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jueves, 15 de abril de 2021

Cuidar la casa común


 


Cuando era niña creía que el mundo se iba a terminar en el año 2000. Eso se escuchaba en todas partes. Yo no sabía bien qué significaba pero más o menos intuía que un gran cataclismo acabaría con toda forma de vida en la Tierra y sólo quedarían polvo y cenizas. Me daba mucha tristeza pensar en los animales y en los árboles, en el mar, en el bosque y en todo lo amaba entonces y sigo amando ahora. Curiosamente, no pensaba en la gente ni siqueira en mí. Sólo pensaba en la naturaleza y en lo hermosa que era y que sería destruida para siempre.

 

Los años pasaron y aunque claramente era visible el deterioro del medio ambiente, la vida continuó. Llegó el año “cero”. Cambio de siglo y de milenio y para mí la vida se renovó pues nació mi hijo. Sin embargo, el cambio climático ya era un tema recurrente, así como las energías renovables, el cuidado del agua, el reciclaje y la reutilización de los plásticos de un solo uso.

 

Fue entonces, a partir de la maternidad, que comencé a ser consciente de la gravedad del asunto. No quería que mi hijo creciera en un mundo cada vez más contaminado y a punto de colapsar. Combiné el uso de pañales de tela con desechables, empecé a recolectar el agua de la lavadora para usarla en la limpieza de la casa, apagaba las luces de los cuartos vacíos, y en cuanto al carro, no tuve hasta que él cumplió cinco años y porque era absolutamente necesario.

 

Sin embargo, todo parecía inutil. A dondquiera que volteaba, nadie parecía tener la más mínima preocupación al respecto. Centros comerciales infestados con gente comprando todo tipo de productos desechables, comiendo comida chatarra sin siquiera considerar su origen o su producción, basura acumulada por toneladas en las calles, uso excesivo de aerosoles y del automóvil, contaminación del aire, del agua y de la tierra.

 

Un profundo sentimiento de angustia e impotencia comenzó a invadirme a tal punto que estuve en tratamiento psiquiátrico por depresión y ansiedad. Afortunadamente y con ayuda de mi familia logré superarlo. Pero la angustia por el daño a la vida jamás me ha dejado. Y cuado imagino el fin del mundo es eso, una tierra baldía, yerma, sin vida.

 

Pero también el fin del mundo para mí significa el fin de la esperanza, de la confianza y de la fe. La esperanza en que el animal humano logrará, a través del conocimiento y de la ciencia, hallar la manera de preservar la vida en todas sus formas. La fe en que la humanidad logrará despertar de su letargo, de su ignorancia, de sacudirse el tedio y de salirse de su zona de comfort para ser parte de un cambio radical que incluya a todas las especies. La confianza en que, como individuos, aportarermos cada uno nuestras habilidades para salvar nuestra casa común.

 

Es decir, el fin del mundo para mí significa dejar de creer. Dejar de confiar en la razón y en los sentimientos. Y yo aún los conservo. Así que para mí el mundo no ha llegado a su fin. Pero tengo la certeza de que sólo en la medida en que nos transformemos desde dentro a nosotros mismos, podremos incidir en la transformación (para bien) del mundo.

 

Cada acción individual cuenta. Cada acto de compasión por la vida en general, provoca una reacción en cadena y toca a muchas personas. El mejor ejemplo lo damos con la manera en la que vivimos y nos relacionamos con los demás y eso incluye al medio ambiente y al resto de las especies animales y vegetales. Esa es la mejor herencia que podemos dejar a nuestra decendencia, a los que amamos. Un mundo mejor en todos los aspectos y eso no se compra ni se vende en los centros comerciales. Eso se forja con nuestra propia vida y la forma en que la vivimos.

 

Por eso creo que el mundo, la vida en general, aún puede salvarse. Pero no debemos delegar la responsabilidad ni en los políticos, ni en las instituciones, ni en alguien más. Debemos trabajar en nosotros mismos, analizar la forma en que vivimos, nuestros hábitos, nuestra conducta, nuestras aportaciones en beneficio o detrimento del medio ambiente.

 

Termino con una hermosa frase de Mahatma Gandhi: “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”.

 

Teresa de Jesús Padrón Benavides

Ciudad de México, abril del 2021

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