no por ser simpatizantes o militantes del sionismo, sino porque ningún otro país los quiso acoger. Cuando el anti semitismo en Polonia se volvió violento, a principios de los años 30, mi padre solicitó una visa a los Estados Unidos, a Francia, a algunos países escandinavos e incluso a Alemania, pero todos rechazaban a los judíos. El mundo lo olvida, pero nosotros no.
En los días de la persecución violenta a los judíos de Europa, la política de Canadá era que “Un judío era demasiado”; la de Suiza “ninguno es demasiado”; en los años treinta, Australia dijo que los australianos detestaban el anti semitismo, y que por eso no dejaban entrar a su país a los judíos, pues no querían “importarlo”.

Esto es parte de la genética israelí. No tenemos familia y no tenemos a dónde ir. Algunos individuos tal vez sí, pero todos juntos, como nación, no. El hecho de que legitimar las críticas hacia Israel refleje o haga eco del más salvaje anti semitismo medieval, es algo aterrador.
AR: Algunas personas hablan de una presión muy fuerte sobre Israel, desde boicots hasta sanciones de otro tipo si el gobierno no demuestra ningún interés en desmantelar los asentamientos en territorio palestino. ¿Qué piensa de eso?
AO: Creo que una cierta cantidad de presión debe ser ejercida sobre Israel pero no sólo sobre Israel, sino también sobre Palestina, para que acepte la solución que todo el mundo está esperando, la del doble estado. No es malo presionar para que esto suceda. Pero más importante que presionar, es animar y estimular a ambos pueblos a conseguirlo, pues ambas partes están temerosas respecto de lo que sucederá.
AR: 95 por ciento de los israelís apoyaron este verano la guerra en Gaza. Usted fue uno de los fundadores de “Shalom ajshav”, el movimiento israelí por la paz. Usted ha escrito y hablado sobre la paz por más de 50 años, ¿cree que las cosas van por buen camino?
AO: Es muy pronto para afirmarlo. En tiempos de problemas todo mundo se inclina hacia la derecha en la balanza política. Alrededor del mundo, la gente se inclina hacia la derecha cuando hay un conflicto. Lo vimos, por ejemplo, después del 11 de septiembre en Estados Unidos. La mayoría de la gente en el mundo nace como derechista, no izquierdistas. Uno se vuelve de izquierda como resultado de la educación, como resultado de vivir y haber sido criado en una sociedad pacífica.
Si usted observa a los niños pequeños, verá que no son para nada pacifistas. Sólo hay que observar a los niños jugando. Pueden ser crueles, egoístas, agresivos, violentos. Pueden sentir disgusto o repulsión por otro niño o niña que sea diferente, extraordinario o excepcional.  Yo no estoy muy impresionado con la naturaleza humana.
El llegar a ser tolerante, humanista, es el resultado de un trabajo arduo de parte de toda la sociedad, no sólo de los padres o los maestros. Lleva toda una época y requiere a un país entero educar a un ser humano. Y criar a un ser humano en tiempos de crisis, de violencia, de agresión y de odio, no es precisamente el ambiente más idóneo.
AR: ¡No lo ha sido por décadas! Después de la segunda intifada, tal parece que todo hubiera empeorado. La brecha entre israelís y palestinos, el odio, la agresión y la manera en la que se ven uno al otro.
AO: Soy consciente de ello y esto sólo refuerza mi idea de que la ocupación es un desastre para ambas partes. Los israelís y los palestinos no necesitan justo ahora compartir una cama nupcial, sino un divorcio justo y dejar que cada quien haga lo suyo.  Por el momento necesitan estar separados y después de unos años, reabrir sus fronteras. Después de algunos años, tal vez una economía compartida, un mercado común, luego tal vez una confederación, pero por ahora, sólo necesitan un divorcio.
AR: ¿Cual es el papel del arte y de la literatura en esta oscura realidad?
AO: Debo ser muy cuidadoso con mi respuesta, pues en el S.XX la literatura estuvo al servicio de los peores tiranos, pero se trataba de mala literatura. Yo creo que el buen arte y la buena literatura nos animan a imaginar al “otro”. Nos alienta a ponernos en la piel de cada uno y a imaginar cómo es su vida. Y esto es el principio de la empatía. Eso sucede con las buenas películas, por ejemplo. A veces puedes sentir empatía por personas que de otro modo ignorarías o despreciarías. Pero al leer acerca de ellas o verlas en una película, puedes sentir empatía con ellas.
AR: En el 2011, cuando salió a la luz la traducción al árabe de su novela “Una historia de amor y oscuridad”, usted envió una copia al líder palestino Marwan Barghouti, quien estaba en prisión, ¿por qué lo hizo?
AO: No lo hice por admiración a él, pues es mi enemigo. Lo hice porque élpodría llegar a ser un día el líder de los palestinos. Creí que el leer mi novela en árabe, podría hacer que Barghouti se pusiera en mi lugar o en mis zapatos. No para que estuviera de acuerdo conmigo, sino para que imaginara  mi vida, como me sucede a mí al leer a un autor árabe. Llegar a entendernos unos a otros a través d la literatura.
AR: ¿a qué escritores palestinos le gustaría recomendar?
AO: Hay un escritor libanés maravilloso que se llama Elías Khoury y un gran intelectual sirio palestino llamado Sari Neusseibeh[1], quien escribió un libro llamado “Hubo una vez un país: Una vida palestina.” Le recomendaría a la gente leer su libro y mi novela, para que entendieran la profundidad de la tragedia. .
AR: ¿recibió respuesta de Barghouti?
AO: No lo dejan escribir cartas desde la cárcel. Ni siquiera sé si le dieron el libro o no.
AR: Usted no quiere ser profeta, pero  ¿qué es lo que más se necesita ahora?
AO: Hacerse y responderse las grandes preguntas. Necesitamos hablar entre nosotros como lo hacen los doctores en la sala de emergencia. Más que preguntarnos quién tiene la culpa, preguntarnos ¿qué puedo hacer en este momento para detener el derramamiento de sangre? ¿Qué puedo hacer en este momento para reducir el dolor? ¿Qué puedo hacer, finalmente, para sanar las heridas?






[1] Filósofo, profesor y activista por los derechos humanos, es, junto con Amos Oz, uno de los autores más influyentes tanto en Israel como en Palestina.

sábado, 9 de agosto de 2014

¿Por qué preocuparse examinando el pasado?


Fania Oz-Salzberg y su padre, el novelista Amos Oz
Por Fania Oz Salzberg
Traducción del Inglés de Teresa Padrón
Es extremadamente difícil, sobre todo en estos días, ser una israelí políticamente moderada. Mientras comento y publico mis puntos de vista sobre Gaza en los periódicos y en las redes sociales, recibo una cantidad enorme de mensajes de odio tanto de simpatizantes de Israel como de Palestina de corrientes políticas de izquierda y de derecha.
Por más de diez años he estado escribiendo y hablando acerca del diálogo entre Europa e Israel, sobre todo en lo que respecta al contexto del conflicto israelí- palestino. He adquirido experiencia en distinguir entre las críticas a las políticas de Israel (que he aceptado, la mayoría de las veces) y la compasión por las víctimas inocentes del conflicto (la cual comparto con muchas personas), pero también me he topado muchas veces con un sentimiento “anti-israelí” severo, ignorante y generalizado que desemboca fácilmente en anti semitismo.
El actual conflicto en Gaza ha liberado a todos los demonios de sus botellas de nuevo. Los israelís amantes de la paz (que somos muchos), estamos atrapados entre Scylla y Caribdis. Permítanme mostrarles cómo está sucediendo esto en internet a través de comentarios a mis artículos y en mis cuentas de facebook y twitter.
Conforme las hostilidades se encrudecían, escribí que me lamentaba profundamente por todas las víctimas palestinas inocentes, especialmente por los niños, sin poner excusas, “peros” y sin hacer analogías con las víctimas del lado israelí. Mucha gente consideró auténtica mi postura. Muchos otros, árabes y europeos, me acusaron de derramar lágrimas de cocodrilo y dijeron que lo que los judíos están haciendo en Palestina se llama genocidio.
Los judíos, no los israelís. Los millones de judíos que viven fuera de Israel son tan inocentes como la población civil en Gaza. Sin embargo, ahora están siendo amenazados y atacados físicamente por ser judíos y, por lo tanto, culpables. Cualquier norteamericano o sirio puede camiar tranquilamente por las calles de París, Roma  o Berlín, a pesar de la matanza de miles de civiles por el ejército norteamericano en Irak o por las tropas de Bashar al Assad en Siria. Un judío usando kipá, ya no puede hacer eso. Si esto no es anti semitismo, ¿qué es? Genocidio. No una guerra sucia y mala. No una confrontación entre un ejército como cualquier otro defendiendo a la población civil de su país y una milicia terrorista disparando desde un asentamiento urbano pobre, desprotegido y sobre poblado.
No se equivoquen. Es verdad que el ejército israelí se ha excedido en el uso de su fuerza y ha matado a cientos de inocentes en su intento por dar en el blanco de las milicias de Hamás y de los misiles. Pero Hamás se ha asegurado de que sus militantes y sus misiles se hallen justamente en medio de la población civil. Esos desafortunados civiles no tienen refugios anti bombas (el dinero de la ayuda humanitaria internacional a Gaza se ha destinado a otros fines y los materiales para la reconstrucción se han usado para hacer túneles de ataque) y son forzados por Hamás a permanecer en sus casas aun cuando el ejército israelí los haya prevenido para que se fueran antes de atacar.
Estos son los hechos. Ciertamente una guerra sucia. Incluso las guerras justas ( y tengo motives para creer que Israel tuvo una razón de peso para responder al torrente de los cohetes lanzados por Hamás el mes pasado), se pueden tornar en guerras sucias. La justicia obtenida bélicamente, no asegura que todo será “miel sobre hojuelas”. Pero ciertamente esto no es un genocidio.
La fórmula judíos-genocidio se está volviendo más popular últimamente en los discursos de odio de algunos árabes y de algunos europeos, quienes se empeñan en borrar el recuerdo del Holocausto (tergiversado por muchos de ellos como un pretexto de Israel para invadir Gaza), y ha convertido a los judíos en “asesinos masivos”. Me gustaría pensar que ningún alemán aceptaría este pretexto para disminuir y erradicar el verdadero Holocausto, pero sé que algunos alemanes sí lo hacen.
Me pregunto si alguien en Gaza logró salir bien librado por oponerse a los ataques de Hamás a israelís inocentes. Me pregunto si alguien quedó sin castigo por expresar compasión por las docenas de niños israelís masacrados por bombarderos suicidas palestinos en los últimos diez años. No hay necesidad de preguntárselo: la respuesta es “No”. Cualquier ciudadano de Gaza que se oponga a los ataques a Israel o simplemente a cuestionar la legitimidad de esta guerra a la vista de la evidente calamidad en Gaza, es castigado por traidor. Hamás silencia a su propio pueblo con la ejecución.  Ser moderado, como apuntaba Aristóteles, no siempre significa estar exactamente en medio. La realidad es siempre asimétrica.

Para empezar, Hamás es mucho peor, como régimen, que cualquier gobierno que haya tenido Israel en su historia. Los militantes de Hamás y la Yihad islámica en Gaza son mucho más brutales, por tierra, que el ejército israelí. Rodean a sus “soldados” (las comillas son mías), con niños; almacenan su arsenal en escuelas y hospitales, incluyendo las instalaciones de instituciones como la UNRWA, (Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados) y amenazan y echan de ahí a los periodistas que se atrevan a reportar lo que está pasando. Deliberadamente, lanzan sus cohetes en jardines de niños y hospitales israelís. Si tuviesen el poderío de la fuerza aérea y de la artillería de Israel, la masacre a la población sería mucho peor que lo que estamos viendo en Gaza hoy. Cada vez que señalo estas verdades, algunos de los comentaristas las califican de propaganda israelí. Pero yo soy una proselitista terrible. Como miembro crítico de la sociedad civil, jamás acepto totalmente los reportes oficiales de mi gobierno y de mi ejército, pero la verdad es la verdad, no importa de qué fuente venga.
Debido a que el poderío de Hamás es demasiado débil, el sufrimiento de la población civil es también desproporcionado. Gaza es una zona de desastre. Israel es parcialmente responsable. Decir esto, y además agregar que Hamás es mucho más culpable, seguirá siendo cierto, independientemente de los negacionistas de ambos lados. Si Hamás y Hezbolá tuviesen el poderío y la estrategia militar de Israel, yo no estaría escribiendo esto. Estaría muerta. Aunque a algunos “pro-Palestina” no les importaría eso, de seguro.
Déjeme aclarar una cosa: Yo soy pro-Gaza. Le deseo la paz, la libertad y la prosperidad. Soy anti-Hamás, y  le deseo que se vaya al infierno. Ambos, Israel y Hamás han fallado miserablemente, hasta el día de hoy, en dos de sus misiones principales. Hamás ha fallado en su intento de matar niños israelís, mientras que Israel no ha fallado en su intento de no matar niños de Gaza.
Pero, ¿qué hay del encarcelamiento de palestinos en su triste, sobre poblada y maltrecha franja de tierra? Hace algunos años, publiqué un artículo en un periódico alemán usando la metáfora del vecino que se sienta en su balcón, con un bebé en el regazo y disparando hacia las recámaras de tus hijos, ¿Le devolverías los disparos? Sí, seguro que lo harías. Mi padre, Amos Oz, ha tomado prestada mi metáfora recientemente (nuestra familia se permite ese tipo de licencias), para describir la reciente oleada de violencia.
Mi artículo fue interceptado, tergiversado y atacado por los críticos de Israel. ¿Cómo podía referirme a los palestinos como “vecinos”, cuando en realidad eran prisioneros israelís? Como ocurre con frecuencia, las respuestas de odio ignoraron el resto de mi artículo, alegando que esta condición de “vecinos”, era claramente desproporcionada. Las lecturas sesgadas y los comentarios mal informados, son parte integral del sentimiento anti israelí y del anti semitismo actual. Los hechos históricos se olvidan fácilmente, para su conveniencia. Los matices no son parte de su juego.

Permítame insistir. La Historia (con mayúscula) y los matices son cruciales. Muchos de los 1,800,000 residentes de Gaza son refugiados de la guerra de 1948 y sus descendientes. La guerra la iniciaron los árabes, quienes rechazaron la resolución de las Naciones Unidas de dividir la tierra en dos estados, uno judío y uno palestino. Israel ganó, los palestinos huyeron y algunos fueron desalojados. Por muchos años, Egipto gobernó Gaza y no permitió a sus refugiados salir de ahí o reconstruir sus vidas. Desde 1967, Israel y Egipto comparten la responsabilidad de esta terrible situación. Pero Israel se retiró de la franja de Gaza en 2006, sólo para ver a Hamás hacerse con el poder y poniendo a Israel bajo una barrera de cohetes.
¿Por qué no quieren negociar la paz? Porque Hamás quiere destruir a Israel y ver muertos a todos los judíos. Su carta fundacional lo dice muy claro. También seamos justos, los gobiernos y el público israelí se han vuelto cada vez más de línea dura y han abandonado la esperanza de alcanzar un acuerdo de paz, incluso con el presidente moderado Mahmoud Abbas en la franja de Gaza.
Pero, ¿por qué molestarse examinando la Historia? Hoy, a los anti semitas enmascarados de “anti Israelís” o les interesa la Historia. Quieren hacer desaparecer el Holocausto y que los judíos sean culpables y permanezcan culpables. Esto es una nueva forma de anti semitismo, evidentemente, pues señala a Israel como un mega judío gigante y malo. Pero es también un anti semitismo añejo y atemporal, porque es meta histórico, apoyado más en la sicología que en los hechos. La religión, me temo, a menudo desempeña un papel irracional en esta historia. El conflicto Israel-Palestina jamás ha sido entre el Judaísmo y el Islam, sino entre territorio y soberanía. Hoy, los fanáticos islamistas han secuestrado la causa palestina, mientras que los fundamentalistas ortodoxos judíos insisten en asentarse en cada palmo de tierra de la Israel bíblica a expensas de los compromisos hechos. Algunos cristianos radicales han entrado a la disputa también, preconizando su ayuda incondicional a un bando u al otro, sin que esto ayude a nadie.

Es por esta razón que los ateos moderados como yo, necesitamos todo el apoyo que podamos obtener de parte de los musulmanes, cristianos y practicantes judíos  moderados. La línea divisoria en el actual conflicto no es lentre as tres religiones, sino entre ateos y creyentes. Se desarrolla (y esta vez tomo prestada una frase de mi padre), entre todos los fanáticos y todos los moderados. Así que, ¿para qué preocuparse por levantar una voz moderada, analizar de cerca la tragedia en ambos lados (incluyendo la incomparable tragedia en las calles de Gaza convertidas en ruinas) y apelar a eventos históricos, verdades cruciales, complejidades y matices?

Porque yo no creo que la mayoría de los europeos, o incluso la m ayoría de los árabes estén dispuestos a ser alimentados por mentiras y regados por el odio. Porque como una estudiosa de la Ilustración y como una política liberal creo que el diálogo racional emparejado con la compasión humana, vencerán al final. Porque como humanista israelí, judía y sionista que cree en la solución del doble estado, espero que la esperanza vencerá. Pero sólo si nosotros la ayudamos a vencer.


Fania Oz-Salzberg es una historiadora y ensayista israelí. Es profesora en la facultad de derecho de la Universidad de Haifa. Su último libro, Juden und Worte (Los judíos y las palabras), fue escrito junto a su padre, el novelista Amos Oz.

lunes, 28 de julio de 2014

Corazón en dos mitades



El sol de julio bañaba el pasillo del hospital y el brillo del piso recién pulido hacía que Amina entrecerrara los ojos mientras checaba su tarjeta de salida. Esa luz matinal bañándole el rostro le llenaba de una profunda nostalgia por los días en que ella y sus padres recogían del patio de su casa, en los altos del Golán, las granadas para el gulash de ramadán.
Camino a casa se detuvo como siempre a comprar el diario y los cigarros de su padre. ¡Shalom Tzipi! Saludó al tendero que le respondió de mala gana y le aventó con el diario, señalándole con su dedo índice, grueso y velludo, la fotografía de primera plana.  Amina miró la noticia de reojo, pero mientras hurgaba en su monedero buscando los 15 shkelim, su corazón latía cada vez con más fuerza. La ocupación había terminado y las fuerzas apostadas en la franja volvían a casa. Se sentó, pidió un café, encendió un cigarrillo y leyó con atención las páginas interiores. Después de 6 meses y medio de hostilidades, el conflicto había terminado. Era sólo cuestión de días para que se firmara la paz, la anhelada paz, la bendita paz.
Estiró el dinero a Tzipi y salió a toda prisa sin despedirse. El rechinido del portón despertó a su perro que salió a recibirla meneando el rabo. Recogió la correspondencia y oyó a su padre gritar exigiendo su café y su diario.  ¡Bóker tov, Aba, ¿ma shlomjá? Su padre no respondió y sólo estiró la mano para recoger la charola con las cosas. Volvió a la cocina y abrió apresuradamente la carta. Leyó con prisa línea por línea sin detenerse hasta legar a la parte que decía:
“Amina, ahabá sheli, te escribo con el corazón partido en dos mitades. Esto terminó. Volvemos a casa. No tuve que disparar un solo tiro. Mis manos están limpias y ansiosas por acariciar de nuevo tu carita hermosa. La guerra es el infierno. Nadie gana. Todos pierden. Gracias a Dios ha llegado la paz. Te compré un vestido azul con flores verdes, enormes. Shaira, la vendedora, me ha dicho que se llaman “Dhalias”, que en hebreo quiere decir “ramo de flores” y en árabe quiere decir, “esperanza”, como la esperanza de volver a estar juntos y para siempre, que es lo que me ha mantenido cuerdo todo este tiempo.
Por favor, ahabá sheli, espera un poco más. Casi puedo aspirar el fresco olor a gardenia de tu pelo negro que tanto amo.”
Tu Ari

Sus lágrimas habían caído en el café que se había enfriado y ahora tenía un sabor salubre. Pero esta vez eran lágrimas de alegría. Mientras preparaba el desayuno, le vino el recuerdo de aquella vieja canción que él cantaba con su guitarra en el bar Tel Keidar la noche en que se conocieron: “Kol ha leilot ba midbar, aní jolemet otí..”  (Todas las noches en el desierto sueño contigo) y una sonrisa iluminó su cara.
No había terminado su omelette cuando sonó la alarma anti aérea. Entró corriendo al cuarto de su padre, le ayudó a meterse bajo el cobertizo y ambos permanecieron ahí un buen rato. Cesaron los estallidos. Se incorporó y metió a su anciano padre de nuevo en la cama.
De vuelta en la cocina, encendió el televisor. Los rostros de varios soldados iban apareciendo encuadrados en la pantalla con sus respectivos nombres. El suyo no estaba entre los heridos. Cambió de canal y su corazón se detuvo uso instantes antes de emitir un grito sordo, amargo, como salido de las entrañas del desierto. El gritó apagó el ruido de las sirenas.
Alcanzó a reconocer su boina con el Maguén David que ella le había bordado. Su amplia sonrisa y los grandes ojos azules que ella tanto amaba y que ahora volvían a casa cerrados para siempre.”La guerra es el infierno. Nadie gana. Todos pierden”.

Teresa Padrón Benavides

México, D.F. Verano del 2014

viernes, 4 de julio de 2014

¿Quién puede contra Él?



“Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para arrepentirse.
¿Lo ha dicho Él y no lo hará? ¿Lo ha prometido y no lo cumplirá?”
Números 23:19

En el libro de Números, al inicio del capítulo 23, Balac, rey de los moabitas, está temeroso de los israelitas que se acercan a sus fronteras pues sabe que desde que el pueblo salió de su esclavitud en Egipto, han tenido que librar batallas contra otros reyes y los han derrotado, a pesar de que intentaron bordear sus países para  no dañar sus tierras, pues no pretendían conquistarlos, sino sólo usarlos como lugares de tránsito en su viaje de retorno a la Tierra Prometida.
Balac hace venir a un hechicero de Mesopotamia, Balaam, y lo instruye para que maldiga al pueblo de Israel con una anatema poderosa. Sin embargo, cuando Balaam está a punto de subir al montículo desde donde habrá de lanzar su maldición, sale un ángel de Dios a su encuentro e intenta impedir que vuelva con su rey. Más tarde, en un sueño, Dios mismo se aparece a Balaam y le dice que vuelva con Balac, y le diga estas palabras:   “¿Quién puede contar el polvo de Jacob, o numerar la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos, y sea mi fin como el suyo. 
 Entonces Balac dijo a Balaam, “¿Qué me has hecho? Te tomé para maldecir a mis enemigos, pero mira, ¡los has llenado de bendiciones!  Y él respondió y dijo: ¿No debo tener cuidado de hablar lo que el Señor pone en mi boca?” (Núm:23:10)  Y un poco más adelante: “Porque desde la cumbre de las peñas lo veo, y desde los montes lo observo. He aquí, es un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones.
A lo largo de la Historia, el pueblo de Israel ha sufrido persecución, abusos, despojo de su tierra y de sus pertenencias, humillaciones, insultos, vituperios. Ha sido víctima de los peores crímenes del hombre contra sus semejantes, como durante el Holocausto, en donde murieron más de 6 millones de judíos de todas las edades. ¿Por qué?  El Talmud y la Midrash, dos de los textos sagrados del judaísmo, nos hablan de la ocasión en que Dios ofreció la Torá (sus leyes, sus preceptos) a todos los pueblos de la tierra. Ninguno estuvo dispuesto a servir de ejemplo para el resto de las naciones, pues es una gran responsabilidad. Una carga muy pesada de llevar a cuestas. Sin embargo, los israelitas sí aceptaron, libre e incondicionalmente y decidieron, en un pacto sagrado con Dios, ser el pueblo que diera testimonio de su Gloria.
¿Por qué lo hicieron?  Intentaré explicarlo con una hermosa parábola del Maguid de Dubno, uno de nuestros más amados rabinos. Un comerciante fue una vez a un almacén mayorista para comprar prendas de vestir a crédito. El tendero se mostró más bien reservado y le mostró algunos de los artículos que ofrecía, pero no extrajo sus principales mercancías, y citó precios altos para todo lo que tenía en exhibición. Al final, el comerciante abandonó el almacén sin haber comprado nada. Poco después entró otro cliente y dijo que estaba dispuesto a pagar en efectivo. Esta vez el tendero extrajo lo mejor y más vendible de sus existencias y citó precios al por mayor razonables. Pronto se hizo una venta y el cliente se fue, bien satisfecho. Después de cerrarse la puerta del almacén, un aprendiz, que había observado los acontecimientos, preguntó a su patrón por qué había sido tan obviamente discriminatorio con el cliente que había querido hacer compras a crédito. Contestó el tendero: “¿viste al primer hombre? De una mirada yo podía decir que no era confiable y jamás habría saldado sus deudas. Tenía que ser cortés con el hombre, pero no estaba ansioso por hacer negocios con él y actué en consonancia. Ahora bien, el otro hombre, que siempre paga en efectivo lo que compra, es un viejo cliente, un caballero confiable a quien, de hecho, yo habría extendido crédito ilimitado si lo hubiera pedido. Naturalmente, me complace hacer negocios con una persona así e hice lo mejor que pude para satisfacerlo.”  El Supremo, dijo Rabí Iaacov, tenía la mercadería más preciosa de todas en oferta –la Santa Torá. Ahora bien, Él conocía de antemano cuál sería la actitud de las demás naciones. Estaban ansiosas por disfrutar de los placeres de este mundo a pleno, y por lo tanto a duras penas podían ser confiables de que observaran la Ley. En consecuencia, Di-s no estaba ansioso por que la tuvieran. No obstante, no deseó ser descortés, y por eso ofreció Su Torá a una nación pagana tras otra. Sin embargo, en cada caso, enfatizó aquel aspecto de la Torá que resultaría más difícil de aceptar a esa nación. Así, por ejemplo, cuando la presentó a los edomitas, les contó, ante todo, del Sexto Mandamiento, que prohíbe el asesinato, pues los hijos de Esaú habían hecho del homicidio una parte de su modo de vida. A los amonitas y moabitas, notorios por sus harenes, les mostró, ante todo, el Séptimo Mandamiento, que prohíbe el adulterio. Todas estas naciones habían demostrado a lo largo de su historia previa que serían incapaces de observar un Código de Leyes como el contenido en la Torá, y Di-s prefirió no dárselo a ellos, pues de las leyes de la Torá se espera que sean observadas, y no violadas. Los Hijos de Israel, sin embargo, habían probado desde sus albores su constancia y disposición por hacer cualquier cosa que dispusiera la voluntad de Dios. Por lo tanto, Di-s ansioso de que tuvieran Su Torá, les reveló toda la profunda sabiduría que Su Ley Eterna contenía.”

Hasta aquí la parábola del Maguid de Dubno. ¿Cuántas veces nos hemos preguntado qué es lo que mantiene unido al pueblo de Israel?  y sobre todo, ¿cómo han podido sobrevivir a tanta persecución y crueldad? ¿Cómo han logrado sobresalir en todas las áreas del conocimiento obteniendo tantos premios Nobel y otros reconocimientos? ¿Cómo una nación tan pequeña puede ser tan fuerte y tan próspera en todo lo que emprende? ¿Poseen acaso una fórmula “mágica” para ello? ¿Acaso recurren a la hechicería, a los anatemas o al vudú? No. Cuando los judíos del mundo se asumen como el “pueblo elegido”, no es porque consideren esto un privilegio, sino más bien, una gran responsabilidad, pues al aceptar la Torá, hacen un pacto de santidad con Dios y eso los convierte en ejemplo para el resto de las naciones. Y cuando uno sabe que ejerce influencia sobre los demás, debe cuidar muy bien sus caminos. Como un padre que instruye a sus hijos para ser buenas personas, predicando con el ejemplo, más que con las palabras.  Como dice el libro de Josué 1:8 “El Libro de esta Ley no se apartará de tu boca, sino que la estudiarás día y noche, para ser cuidadoso en actuar según todo lo escrito en él, pues entonces harás prosperar tus caminos, y tendrás éxito”.  (Las cursivas son mías).
No es fácil entender cómo el pueblo de Israel se mantiene vivo a lo largo de más de 4000 años de historia. Y no sólo vivo, sino fuerte, sólido y próspero. No es fácil entender cómo, a pesar de todo lo que otros han hecho por destruirlo, por miedo, ignorancia y envidia de su prosperidad, sigue en pie y sigue siendo ejemplo de constancia, de esfuerzo, de estudio, de amor por la vida y de temor de Dios. Es difícil entenderlo si no lo vemos a la luz de la Biblia y de sus enseñanzas. Si lo vemos a través del agua turbia de la historia y del tamiz de 2000 años de cristianismo.
Pero el texto bíblico es más que explícito: “El declara Su palabra a Jacob, Sus estatutos y ordenanzas a Israel. No lo hecho así con ninguna otra nación, y Sus ordenanzas no les ha dado a conocer”. (Salmo147)   Por eso es que Israel es un pueblo fuerte y una nación poderosa, pues Dios es su aliado. Muchos podrán argumentar en contra diciendo, ¿Y por qué Dios los abandonó durante el exterminio nazi? Dios jamás nos abandona. Somos nosotros, los hombres, quienes haciendo mal uso de nuestro libre albedrío, cometemos los peores crímenes contra Él. El nacionalsocialismo es sólo una de las tantas aberraciones que los hombres, presas del miedo y la ignorancia, han inventado para hallar culpables de su miseria, moral y económica y para justificar los actos más bajos y viles contra sus semejantes.
Sin embargo, como dice el hechicero Balaam al rey moabita, Balam: “Porque desde la cumbre de las peñas los veo y desde los montes los observo. He aquí que es un pueblo que mora aparte, y que no será contado entre las naciones, ¿Quién puede contar el polvo de Jacob o numerar la cuarta parte de Israel? Muera yo la muerte de los rectos y sea mi fin como el suyo.”
Ni los ejércitos más numerosos con las armas de destrucción masiva más poderosas, nada ni nadie pueden contra Dios y contra su bendición. Y los judíos del mundo, vivamos o no en la tierra de Israel, tenemos su bendición.
¡Shabat shalom!

Teresa de Jesús Padrón Benavides
Viernes, 6 de Tamuz, 5774