La nobleza de un pueblo y su progreso moral pueden juzgarse
por el modo en que se trata a sus animales
Mahatma Gandhi
La vida, tal y como la conocemos, es un milagro y, como tal, es raro, improbable, admirable y maravilloso. Si no fuese porque estamos vivos, la existencia de un fenómeno tan extraordinario seguramente sería inconcebible para nosotros, los humanes.[1] Pero, ¿qué es la vida? Desde el punto de vista biológico, la vida es un estado de actividad de los organismos por el cual éstos crecen, se reproducen y se relacionan con el medio ambiente. Todos los organismos vivos estamos hechos de las mismas moléculas y funcionamos básicamente mediante los mismos procesos y nos ensamblamos conforme a las mismas instrucciones registradas en un código genético común. Todos los animales, incluido el hombre, reaccionamos ante los mismos estímulos (frío, calor, miedo, placer, etcétera) mediante receptores como los órganos de los sentidos (la piel, los ojos, los oídos, las fosas nasales, el paladar). Visto así, todos los seres vivos aparentemente compartimos un ancestro común y, por ende, estamos emparentados.
La palabra castellana animal deriva de la palabra latina ánima que significa “alma”. Lo primero que implica la idea de alma o ánima es “vida”, por eso a los seres sin vida los llamamos “inanimados”. También la palabra implica la posesión de sensaciones, sentimientos, ideas y emociones. A una persona que es cruel le decimos que es un “desalmado”, es decir, un ser sin alma (ánima). Con estas observaciones en mente, recordaré algunos cuantos ejemplos insignes de animales en la literatura y pasaré en una siguiente entrega al análisis ético de la “cuestión animal”.
A través de la historia, la relación amistosa y de trabajo entre hombres y animales ha sido plasmada en muchas de las joyas literarias occidentales. La Odisea de Homero, por ejemplo, relata el pasaje bellísimo en donde Odiseo regresa a Ítaca, terminada la Guerra de Troya y, puesto que la diosa que le era favorable lo había “disfrazado” de anciano para tomar por sorpresa a los pretendientes que consumían su hacienda, nadie lo reconoce, excepto Argos, su fiel compañero canino que, ya anciano, sólo esperó el regreso de su amo para expirar.
Otro gran ejemplo es la lealtad y fidelidad de Rocinante hacia Don Quijote, a pesar de las penurias que tenía que soportar junto con el caballero y de que muchos de los golpes inflingidos a su amo le tocaban a él también. Basta admirar cualquier reproducción pictórica de la famosa novela para contemplar el aspecto triste y desencajado tanto de Don Quijote como de su fiel caballo para comprender la magnitud de sus afectos mutuos. Son innumerables los cuentos, poemas, fábulas y novelas en que animales de todo tipo piensan, hablan y se comportan como personas y de manera divertida y didáctica nos sirven como espejo en que se reflejan nuestros vicios y virtudes.
Teniendo esto en mente, me gustaría formular al lector la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que nosotros, los humanes, es decir, los animales pensantes, podamos infligir tanto sufrimiento a los seres con quienes compartimos el planeta? Es alarmante ver lo que está ocurriendo en la Laguna del Náinari.con los miles de peces muertos y las tortugas abandonadas a su suerte. Las aves han emigrado y muchas no pueden volar largas distancias y seguramente morirán. ¿Quién o quiénes son responsables de salvaguardar el medio ambiente? ¡Nosotros! ¿Quién puede dormir tranquilo sabiendo del ecocidio que está ocurriendo en nuestra ciudad y que ocurre cada año, en época de lluvias, cuando se inunda el parque infantil y mueren muchos animales ahogados? ¿Quiénes no aman la vida, ni la suya propia? Quienes están TIRANDO agua regando los camellones a diario, quienes permiten que abunden los perros y gatos callejeros, quienes mandan talar los árboles despiadadamente, no se aman a sí mismos, se ven al espejo y no les gusta lo que ven y, entonces, DESTRUYEN en vez de construir.
Aquí, en el norte del país, le rendimos culto a la caza, en especial de venados. Muchas personas lucran con el “turismo ecológico” (¡qué poca vergüenza usar ese término!) Una verdadera masacre de venados cola blanca se lleva a cabo año con año en Sonora, con permisos otorgados por la SEMARNAT y con el pretexto de que “hay sobrepoblación”. También hay sobrepoblación de gente mala, ¿por qué no cazar unos cuantos? Y por si fuera poco, después, para demostrar su “hombría” y su bravura, cuelgan las cabezas de los pobres animales como trofeos a su “valentía”. ¿Eso es ser valiente? Valiente es quien arriesga su vida a favor de una causa noble, no quien mata con alevosía y ventaja a un ser indefenso.
Es verdaderamente denigrante y vergonzante ver las fotografías publicadas año con año de pescadores canadienses golpeando brutalmente y con saña con un tubo a las focas del ártico, so pretexto de que hay sobrepoblación y que éstas acaban con el salmón que ellos pescan. ¿Y por qué no sacrificarlas con un método menos cruel, como una inyección o una descarga eléctrica?
¿Qué me dicen de las corridas de toros o las peleas de gallos? Algunas personas aducen que este tipo de espectáculos son mucho más que derramamiento de sangre. Que la verdadera esencia es demostrar la “bravura” del animal, su casta, su “personalidad”. Que la “fiesta brava” es justo eso, una fiesta, en donde al toro se le trata con “dignidad” y “respeto” y se le da la “oportunidad” de demostrar su valor. Yo no estoy de acuerdo en lo absoluto. Pienso, más bien, que la dignidad y el respeto que los animales nos merecen estriba en nuestra capacidad de convivir con ellos y compartir con ellos el mundo en que vivimos. Que el hecho de servirnos de algunos de ellos como alimento, como “conejillos de indias” en el laboratorio o como ayuda en nuestro trabajo, no implique que debamos ultrajarlos y hacerlos sufrir innecesariamente. Recordemos que en la medida en que nos asumamos como parte del universo, adquiriremos conciencia de nuestra función en él, y en la medida en que nos asumamos como animales, no superiores, sino diferentes a los demás, comenzaremos a sensibilizarnos respecto del sufrimiento de éstos.
La ecología no sólo se encarga del cuidado de las plantas, sino de la biosfera en general. Pensemos en cuántos ecosistemas hemos dañado de manera definitiva y con ello, cuántas especies de animales están extintos, es decir, desaparecieron PARA SIEMPRE. No tenemos que ir muy lejos. La vaquita marina, una especie endémica (exclusiva) de nuestra región, está casi extinta debido a la pesca indiscriminada y al daño producido en su hábitat (el Mar de Cortés). La caguama, otra especie tan representativa del Golfo de California, también está a punto de la extinción por la violación a la veda y a su pesca y venta clandestinas.
Afortunadamente, siempre ha habido personas que han tratado con respeto a la naturaleza y han tratado con compasión e incluso con cariño a los animales. Existen en el mundo seres que no sólo se han consagrado en cuerpo y alma al cuidado y la protección de todo tipo de animales sino que, incluso han dado su vida por salvar delfines y ballenas, por ejemplo. De esas personas podemos decir que son animales verdaderamente nobles y dignos de vivir en este planeta y de disfrutar todo lo que de bello puede tener. No es coincidencia que estas personas sean, además, amantes de su todo su prójimo (parientes, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o de estudio) y que posean virtudes que parecieran también extintas en el ser humano como el amor, el respeto, la tolerancia y la humildad. Estos son los verdaderos héroes. Ellos y ellas son quienes sienten un profundo amor por la vida en todas sus formas, porque se consideran parte de ella, porque se aman a sí mismos tal y como son, sólo un eslabón más en la cadena evolutiva. Dios está de su lado. Ellos heredarán la Tierra.
Teresa de Jesús Padrón Benavides
[1] Término científico que utilizaremos aquí para referirnos al animal humano.




