Mientras las tropas israelís comenzaban a retirarse
de Gaza, la periodista sueca Anneli Rådestad, entrevistó a Amos Oz en su casa
en Tel Aviv. Aquí la entrevista completa:
Traducción al
español por Teresa Padrón Benavides
DELA: El escritor israelí Amos Oz es un activista
por la paz quien cree en la necesidad de responder a la agresión. Oz pertenece
al 95 por ciento de los judíos israelís que apoyaron una respuesta inicial de
Israel ente las agresiones de Hamás. Sin embargo, como declaró para la radio
sueca, la respuesta israelí fue desproporcionada.
Anneli Rådestad: Un poco antes de
nuestra entrevista, pregunté a mis contactos de facebook si había algo que
quisieran saber. Un amigo israelí se preguntaba por qué no entrevistar a un
ciudadano israelí común y corriente, en vez de a un escritor. Según usted,
¿quién es un israelí común y corriente?
Amos Oz: Yo no creo que exista tal cosa. Somos una nación de ocho millones de
personas. Somos 8 millones de primeros ministros, 8 profetas y mesías. Cada
individuo tiene su fórmula propia de “redención instantánea”.
AR: Por otro lado,
usted ha sido calificado de izquierdista “sobrio” o pacifista “sobrio”, ¿qué
significa eso?
AO: Significa que no soy lo suficientemente de
izquierda para algunos israelís y demasiado de izquierda para otros.
AR: ¿Usted cómo se define a sí mismo?
AO: Como un activista por la paz que lo ha sido durante los últimos 50 años. Pero debo hacer
una distinción muy clara entre los pacifistas europeos y los activistas
israelís a favor de la paz, como yo.
Para los pacifistas europeos, para los pacifistas
suecos, el peor mal es la guerra. Para mí no. Para mí el peor mal es la
agresión, pues significa que algunas veces ésta deberá ser repelida usando la
fuerza.
Tuve una pariente que sobrevivió a un campo de
concentración nazi y siempre les dijo a
sus hijos “las personas que me rescataron del campo de exterminio nazi no eran
precisamente pacifistas con pancartas y flores, sino soldados soviéticos con
cascos y ametralladoras.” Esta es la razón por la que soy un activista por la
paz, pero no un pacifista.
AR: Según las encuestas, el 95 por ciento de los judíos israelís han estado
apoyando la guerra de Israel contra Hamás en Gaza. Usted pertenecía a este
grupo, al menos inicialmente.
AO: No, yo no apoyaba esta guerra. Yo estaba a
favor de una respuesta militar contra Hamás y su provocación con cohetes. La
alternativa para Israel hubiese sido poner la otra mejilla, como Jesús
predicaba a sus discípulos o desaparecer de una vez por todas, huir. Yo jamás
apoyé una guerra de estas proporciones en Gaza.
AR: Ahora que las tropas israelís están comenzando
a retirarse, ¿cree que se logró el objetivo militar?
AO: Yo creo que la respuesta israelí fue
desproporcionada.
AR: ¿Hasta qué punto?
AO: No se lo puedo decir con exactitud pues aún desconozco
todos los detallespero por todo lo que visto y escuchado de Gaza, la respuesta
israelí fue mucho más lejos de lo que yo llamaría una respuesta limitada y
proporcionada.
AR: ¿Qué habría sido suficiente para repeler la
agresión de Hamás?
AO: Mi hija, la conferencista y escritora Fania
Oz-Salzberg, les planteó la siguiente pregunta a los asistentes de una de sus
ponencias: “¿Qué harían ustedes si su vecino de enfrente pusiera a su pequeño
hijo en su regazo y comenzara a disparar su metralleta hacia la habitación
donde duermen sus hijos?”
Bueno, yo no sé con certeza lo que haría, pero si
mi vecino viviera en un edificio alto con muchos departamentos, no destruiría
todo el edificio hasta dar con él.
AR: La
brecha entre israelís de izquierda, como usted, quienes apoyaron una respuesta
moderada a las agresiones de Hamás, parece muy alejada de la del resto del
mundo, ciertamente muchos suecos. ¿Qué es lo que el resto del mundo no entiende
acerca de Hamás?
AO: Bueno, en la cláusula 7 de la carta fundacional
de Hamás, la cual usted puede hallar en internet, dice claramente: “El profeta
ordena a cada musulmán matar a todos los judíos alrededor del mundo, no sólo de
Palestina”. La cláusula 2 dice que los judíos son los responsables de toda la
maldad en el mundo: Ellos comenzaron la primera guerra mundial, ellos
comenzaron la segunda guerra mundial, ellos controlan las Naciones Unidas y la
economía del mundo.
Esto, me temo, lo desconoce la mayoría de la gente
fuera de Medio Oriente.
AR: ¿Usted cree que hay algo que el mundo está
entendiendo e Israel no?
AO: Yo
veo la situación desde aquí, desde Israel y no desde Suecia. Yo no sé cómo los
suecos, a título individual, vean a Medio Oriente, pero le puedo decir lo
siguiente: los europeos suelen ver los conflictos internacionales en blanco y
negro, de manera sesgada. Esto puede entenderse hasta cierto punto, pues en el
siglo XX la mayoría de los conflictos bélicos fueron así, en blanco y negro. Fascismo
y anti fascismo; colonialismo y anti colonialismo; Vietnam y Apartheid. El
problema islámico israelí, no es en blanco y negro.
A
veces me sorprende la gente educada de Europa, quienes desprecian el cine
occidental hollywoodense, pero quienes, cuando se trata de Medio Oriente, deben
despertar por la mañana sabiendo quiénes son los malos y quiénes los buenos, manifestarse
a favor de los buenos firmar una petición contra los malos e irse a dormir por
la noche satisfechos consigo mismos y
con la conciencia tranquila.
Todo
lo que puedo decirle a esas personas es: queridos amigos, Israel y el mundo
islámico no son en blanco y negro. Muchas veces en el pasado, me referí al
conflicto Israelí – palestino como un choque trágico entre lo que está bien y
lo que está vienen ambos lados. En estas últimas semanas, me refiero a este
conflicto como una lucha entre lo que está mal y lo que está mal, en ambos
lados.
AR:
Siguiendo su entrevista para Deutsche Welle, hace algunas semanas, el profesor
Rashid Khalidi, catedrático de la universidad de Columbia y ex diplomático
palestino, escribió para el newyorker.com, desacreditando su pregunta “¿qué
harían ustedes si su vecino...?
llamándola un pretexto para justificar la agresión israelí a Palestina.
Según Khalidi, la guerra de Israel en Gaza no es en realidad contra Hamás. Se
trata, más bien, como dijo el primer ministro Netanyahu al periódico The Times of Israel, “No debemos bajar
la guardia en el control de la seguridad de esa zona.”
AO:
Yo soy un gran oponente del primer ministro Netanyahu, pero no acepto una
versión en blanco y negro de la tragedia en Medio Oriente. Para criticar las
políticas de Netanyahu, no es necesario justificar el fundamentalismo islámico
en donde se lapida a las mujeres en los mercados y plazas públicas por sospecha
de adulterio o fornicación y en donde se corta las manos a los ladrones.
AR: ¿Ha sucedido esto en Gaza?
AO: Sí, sucede bajo el control de Hamás.
Esto no tiene nada que ver, sin embargo, con el
hecho de que yo considere al de Netanyahu como uno de los peores gobiernos en
la historia de Israel. Y créame que hemos tenido algunos malos gobiernos en el
pasado.
Creo que Netanyahu dejó pasar una oportunidad hace
unos meses, cuando John Kerry intentó iniciar un compromiso viable y razonable
con el presidente palestino Abu Mazen de crear un estado palestino próspero y
autónomo en la franja Oeste. Si eso ocurriera, no pasaría mucho tiempo antes de
que la gente en Gaza derrotara a Hamás y se librara de ellos. Querrían unirse
al partido con el resto de los palestinos. Querrían beneficiarse de la libertad
y de un estado palestino libre. Esta es la forma de negociar con Gaza. Yo no
creo que se pueda atrapar a cada “mosquito”. Pienso que primero debes secar el
pantano, y el pantano, en este caso es la miseria, la pobreza, la desposesión,
y la infelicidad en la que está sumergida Gaza y de la cual tanto los países
árabes como Israel son culpables. Pero eso pertenece a la Historia.
AR: ¿Cómo se debe enfrentar a Hamás o a la Yijad
islámica?
AO: Si yo fuese parte del gobierno israelí, haría
la siguiente propuesta: Israel está dispuesto a levantar el sitio en Gaza, a
abrir las fronteras, a ayudar en la recaudación de fondos para la
reconstrucción, a proporcionar ayuda humanitaria. Esto, a cambio del desarme
con misiles y cohetes lanzados a objetivos civiles en Israel. Si Hamás accede,
esto sería el modelo adecuado y podríamos vivir como vecinos. Si Hamás no
accede, entonces ya sabemos a quién le echará la culpa el resto del mudo.
AR: Siguiendo con la carta fundacional de Hamás,
¿Lo que usted propone no sería pedirle que renuncie a su razón de existir?
AO: Sí. No
soy muy optimista respecto de la respuesta de Hamás a tal propuesta, sin
embargo, creo que el gobierno israelí debió haberla hecho hace meses.
AR: ¿Cree que haya alguien dentro del gobierno
israelí dispuesto a hacer tal propuesta?
AO: No, no lo creo. Pero
la naturaleza humana puede sorprendernos, incluso a nosotros mismos. Yo me gano
la vida estudiando y escribiendo acerca de la naturaleza humana y he visto a
los líderes más improbables hacer las cosas más increíbles.
¿Hubiera usted pensado que
Charles de Gaulle habría sacado a Francia del Norte de África? ¿O que Anwar
Sadat habría venido a Jerusalén a firmar la paz con Israel? ¿Quién habría
pensado que Menachem Begin habría respondido devolviéndole a Egipto cada palmo
del Sinaí? ¿Quién habría pensado que Ariel Sharon sacaría a Israel de la franja
de Gaza hace 9 años? ¿Quién habría pensado que Gorbachev desmantelaría el
bloque soviético? Si usted me pregunta quién es el líder israelí que haría lo
que en lo más profundo de nuestro corazón sabemos que debe hacerse, no sabría
qué responderle. Tal vez él o ella aún
no saben qué eso es lo que harán. Pero creo que él o ella ya están entre
nosotros.
AR: He platicado con varios jóvenes palestinos e
israelís, la siguiente generación de este conflicto. Lo que escucho es mucha
desilusión, mucho miedo uno del otro e incluso racismo y odio.
AO: En tiempos de violencia,
la gente de todas partes se vuelve más conflictiva, más extremista, más
fanática o xenófoba. Es un presupuesto muy común en Europa que lo primero que
debes hacer en un conflicto es reducir las hostilidades, reunir a las partes
involucradas para que se conozcan y se “gusten”, que beban café juntos y se den
cuenta de que no son demonios. La
historia nos ha demostrado que esto no funciona así, si no al contrario.
En tiempos de extrema
violencia entre la gente, lo primero que hacen los políticos es firmar un
tratado de paz con el ceño fruncido y a veces con malas intenciones y después,
ocurre un enfriamiento gradual de las emociones. Esto puede llevar una
generación o más. Así sucedió en Europa. Así y no de otra manera. Que la
Jerusalén judía y la Ramalá palestina estén llenas de odio y racismo hoy en
día, no es de sorprender. Yo estaba en Londres cuando las islas Malvinas y
Londres estaba lleno de racismo, xenofobia y odio hacia Argentina, la cual la
mayoría de los británicos ni siquiera podían ubicar en un mapa.
No debemos comenzar por
gustarnos uno al otro. Eso no es lo primero. Lo primero es buscar y firmar un
compromiso que haga llevadera la vida para israelís y palestinos y creo que tal
solución es posible.
AR: Sin embargo, dos líderes de ambas naciones
acaban de recibir el premio Nobel de la paz por la firma de tal compromiso y
eso no ha disminuido el conflicto.
AO: Verá usted. Cuando
miro la historia de Europa no puedo evitar pensar acerca de que le tomó a este
continente más de 1000 años de derramamiento de sangre, odio, masacres y
genocidios antes de llegar a gozar de una condición relativamente estable. Si
os olvidamos de Ucrania y de los Balcanes, por supuesto. En Medio Oriente no
nos tomará mil años.
No sé cuánto tiempo más nos
llevará, pero nosotros, los israelís y los árabes, lo alcanzaremos antes que
ustedes, los europeos y espero que sin tanto derramamiento de sangre. Así que
antes de que los europeos comiencen a señalar con el dedo a árabes e israelís
acusándoles de ser despiadados y sangrientos, deberían echar un vistazo a su
propia historia y aceptar que los conflictos no se resuelven mágicamente de la
noche a la mañana.
AR: Tal parece que habrá más sangre, efectivamente.
AO: Mire, es difícil ser un profeta en la tierra de
los profetas. Yo creo que la mayoría de los israelís, de los judíos y la
mayoría de los israelís árabes saben que en el fondo la única solución posible
es la del doble estado con dos ciudades capitales en Jerusalén. También que
debe haber una desmilitarización efectiva del estado palestino, la eliminación
de los asentamientos israelís de territorio palestino, posiblemente la
modificación de las fronteras y una coexistencia pacífica. No necesariamente un
“romance”.
La mayoría de las personas en Israel y Palestina
están convencidas de que esta es la única salida. Los líderes no apoyan esta
solución y, si se me permite usar una metáfora que me va muy bien en estos días
de mi convalecencia: el paciente, que son los israelís y los palestinos,
esperan con angustia una cirugía, pero los médicos (el gobierno), son unos cobardes
y tienen miedo operar.
AR: Para ser honestos, he conocido muy pocos
palestinos a quienes les interese la solución del doble estado y francamente,
pareciera como si el apoyo internacional a esta solución fuera en picada
también.
AO: Bueno, permítame, en la más honorable tradición
judía, contestar su pregunta con otra pregunta, ¿Cuál es la alternativa a la
solución del doble estado?
Los judíos israelís no se irán a ninguna parte. No
tienen a dónde ir. Y los palestinos lo saben. Los palestinos no se irán a
ningún lado pues tampoco tienen a dónde irse. Y los israelís lo saben. No
pueden vivir como una familia feliz porque no son una familia feliz. Son dos
familias infelices. La única solución es partir la casa en dos pequeños
departamentos.
Hace algunos años lo hicieron los checos y los
eslovacos y de forma pacífica. No sé si se trató de un divorcio feliz, pero
tuvo éxito y este es el modelo que debe aplicarse a Israel y Palestina, simplemente
porque no hay otra alternative.
AR: Algunos grupos de extrema izquierda en Israel aseguran que los que hemos estado
viendo en Israel en las últimas semanas es un fascismo emergente y que ha
llegado el tiempo de elegir entre si Israel debiera convertirse en un estado
judío o en uno democrático, pues no puede ser ambos.
AO: No creo que debamos elegir
entre un estado democrático y uno judío. Necesitamos la democracia. Un estado democrático
por definición no puede ser judío, igual que no pueden ser judías una mesa o
una silla. El estado es sólo el vehículo, el medio. Israel debe seguir siendo
un estado con mayoría judía porque los judíos merecen ser mayoría en algún
rincón del mundo al igual que los suecos merecen ser mayoría o los holandeses o
los palestinos. L amanera de hacer esto es dividiendo la casa en dos
apartamentos, con Jerusalén del oeste como capital judía y Jerusalén del este
como capital palestina.
AR: ¿Qué le puede decir a una juventud
desencantada? ¿Qué le dice a la siguiente generación de este conflicto?
AO: Lo mismo que les digo a mis hijos y a mis
nietos y a cualquiera que quiera escucharme: Hay que buscar una solución,
porque sí existe, en lo más profundo de nuestros corazones. Saben que hay una
solución y saben que hay que tomarla, incluso si no quieren.
Un periodista que entrevistó al presidente Truman
después de retirado, le preguntó: “¿Cuál es la naturaleza del liderazgo?”
Truman le dio una magnífica respuesta: “Cuando estás al frente de La Casa Blanca,
el único privilegio que tienes es el de estar en una posición que te permite
convencer a la gente de hacer lo que saben bien que es su deber, pero que no
quieren hacer.”
Es una gran respuesta, porque obligar a la gente a
hacer las cosas, no es sinónimo de un buen liderazgo. Sobornar a la gente para
que haga algo, tampoco es liderazgo, es corrupción. Liderazgo es convencer a la
gente de hacer cosas que en el fondo de su corazón saben que deben hacer, pero
que no quieren hacer.
Palestina e Israel están ansiosos de un liderazgo
valiente y ambos necesitan este tipo de liderazgo simultáneamente.
AR: ¿Podemos esperar que ese liderazgo surja de los
Estados Unidos o de la Unión Europea?
AO: Bueno, ambos podrían ayudar. Por ahora lo más
importante es ayudar a Gaza. Ayudarla a reconstruirse e intentar aliviar en la
medida de lo posible la calamidad humana que ha vivido en las últimas semanas.
¡Esto es urgente!
Los países árabes y también Israel deben contribuir
en este proceso de reconstrucción. Pero, más que nadie, ustedes, los europeos.
Ustedes, el mundo ilustrado. Ustedes deben hacer todo lo posible por ayudar a
convencer a ambas partes del conflicto a aceptar la solución del doble estado,
pues ambas partes se hallan inmensamente inseguras. Para ambos lados esta
solución es dolorosa por razones distintas. Para los palestinos, ceder Jaffa o
Haifa, será como una “amputación” histórica. Para los judíos israelís, ceder
Hebrón o Jerusalén del Este, será también una amputación.
La contribución más útil que pueden hacer las
personas, la opinión pública y los pacifistas alrededor del mundo es usar todos
los medios a su alcance para animar a estas dos partes inseguras a ingresar en
la sala de operaciones.
AR: ¿Cómo se puede incitar al gobierno israelí
actual a volver a la mesa de negociaciones?
AO: Ofreciéndoles a ambos, Israel y Palestina,
garantías fuertes de que si aceptan la oferta del doble estado, no se quedarán
solos en caso de que uno de los dos no cumpla totalmente el acuerdo.
Hay una cosa que my pocos comprenden acerca de
Israel. Los países escandinavos son una familia de naciones, el mundo árabe es
una familia de naciones, el mundo de habla inglesa es una familia de naciones y
también el mundo latino y loes Estados Unidos. Los judíos no tienen una
familia. Nunca la han tenido, ni siquiera han tenido parientes cercanos, por lo
cual son inmensamente inseguros, nerviosos y temerosos. En especial si
consideramos que hace sólo menos de 80 años, los judíos fueron masacrados.
Debemos apoyar a Israel y a Palestina para
alentarlas a hacer lo que ambas saben bien que deben hacer.
AR: ¿Cuál es su visión acerca del círculo vicioso
de anti semitismo que hemos estado presenciando durante este conflicto?
AO: ¡Es aterrador! Hace 80
años mis padres descubrieron que Europa no era un lugar seguro para los judíos
y se marcharon a Jerusalén, no por ser simpatizantes o militantes del sionismo,
sino porque ningún otro país los quiso acoger. Cuando el anti semitismo en
Polonia se volvió violento, a principios de los años 30, mi padre solicitó una
visa a los Estados Unidos, a Francia, a algunos países escandinavos e incluso a
Alemania, pero todos rechazaban a los judíos. El mundo lo olvida, pero nosotros
no.
En los días de la persecución
violenta a los judíos de Europa, la política de Canadá era que “Un judío era
demasiado”; la de Suiza “ninguno es demasiado”; en los años treinta, Australia
dijo que los australianos detestaban el anti semitismo, y que por eso no
dejaban entrar a su país a los judíos, pues no querían “importarlo”.
Esto es parte de la genética israelí. No tenemos
familia y no tenemos a dónde ir. Algunos individuos tal vez sí, pero todos
juntos, como nación, no. El hecho de que legitimar las críticas hacia Israel
refleje o haga eco del más salvaje anti semitismo medieval, es algo aterrador.
AR: Algunas personas hablan de una presión muy
fuerte sobre Israel, desde boicots hasta sanciones de otro tipo si el gobierno
no demuestra ningún interés en desmantelar los asentamientos en territorio
palestino. ¿Qué piensa de eso?
AO: Creo que una cierta
cantidad de presión debe ser ejercida sobre Israel pero no sólo sobre Israel,
sino también sobre Palestina, para que acepte la solución que todo el mundo
está esperando, la del doble estado. No es malo presionar para que esto suceda.
Pero más importante que presionar, es animar y estimular a ambos pueblos a
conseguirlo, pues ambas partes están temerosas respecto de lo que sucederá.
AR: 95 por ciento de los israelís apoyaron este
verano la guerra en Gaza. Usted fue uno de los fundadores de “Shalom ajshav”,
el movimiento israelí por la paz. Usted ha escrito y hablado sobre la paz por
más de 50 años, ¿cree que las cosas van por buen camino?
AO: Es muy pronto para afirmarlo. En tiempos de
problemas todo mundo se inclina hacia la derecha en la balanza política.
Alrededor del mundo, la gente se inclina hacia la derecha cuando hay un
conflicto. Lo vimos, por ejemplo, después del 11 de septiembre en Estados
Unidos. La mayoría de la gente en el mundo nace como derechista, no
izquierdistas. Uno se vuelve de izquierda como resultado de la educación, como
resultado de vivir y haber sido criado en una sociedad pacífica.
Si usted observa a los niños pequeños, verá que no
son para nada pacifistas. Sólo hay que observar a los niños jugando. Pueden ser
crueles, egoístas, agresivos, violentos. Pueden sentir disgusto o repulsión por
otro niño o niña que sea diferente, extraordinario o excepcional. Yo no estoy muy impresionado con la
naturaleza humana.
El llegar a ser tolerante, humanista, es el
resultado de un trabajo arduo de parte de toda la sociedad, no sólo de los
padres o los maestros. Lleva toda una época y requiere a un país entero educar
a un ser humano. Y criar a un ser humano en tiempos de crisis, de violencia, de
agresión y de odio, no es precisamente el ambiente más idóneo.
AR: ¡No lo ha sido por décadas! Después de la
segunda intifada, tal parece que todo hubiera empeorado. La brecha entre
israelís y palestinos, el odio, la agresión y la manera en la que se ven uno al
otro.
AO: Soy consciente de ello y
esto sólo refuerza mi idea de que la ocupación es un desastre para ambas
partes. Los israelís y los palestinos no necesitan justo ahora compartir una
cama nupcial, sino un divorcio justo y dejar que cada quien haga lo suyo. Por el momento necesitan estar separados y
después de unos años, reabrir sus fronteras. Después de algunos años, tal vez
una economía compartida, un mercado común, luego tal vez una confederación,
pero por ahora, sólo necesitan un divorcio.
AR: ¿Cual es el papel del arte y de la literatura
en esta oscura realidad?
AO: Debo ser muy cuidadoso con mi respuesta, pues
en el S.XX la literatura estuvo al servicio de los peores tiranos, pero se
trataba de mala literatura. Yo creo que el buen arte y la buena literatura nos
animan a imaginar al “otro”. Nos alienta a ponernos en la piel de cada uno y a
imaginar cómo es su vida. Y esto es el principio de la empatía. Eso sucede con
las buenas películas, por ejemplo. A veces puedes sentir empatía por personas
que de otro modo ignorarías o despreciarías. Pero al leer acerca de ellas o verlas
en una película, puedes sentir empatía con ellas.
AR: En el 2011, cuando salió a la luz la traducción
al árabe de su novela “Una historia de amor y oscuridad”, usted envió una copia
al líder palestino Marwan Barghouti, quien estaba en prisión, ¿por qué lo hizo?
AO: No lo hice por admiración a él, pues es mi
enemigo. Lo hice porque élpodría llegar a ser un día el líder de los
palestinos. Creí que el leer mi novela en árabe, podría hacer que Barghouti se
pusiera en mi lugar o en mis zapatos. No para que estuviera de acuerdo conmigo,
sino para que imaginara mi vida, como me
sucede a mí al leer a un autor árabe. Llegar a entendernos unos a otros a
través d la literatura.
AR: ¿a qué escritores palestinos le gustaría
recomendar?
AO: Hay un escritor libanés
maravilloso que se llama Elías Khoury y un gran intelectual sirio palestino
llamado Sari Neusseibeh[1],
quien escribió un libro llamado “Hubo una vez un país: Una vida palestina.” Le
recomendaría a la gente leer su libro y mi novela, para que entendieran la
profundidad de la tragedia. .
AR: ¿recibió respuesta de Barghouti?
AO: No lo dejan escribir cartas desde la cárcel. Ni
siquiera sé si le dieron el libro o no.
AR: Usted no quiere ser profeta, pero ¿qué es lo que más se necesita ahora?
AO: Hacerse y responderse las grandes preguntas. Necesitamos
hablar entre nosotros como lo hacen los doctores en la sala de emergencia. Más
que preguntarnos quién tiene la culpa, preguntarnos ¿qué puedo hacer en este
momento para detener el derramamiento de sangre? ¿Qué puedo hacer en este
momento para reducir el dolor? ¿Qué puedo hacer, finalmente, para sanar las
heridas?
[1] Filósofo, profesor y
activista por los derechos humanos, es, junto con Amos Oz, uno de los autores
más influyentes tanto en Israel como en Palestina.



